La mirada del revés: En las vísperas de la gran final ante España, el reconocido analista global Ishaan Tharoor expone en The New Yorker las razones de su desencanto con el equipo de Messi, desmenuzando las tensiones políticas, la pérdida de la espontaneidad y el comportamiento de la hinchada.
El fútbol, como nos recuerda la pedagogía y la psicología social, no es solo un deporte; es un entramado de emociones efímeras que se transforman en sentimientos profundos de identidad. Sin embargo, ¿qué pasa cuando ese lazo inquebrantable finalmente se rompe?
En una reciente y reveladora columna de opinión publicada en la prestigiosa revista norteamericana The New Yorker, titulada “I Won’t Cry for You, Argentina” («No lloraré por ti, Argentina»), el reconocido analista internacional Ishaan Tharoor expone su dolorosa ruptura con la selección albiceleste justo antes de que el equipo dispute la final de la Copa del Mundo de 2026 contra España.
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Para entender el peso de esta columna, es clave repasar la trayectoria de su autor. Ishaan Tharoor es uno de los columnistas de política internacional más destacados de la prensa anglosajona actual. Graduado en Historia por la Universidad de Yale, consolidó su reputación como editor y corresponsal de la revista Time en Hong Kong y Nueva York.Durante una década, fue la pluma detrás de la prestigiosa columna de análisis global Today’s WorldView en The Washington Post. Hoy, como columnista de asuntos globales para The New Yorker, Tharoor vuelca su agudo sentido geopolítico e histórico en el análisis cultural, utilizando el fútbol para explicar fenómenos complejos como el nacionalismo, la globalización y la identidad colectiva.
Nacido en Singapur y de origen indio —hijo del reconocido diplomático y político Shashi Tharoor—, Ishaan creció en un país sin tradición mundialista, lo que lo llevó, como a millones de personas en el Sur Global, a buscar un «hogar futbolístico» adoptivo.
Una pasión que nació con las lágrimas de 1990
La relación de Tharoor con Argentina comenzó con el llanto desconsolado de un niño de seis años en Kolkata, India, cuando la Camerún de 1990 amargó el debut del equipo de Diego Armando Maradona. Durante décadas, esa devoción creció. El autor describe cómo el fútbol argentino llenó un vacío para miles de millones de fanáticos en el sudeste asiático, especialmente en Bengala y Bangladesh, donde las calles se pintan de celeste y blanco y se erigen estatuas gigantes en honor a Maradona y Lionel Messi.
Para Tharoor, la mística argentina residía en su naturaleza caótica, pasional y desafiante. Maradona encarnaba al «pícaro de villa», un vengador social cuyo polémico gol de «la mano de Dios» contra Inglaterra en 1986 era interpretado como una poética revancha histórica por la Guerra de las Malvinas.
El quiebre: de David a Goliat

Sin embargo, el idilio terminó. De cara a la gran final del Mundial 2026, Tharoor confiesa que ya no apoya a la Selección. Las razones de su desencanto mezclan el comportamiento social con la geopolítica:
- La antipatía del campeón: El autor describe a la actual selección argentina como «el villano» de este Mundial, un Goliat imponente que avanza con «aplastante inevitabilidad», beneficiado por arbitrajes polémicos y un juego hostil frente a rivales más débiles como Cabo Verde.
- El contraste cultural: Mientras selecciones como Escocia, Noruega, Japón o Corea del Sur regalaron postales de civismo, alegría y camaradería multicultural, el entorno del fútbol argentino se ha visto empañado, según el columnista, por episodios de discriminación y soberbia tanto en las tribunas como en declaraciones mediáticas de figuras locales.
- La era de los ídolos corporativos: El autor contrapone la figura rebelde y magnética de Maradona con la de Lionel Messi, a quien define como un titán deportivamente inigualable pero «aburrido fuera de la cancha», blindado por corporaciones y agencias de relaciones públicas en una época donde el fútbol ha perdido su espontaneidad mística.
- La instrumentalización política: El artículo no esquiva la coyuntura política actual. Tharoor señala con incomodidad cómo la final en Estados Unidos reunirá previsiblemente en los palcos oficiales al presidente argentino Javier Milei y a Donald Trump, figuras de la nueva derecha global, en contraste con el carácter históricamente popular y rebelde que alguna vez representó el fútbol sudamericano.
La caída del romance
Con su habitual lucidez, Tharoor utiliza su propia decepción para ilustrar cómo el «patriotismo» y el «nacionalismo cívico» se tensionan cuando el éxito deportivo se convierte en una herramienta de exclusión.
Mientras millones de hinchas en Buenos Aires, Dhaka y Nueva Jersey cantan por conseguir la «cuarta estrella», una de las firmas más respetadas del periodismo internacional anuncia que esta vez mirará hacia otro lado. El fútbol, al final del día, sigue siendo el espejo más fiel y crudo de nuestras sociedades.
