Un informe del Banco Mundial analiza datos reales de uso y revela qué anticiparon bien los estudios sobre IA, qué sectores lideran la adopción y por qué existe una brecha creciente entre países ricos y en desarrollo.
INFORME. Durante años, el debate sobre el impacto de la inteligencia artificial en el empleo estuvo dominado por proyecciones teóricas: qué trabajos podrían automatizarse, qué sectores serían más vulnerables y cómo cambiaría la productividad. Pero faltaba un dato clave: cómo se está utilizando realmente la IA en el mundo laboral. Un trabajo para el Banco Mundial: Gabriel Demombynes, economista líder especializado en desarrollo humano; Jörg Langbein, investigador enfocado en mercados laborales y tecnología; y Michael Weber, especialista en economía del trabajo y análisis de datos.
Un nuevo análisis publicado por el Banco Mundial intenta responder esa pregunta con información concreta. El estudio, titulado “De las predicciones a la práctica: lo que revelan sobre el futuro los datos de uso de IA”, compara las predicciones académicas sobre el impacto de la inteligencia artificial con datos reales de utilización provenientes de plataformas de IA generativa.
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El trabajo fue elaborado por tres economistas vinculados al Banco Mundial: Gabriel Demombynes, economista líder especializado en desarrollo humano; Jörg Langbein, investigador enfocado en mercados laborales y tecnología; y Michael Weber, especialista en economía del trabajo y análisis de datos. Los autores analizaron registros anónimos de uso del asistente de inteligencia artificial Claude, desarrollado por la empresa Anthropic, para entender cómo se utiliza la tecnología en distintas ocupaciones y países.
El resultado ofrece una primera radiografía empírica sobre qué predicciones sobre la IA se están cumpliendo y cuáles aún no.
Lo que sí se cumplió: las predicciones sobre los trabajos más expuestos
Uno de los principales hallazgos del informe es que los estudios previos sobre “exposición a la IA” resultaron sorprendentemente precisos.
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Durante años, los investigadores elaboraron índices que estimaban qué ocupaciones eran más susceptibles a ser transformadas por la inteligencia artificial. Estos índices —como el AI Occupational Exposure (AIOE)— evaluaban el grado en que las tareas de un empleo podían automatizarse o complementarse con IA.
Al comparar esas predicciones con los datos reales de uso, los autores encontraron una fuerte correlación:
- Los trabajos con alta exposición prevista muestran altos niveles de uso real de IA.
- Los empleos con baja exposición prácticamente no utilizan estas herramientas.
Es decir, las predicciones teóricas sobre qué sectores adoptarían primero la tecnología se están cumpliendo en gran medida.
Quiénes usan más inteligencia artificial

El estudio también confirma una tendencia clara: los profesionales tecnológicos lideran la adopción.
Los trabajadores del sector de tecnologías de la información y la comunicación (TIC) aparecen como los principales usuarios de herramientas de IA generativa. Esto se explica por varios factores:
- mayor acceso a infraestructura digital
- mayor familiaridad con herramientas tecnológicas
- beneficios inmediatos en productividad
Sin embargo, uno de los hallazgos más llamativos aparece en otro grupo profesional: los directivos y gerentes.
Aunque estos puestos tienen una alta exposición potencial a la IA —porque muchas de sus tareas incluyen análisis, redacción o toma de decisiones— su uso real de estas herramientas sigue siendo relativamente bajo.
Los autores sugieren varias posibles razones:
- preocupaciones por la privacidad de información empresarial
- falta de tiempo para experimentar con nuevas herramientas
- culturas organizacionales donde todavía no es habitual delegar tareas en sistemas de IA.
Este punto podría ser clave para entender cómo se expandirá la inteligencia artificial dentro de las empresas en los próximos años.
La gran brecha global de la inteligencia artificial
El informe también muestra que la adopción de la IA no está ocurriendo de manera uniforme en el mundo.
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Según los datos analizados, los países de ingresos altos utilizan inteligencia artificial cuatro veces más que los países de ingresos medianos cuando se ajusta el uso por población en edad de trabajar.
En el índice elaborado por Anthropic:
- los países ricos presentan un nivel de uso promedio 2,02 veces superior al esperado
- los países de ingresos medios y bajos están por debajo del promedio mundial
Esto sugiere la aparición de una nueva forma de brecha tecnológica global.
Además, la distribución del uso también cambia según el nivel de desarrollo económico.
En los países de ingresos medios, la utilización de IA está altamente concentrada en dos grupos profesionales:
- trabajadores de tecnologías de la información (48%)
- profesionales de la enseñanza (24%)
En conjunto, estos dos sectores representan casi tres cuartas partes del uso de inteligencia artificial en esos países.
En contraste, en las economías más desarrolladas la adopción está mucho más distribuida entre diferentes profesiones.
Lo que aún no ocurrió: la revolución total del empleo
Otra conclusión importante del informe es que la adopción de la inteligencia artificial sigue un patrón gradual, no explosivo.
Las nuevas herramientas están siendo adoptadas primero por trabajadores altamente capacitados y familiarizados con la tecnología, y luego se van difundiendo hacia otras ocupaciones.
Según los investigadores:
- en los países ricos, la difusión ya está avanzada
- en los países de ingresos medios recién comienza
- en los países de bajos ingresos apenas ha empezado
Esto contradice algunas de las predicciones más dramáticas que anticipaban una transformación inmediata y generalizada del mercado laboral.
El desafío para los países en desarrollo
Para el Banco Mundial, el dato más preocupante del análisis no es la automatización sino la desigualdad en la adopción tecnológica.
Los autores advierten que si las ganancias de productividad generadas por la inteligencia artificial se concentran en las economías avanzadas, los países en desarrollo podrían enfrentar varios riesgos:
- pérdida de competitividad en industrias intensivas en trabajo
- automatización en economías desarrolladas que reduzca la relocalización de producción
- debilitamiento de estrategias de crecimiento basadas en exportaciones
El problema es especialmente relevante desde el punto de vista demográfico: más de mil millones de jóvenes en países en desarrollo ingresarán al mercado laboral en la próxima década.
Del pronóstico a la evidencia
El estudio del Banco Mundial ofrece una de las primeras evidencias empíricas sobre cómo se está utilizando la inteligencia artificial en la economía real.
Su conclusión central es que muchas de las predicciones iniciales sí captaron correctamente dónde comenzaría la transformación tecnológica, pero también muestra que la velocidad y la distribución del cambio están lejos de ser uniformes.
En otras palabras, la revolución de la inteligencia artificial ya empezó, pero su impacto dependerá menos de la tecnología en sí misma que de las decisiones políticas, educativas y económicas que tomen los países en los próximos años.
