COLUMNISTAS INVITADOS. A partir de un profundo análisis de la Selección Argentina, el Lic. Juan Marcelo Calabria desentraña las claves del liderazgo de Lionel Scaloni y Lionel Messi, proponiendo su legado de humildad, planificación y valores como un espejo y una guía necesaria para la sociedad actual.
En un contexto social marcado por la inmediatez y el brillo efímero de las individualidades, la Selección Argentina de fútbol ha trascendido los límites del campo de juego para convertirse en un fenómeno cultural y sociológico. Lejos de ser un simple logro deportivo, la consolidación de la «Scaloneta» se presenta como un testimonio vivo de que el éxito duradero solo es posible cuando se prioriza el propósito colectivo sobre los intereses personales. A través de la preparación meticulosa, la disciplina y el trabajo silencioso, este grupo ha logrado reconstruir la confianza social, devolviéndonos la fe en los procesos basados en el esfuerzo y la resiliencia ante la adversidad.
En su columna de opinión, el Lic. Juan Marcelo Calabria desglosa los pilares de este modelo de gestión y liderazgo colaborativo, encarnado en la serenidad de Lionel Scaloni y el liderazgo de servicio de Lionel Messi. Más allá de los trofeos que hoy enriquecen la estadística, el autor reflexiona sobre el verdadero legado de este proceso: una sólida transmisión de valores que interpela a las nuevas generaciones y nos invita a repensar nuestras propias estructuras. Se trata, en definitiva, de una lúcida invitación a rescatar la cultura del «nosotros» para enfrentar los complejos desafíos de la Argentina del siglo XXI.
La columna completa de Juan Marcelo Calabria
La selección nacional de futbol: una lección de liderazgo y trabajo en equipo
En un rincón de nuestra memoria colectiva, la Selección Argentina ha dejado de ser solo un equipo de fútbol para transformarse en un espejo incómodo y necesario para nuestra sociedad. La llamada «Scaloneta» no es simplemente un conjunto de deportistas exitosos, sino el testimonio vivo de que el liderazgo transformador nace cuando el propósito colectivo se coloca, sin fisuras, por encima del interés individual. En un mundo a menudo encandilado por el brillo efímero de las individualidades, este grupo nos ha devuelto la fe en el trabajo silencioso, la preparación meticulosa y la humildad como pilares de la excelencia.
Lionel Scaloni ha sabido deconstruir el mito del líder autosuficiente que decide en soledad y no muestra dudas, un modelo que aún impera en muchas estructuras jerárquicas. Su estilo de conducción se fundamenta en una estructura de confianza construida durante años, donde el entrenador no busca ser el centro de la escena, sino que observa con serenidad desde el costado, dejando que el protagonismo pertenezca al grupo. Este liderazgo se ejerce desde el ejemplo y la escucha, rodeándose de un cuerpo técnico que aporta miradas diversas para tomar decisiones más inteligentes y honestas.
El éxito de esta era no es fruto de la improvisación, sino de una ingeniería organizativa que recuerda a las grandes gestas de nuestra historia. Como un planificador austero, Scaloni ha demostrado que la constancia y la disciplina son el camino más sólido hacia la victoria. En su gestión, la visibilidad de las figuras no es vanidad, sino un activo puesto al servicio de una marca colectiva que se fortalece con cada gesto de respeto y resiliencia ante la adversidad. Es un modelo de gestión que privilegia el éxito conjunto por sobre el egoísmo personal.
En el epicentro de este ecosistema de valores aparece la figura de Lionel Messi, un capitán que ha redefinido el concepto de liderazgo para las nuevas generaciones. Su imagen siendo elevado por sus compañeros tras la victoria simboliza a un líder que primero se puso al servicio del equipo, demostrando que el talento alcanza su cénit cuando se comparte. Messi no lidera desde la autoridad jerárquica, sino desde un liderazgo de servicio puesto a disposición del equipo, convirtiéndose en un referente de humildad incluso después de haberlo ganado todo.
Para los jóvenes futbolistas que se incorporan a este proceso, Messi y Scaloni son docentes silenciosos de una forma de consolidar un equipo. Les enseñan que la verdadera libertad y el éxito profesional requieren de una formación sólida y de la capacidad de interpretar una visión conjunta. Este equipo ha logrado que los más chicos vean en la constancia y el esfuerzo diario —ese entrenamiento invisible de los vínculos— la verdadera clave para enfrentar los desafíos de un siglo XXI complejo y cambiante.
Este liderazgo, además, actúa como una herramienta de educación en valores que trasciende la cancha. Diversos analistas coinciden en que, cuando el deporte es liderado por referentes con tal visibilidad y rectitud, se fortalece la cohesión social y se instalan modelos de conducta positivos para toda la comunidad. La Selección nos enseña que la constancia y el trabajo humilde y continuado no son utopías, sino condiciones necesarias para construir cualquier proyecto que pretenda ser sostenible y ejemplar.
La lección que nos deja este grupo es que los resultados son, en última instancia, el fruto de las raíces que los alimentan. Si cambiamos la cultura del «yo» por la del «nosotros», los resultados inevitablemente comienzan a transformarse. Scaloni y Messi han cultivado una cultura organizacional donde la colaboración y el diálogo han permitido superar divisiones estériles, demostrando que la Argentina puede alcanzar objetivos extraordinarios cuando decide jugar con la misma camiseta.
Es fundamental rescatar este modelo de liderazgo deportivo colaborativo y transformador en tiempos de inmediatez y resultados impacientes. La Selección nos invita a reflexionar sobre la importancia de la calidad de las personas detrás de los cargos, recordándonos que un buen líder debe ser empático, íntegro y capaz de inspirar a través de la acción y no solo del discurso. Es una invitación a recuperar las virtudes que alguna vez nos hicieron grandes como Nación, basadas en la solidaridad y el bien común.
Un párrafo aparte merece la exhibición de una bandera improvisada y casera, sostenida por los jugadores que expresó una causa nacional “Las Malvinas son Argentinas”, respetuosa, sin agravios, simplemente con una sentencia, con una verdad absoluta, legal, histórica y contundente. Una como tantas causas que distintos equipos del mundo expresan de forma oficial antes de comenzar una contienda deportiva, en este caso no era posible mostrar esta causa nacional de forma “oficial” por reglamentación de la copa del mundo, pero sin duda el significado fue mucho más fuertes y el mensaje contundente con una bandera casi de barrio, improvisada antes de salir a este gran partido.
Finalmente, la era Scaloni nos regala una certeza: los campeonatos quedarán en la estadística, pero el legado de sus valores permanecerá como un patrimonio de todos los argentinos. Han demostrado que la humildad no es debilidad, que la preparación derrota a la improvisación y que el trabajo en equipo es la única forma de alcanzar la cima y mantenerse en ella. Este es, sin dudas, el tipo de liderazgo que nuestra sociedad demanda para construir un futuro más íntegro, justo y compartido, y finalmente construir un destino común como sociedad. Simplemente un buen ejemplo.

