jueves, julio 23, 2026

Del «tiki-taka» al barro digital: cuando el fútbol abdica frente a la cultura del odio

COLUMNISTAS INVITADAS. Tras el triunfo de España sobre Argentina en una final de Copa del Mundo empañada por la violencia, la criminóloga Helena García analiza cómo el negocio de la confrontación, la complicidad institucional y el «virtue signaling» transformaron un choque de estilos deportivos en una contienda tóxica dentro y fuera de la cancha.

La reciente final de la Copa del Mundo dejó una victoria deportiva incontestable en el marcador, donde el rigor del tiki-taka terminó imponiéndose a la mística del potrero. Sin embargo, el pitido final no trajo el cierre de la fiesta, sino el inicio de una escalada de tensión que rápidamente migró del césped a las pantallas. La agresión entre futbolistas y cuerpos técnicos tras el encuentro funcionó como la chispa perfecta para encender un aparato mediático y digital sediento de morbo, donde el patriotismo de trincheras y la monetización del odio amenazan con eclipsar el juego.

En el siguiente análisis, la criminóloga española Helena García desarma los mecanismos psicológicos, mediáticos e institucionales que convierten un evento deportivo global en un campo de batalla cultural, y advierte sobre el peligro de transformar la violencia y el desacato en un espectáculo rentable para las federaciones y las redes sociales.

La columna completa de Helena García

Final de la Copa del Mundo de Fútbol. 19 de julio de 2026. España contra Argentina. El tiki-taka contra el potrero. Intensidad, tensión, dudas con las decisiones arbitrales. Victoria de España, por la mínima. Celebraciones tomadas como provocación. Pelea entre futbolistas y cuerpos técnicos. Pelea y tensión en las pantallas: medios de comunicación y redes sociales al rojo vivo. Violencia y odio. En el estadio y en los hogares.

¿Cómo y por qué hemos llegado hasta aquí?

El virtuosismo

Los futbolistas de máximo nivel suelen ser unos virtuosos del futbol. Grandes jugadas, bonitos remates y goles que dan victorias.

Tienen el rol de modelar comportamientos y actitudes, valores y disvalores, para un gran número de seguidores y aficionados.

Cuando el mensaje es respeto, trabajo duro, pertenencia y cooperación: virtud. Virtuosismo.

Si el mensaje es violencia, intolerancia, desprecio e identitarismo sesgado: factor de riesgo de odios, disputas y violencias varias.

El virtue signaling

Cuando el protagonismo se marcha del verde y va a las pantallas deja de importar el futbol. El foco se pone en los protagonistas y en la visibilidad y monetización.

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De la noticia: pelea tras la final del Mundial… a lo morboso: provocaciones reales e inventadas, repercusión de mensajes desinformativos y odio monetizado.

Todos se ponen del lado de la virtud autoproclamada, declarándose en posesión de la verdad, la razón y el mensaje correcto.

El fútbol como guerra

“Batalla campal” o “Este partido es a vida o muerte” son afirmaciones nada extrañas en el fútbol. Entre deportistas y aficionados.

Entendemos el fútbol como una extensión de la política, un método de resolución de conflictos – internos y externos – y como un espacio donde mostrar y crear identidad, camaradería y vínculos.

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Nos venden el partido de futbol como una guerra. Y a los futbolistas como los guerreros que combaten en nuestro nombre, por nuestros colores y valores. Y el entorno fomenta y tolera esta percepción. En el estadio… también tras las pantallas y en redes sociales.

El escenario perfecto…

Un partido de fútbol como la final el Mundial congrega millones de espectadores en el mundo. Algunos, seguidores de uno de los dos combinados nacionales, otros, neutrales. Todos influenciables por el márketing, las redes sociales y los medios de comunicación.

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La tensión se lee, se escucha, se visualiza. Finalmente, se reproduce.

Y trasladamos una pelea entre futbolistas a una pelea internacional entre operadores políticos, aficionados y exaltados de cualquier tipo, empleando medios de comunicación y redes sociales.

… y los protagonistas adecuados

Futbolistas vilipendiados. Aficionados exaltados. Identitarismo y nacionalismo desbocados. Discursos violentos, de odio, disfrazados de “zasca”.

Todo amplificado por la tolerancia de la comunidad. Y por la inacción de FIFA y las Federaciones Nacionales implicadas.

La pelea entre varios jugadores antes de la entrega de premios, ¿debió producirse? No. Eso no implica que los aficionados de ambos lados deban trasladar ese enfrentamiento a otros ámbitos.

Que la FIFA investigue o sancione no va a solucionar un problema que viene de la base: cultura de la violencia tolerada en el fútbol. Tolerada incluso por los propios futbolistas, que entre ellos se han mostrado apoyo y han pedido a las instituciones que no sancionen a quienes se pelearon. La FIFA, de nuevo, reacciona en lugar de prevenir

 ¿Habrá investigación, sanción y resolución o quedará todo en agua de borrajas?

Y esto me lleva a una reflexión final: 

Estas tensiones y peleas, ¿no se considerarán por algunos parte del espectáculo que monetizar?

No es un españoles vs argentinos

Es natural que tengamos el impulso de defender lo que consideramos nuestro, aquellos a quienes consideramos símbolos y referentes. Pero esto no es justificación para llevar afuera del estadio un enfrentamiento entre argentinos y españoles. Podemos dejarlo en comparar y apreciar ambos estilos de juego, de liderazgo y de comportamiento: el tiki-taka superó al potrero.

Los actos, violentos y fuera de lugar, que se dieron en los minutos finales no debemos convertirlos en el espectáculo principal. No fomentemos este negocio. Seamos mejores aficionados para que las Federaciones deban mejorar sus reglamentos y actuaciones y no monetizar el odio y la violencia. Recordemos lo bueno que nos trae el futbol y potenciemos la convivencia y el respeto tras los partidos. Que la Finalissima pase a la historia por el odio en las redes sociales y el enfrentamiento político es una derrota para el fútbol.

Por Helena García, criminóloga.

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