Martín Carranza es autor de Libertad y Justicia en tiempos de Inteligencia Artificial (Grupo Unión editores). Hablamos con él.
En un momento en que la inteligencia artificial irrumpe con fuerza en todos los ámbitos —desde las redes sociales hasta los tribunales—, el debate ya no gira solo en torno a su capacidad técnica, sino a su impacto en la libertad, la justicia y las relaciones humanas. ¿Estamos ante una herramienta que ampliará nuestras posibilidades o frente a un sistema que terminará condicionando nuestras decisiones y modos de vida?
Sobre estas tensiones reflexiona Martín Carranza en su libro Libertad y Justicia en tiempos de Inteligencia Artificial (Grupo Unión editores).
En esta entrevista, Carranza aborda sin alarmismos pero con firmeza los grandes interrogantes del presente: el temor a una IA que “piense” por sí misma, la proliferación de contenidos generados por bots, los riesgos de delegar funciones profesionales —como la práctica jurídica— en modelos automatizados y el futuro del sistema judicial ante el salto tecnológico. Con una mirada provocadora y optimista, sostiene que la inteligencia artificial no empobrecerá la experiencia humana, sino que puede revalorizarla, y que lejos de debilitar la abogacía y la justicia, podría llevarlas a una etapa de mayor productividad, conocimiento y abundancia.
– IA, ¿más libertad para todos o esclavos de sus servicios? Hay quienes dicen que en algún momento se puede controlar a sí misma y «pensar». Ya hay diálogo entre diferentes IA, por ejemplo. ¿Qué opina?
– Hay diálogos de IAs entre sí, pero son aburridísimas para la mayoría de los humanos. Incluso en redes sociales hay más contenidos generados con IA que por mano humana. Eso está transformando a las redes sociales en algo aburrido, triste, sin alma. Creo que la proliferación de agentes de IA, por mera aplicación de la teoría del valor subjetivo va a producir un fenómeno inverso al que la cátedra de izquierda dice temer: Los humanos vamos a valorar cada vez más las relaciones interpersonales. A medida que aumente la interacción con bots, que van a ser cada vez más abundantes y por lo tanto cada vez menos valoradas, las relaciones con personas humanas van a ir adquiriendo mas y mas valor.
Las experiencias humano-humano van a ser mucho mas ricas y edificantes. Vamos a revalorizar la inteligencia humana, la empatía, el carisma, la compasión, la alegría, el humor, la espontaneidad, las debilidades, las fortalezas, el amor. El amor como forma de manifestación humana. Que las máquinas se encarguen del resto, para eso están.
– Se ha descubierto y difundido que algunos abogados han depositado el 100% de su confianza en la IA para que fundamenten sus presentaciones, y ha fallado, ya que han cargado hasta jurisprudencia ficticia. ¿Ese riesgo es real, repetitivo, es una amenaza? ¿Cómo se resuelve?
– Irresponsables, audaces, ignorantes, ingenuos, etc. Hubo y habrá siempre, ese problema no es nuevo ni mucho menos atribuible a la IA. De todos modos las alucinaciones, como se llama a esos agujeros en los contenidos producidos con IA, ya son parte del pasado, los avances en los modelos de lenguaje y la enorme variedad de agentes de IA existentes, sumado a la enorme velocidad de mejora de los modelos de lenguaje hace que la situación se todavía más desafiante. Esta tecnología, una vez que sea adoptada masivamente (En unas horas nomás), va a revolucionar a la sociedad completa.
En lo que a la justicia se refiere, proyecto un sistema de enorme abundancia, abundancia de soluciones y de honorarios para los abogados y sus clientes y abundancia de conocimientos para los jueces. Jueces y abogados van a poder prestar servicios a los justiciables de mucha mejor calidad, en menos tiempo y con mucha más satisfacción para todas las partes involucradas.
Siempre digo que el ejercicio de la abogacía, a diferencia de la ingeniería, por ejemplo, es muy generoso. Cada vez que un ingeniero obtiene un contrato para un puente solo ese ingeniero tiene un buen trabajo, el abogado en cambio, cada vez que consigue o crea un buen caso hay otro abogado que también lo tiene. El ejercicio de la abogacía agrega valor social, porque a la vez que da certezas a las partes erige a los abogados en custodios del estado de derecho, sin el cual ninguna de las otras áreas del sistema institucional funciona correctamente.
Gracias a la IA y al dramático incremento de la productividad que ocasiona, los abogados van a resolver muchos mas casos en mucho menos tiempo, ganando mucha mas plata y dando muchas mas veces satisfacciones a la gente común de lo que nunca nos habríamos imaginado. Y lo que es mas importante, sin necesidad de recurrir al litigio de manera inexorable, como ocurre hoy. Los jueces, a su vez van a resolver cuestiones mas complejas en promedio y también lo van a hacer con mucha mas velocidad, información y conocimiento. No hay un solo perjuicio en la incorporación de tecnología al sistema judicial. Pero además no hay forma de pararlo.
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Bonus: el debate
