Eduardo Muñoz publicó una columna en 617.news denominada «Las Leonas en otra final del mundo: la lección del hockey semiprofesional argentino». Detrás del resultado hay una pregunta que excede al hockey: ¿cómo se construye excelencia cuando los recursos todavía no alcanzan?
Escribir sobre el éxito con el diario del lunes es un ejercicio cómodo. Analizar las claves de un proceso antes de que la gloria deportiva tenga lugar es, en cambio, la marca distintiva del pensamiento analítico. Horas antes de que Las Leonas se consagraran campeonas del mundo tras derrotar a Países Bajos, el criminólogo Eduardo Muñoz planteó en su columna una serie de premisas que trascendieron la previa de un simple partido de hockey para convertirse en una lección de gestión, cultura e institucionalidad.
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El valor del texto de Muñoz radica en que no buscó predecir un marcador, sino explicar el fenómeno de fondo: cómo una disciplina que dista de los presupuestos y la profesionalización de las grandes potencias mundiales logra sostenerse, década tras década, en la cima del planeta.
La cultura como infraestructura invisible
Desde la perspectiva del análisis institucional y criminológico —donde el comportamiento de los grupos y la sostenibilidad de los sistemas son vitales—, Muñoz desarma el mito de que el dinero es el único motor del éxito. «La profesionalización es importante. Los recursos son importantes (…) Pero ninguna de esas herramientas funciona por sí sola», advertía el autor.
El análisis de Muñoz pone en valor la existencia de un «capital intangible»: una cultura deportiva colectiva construida desde las bases, sostenida en la pertenencia y en la exigencia compartida. En un país donde la coyuntura económica suele ser adversa para el atleta de alto rendimiento —con deportistas que estudian, trabajan o hacen malabares para entrenar—, la continuidad de Las Leonas demuestra que la estructura simbólica y organizativa puede, en ocasiones, compensar la brecha presupuestaria.
Del centralismo a la federalización del talento
Otro aspecto crucial de la columna es la mirada sobre el desarrollo federal. Muñoz rescata el caso emblemático de la mendocina Milagros Alastra, surgida de las canteras de la Universidad Nacional de Cuyo y elegida mejor jugadora joven del Mundial Junior 2025.
La inclusión de nombres que emergen por fuera del circuito tradicional porteño reafirma la tesis del autor: el alto rendimiento argentino dejó de ser una casualidad centralizada para transformarse en un sistema capaz de captar y potenciar el talento en los rincones más alejados de los grandes centros urbanos. La mendocina Alastra no es una excepción, sino el síntoma de una red que se expande.
El mensaje para la Argentina que viene
La coronación de Las Leonas terminó por validar punto por punto el diagnóstico de Muñoz. Cuando la sirena final sonó y la consagración fue un hecho, lo que se coronó no fue solo la eficacia táctica de 60 minutos, sino una forma de hacer las cosas que lleva décadas madurando.
«La excelencia no siempre empieza cuando llega el dinero. A veces empieza mucho antes, cuando una cultura decide que competir bien no es una excepción, sino una forma de hacer las cosas», concluía Muñoz en su texto. En momentos donde el país discute modelos de desarrollo, financiamiento y sustentabilidad, la mirada sobre el hockey semiprofesional ofrece un espejo ineludible: los recursos son la consecuencia, pero la cultura del esfuerzo y el sentido de pertenencia son siempre el punto de partida.
