martes, julio 21, 2026

La presencia internacional de la Argentina seguirá siendo el fútbol

COLUMNISTAS INVITADOS. Escribe Eduardo Da Viá. Del brillo deportivo al bochorno de la violencia: Tras el subcampeonato mundial, las agresiones dentro de la cancha, los desaires protocolares y los adioses empañados por incidentes en las calles exponen las contradicciones de una sociedad que vuelve a reflejarse —para bien y para mal— en el espejo del fútbol.

Si recuerdan el título de mi nota previa a la final: «Al gran fútbol argentino, salud», podrán comprender las palabras que siguen.

Qué gran pena el epílogo, y doble por desgracia; haber perdido la final cuando todo estaba en pro de un triunfo merecido por su performance durante todo el campeonato y con el más alto comportamiento en lo que a educación se refiere, aunque clara y justamente derrotado por un equipo superior; y para terminar de destruir lo construido durante el largo batallar, las conductas personales de Ratón Ayala trompeando a un español, Paredes agrediendo cobardemente por la espalda a otro jugador rival, Martínez y Romero negando estrechar la mano de Trump durante la entrega de medallas en un acto de falta de respeto hacia un miembro de la comitiva encargada de las premiaciones, e independiente por tanto de su investidura de presidente de los Estados Unidos.

El rol de Trump era otro en esta ocasión, sin pretender por ello dejar de criticar todo lo criticable que tiene en su proceder cotidiano; aquí formaba parte del festejo, integrando el pequeño grupo conformado por la FIFA para la tarea de la premiación.

Maleducados, sí, en negrilla por ser los que empañaron un irrepetible momento de alegrías y tristezas como resultado de un juego de supuestos caballeros del deporte.

Entre tanto, en nuestro país, en la ciudad más importante y ante la vista indirecta del mundo entero, la batalla campal amparada en una supuesta alegría o quizás por una soterrada bronca por haber perdido a pesar de ostentar un muy honroso segundo lugar de entre 48 que iniciaron la justa, donde la violencia y la inconducta afloraron incontenibles dando una impresión que, por cierta, resultó vergonzosa a los ojos del planeta.

Hordas destruyendo y maquinaria represiva necesariamente en marcha, carros hidrantes, infantería tras escudos de protección; dos muertos y numerosos heridos; y, como no podía ser de otra manera, una ciudad —de las más lindas del mundo— transformada en una verdadera porqueriza, siendo innecesario aclarar quiénes pululan habitualmente en ese tipo de recintos.

Fútbol, no temas ni te preocupes, seguirás ocupando el lugar de la palabra «pueblo» en la honrosa estrofa de nuestro malherido himno, y yo me iré a la tumba sin siquiera avizorar un cambio porque los argentinos gozan empeorando.

Ayala y una foto para el olvido; obsérvese la vena yugular ingurgitada, pero no llena de sangre sino de un primitivo e injustificado odio.

Ayala y una foto para el olvido; obsérvese la vena yugular ingurgitada, pero no llena de sangre sino de un primitivo e injustificado odio.

Eduardo Da Viá

Julio de 2026

«Mensis certaminis mundialis»

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