COLUMNISTAS INVITADOS. A propósito del Día Mundial contra la Trata de Personas (30 de julio), Eduardo Muñoz y Helena García Amo analizan cómo la ilusión del ascenso social mediante el deporte es aprovechada por intermediarios y falsas academias para entrampar a familias vulnerables.
Cada año, miles de niños y adolescentes en América Latina y África se calzan las botas con la esperanza de gambetear la pobreza y cambiar el destino de sus familias. Sin embargo, en los márgenes del millonario negocio futbolístico, esa ilusión se ha convertido en el gancho perfecto para redes de captación y explotación que operan bajo la apariencia de academias, cazatalentos y agentes deportivos. En el marco del Día Mundial contra la Trata de Personas, que se conmemora cada 30 de julio, los especialistas Eduardo Muñoz y Helena García Amo nos entregan una penetrante reflexión sobre cómo el trabajo forzoso y las falsas promesas migratorias han permeado el fútbol amateur y profesional, exigiendo al deporte rey una respuesta anticipada e integral antes de que el daño sea irreversible.
A continuación, la columna completa
Trata de personas en el fútbol: cuando el sueño de un niño se convierte en una oportunidad para la explotación
Un negocio de millones que también alcanza al fútbol
Cada 30 de julio se conmemora el Día Mundial contra la Trata de Personas. La dimensión del problema obliga a mirar más allá de los casos que llegan a los titulares. La Organización Internacional del Trabajo estima que 27,6 millones de personas se encuentran sometidas a trabajo forzoso y que esta explotación genera unos 236.000 millones de dólares en beneficios ilegales cada año. Entre las víctimas hay 3,3 millones de niños.
La explotación asociada al trabajo forzoso es altamente rentable para quienes la practican y constituye una de las formas más graves de vulneración de los derechos humanos.
El fútbol tampoco es ajeno a este fenómeno. La promesa de una prueba, una academia, una beca o un viaje a Europa puede convertirse en un mecanismo de captación, especialmente entre niños y adolescentes de familias que ven en el deporte una oportunidad para cambiar su destino.
Cuando el sueño se transforma en negocio
Para muchas familias, especialmente en América Latina y África, el fútbol representa una posibilidad de ascenso social. Esa esperanza es precisamente lo que puede convertirlo en un recurso explotable.
FIFA registró 53.678 transferencias internacionales de jugadores amateurs hacia clubes extranjeros durante 2024, la cifra más alta registrada hasta entonces. El dato muestra la enorme dimensión de los movimientos que rodean al fútbol amateur. En ese volumen de desplazamientos internacionales conviven oportunidades legítimas con situaciones en las que una promesa deportiva puede ser utilizada para captar y explotar a un joven.
Muchas familias terminan pagando, incluso endeudándose, por una posibilidad que nunca llega.
Cuando la promesa se convierte en captación
La trata no siempre comienza con violencia. Puede comenzar con una oportunidad que parece imposible de rechazar.
En 2023, en Portugal, una operación en la academia BSports identificó a 114 jóvenes jugadores. Las autoridades señalarón a 47 como presuntas víctimas de trata, entre ellas 36 menores. La investigación reveló restricciones de movimiento, retención de documentos y una fuerte dependencia respecto de la academia.
En 2025, una adolescente de Villavicencio fue trasladada a Buenos Aires bajo la promesa de recibir educación y una oportunidad en el fútbol profesional. Su familia había entregado dinero a una supuesta cazatalentos. La joven terminó sometida a control psicológico y logró pedir ayuda mediante LibertApp.
El patrón también aparece en Europa. En España, en 2026, la Policía Nacional investigó una estafa contra jóvenes futbolistas sudamericanos a quienes se prometían contratos en clubes de élite. En Francia, organismos europeos han advertido sobre jóvenes africanos atraídos con falsas promesas de carreras profesionales y posteriormente abandonados.
El mecanismo se repite: una familia confía, un joven viaja creyendo que se acerca a su sueño y, lejos de su entorno, puede quedar expuesto a una relación de dependencia.
Cuando la oportunidad genera dependencia
Lejos de casa, con barreras idiomáticas, documentos en manos ajenas y una situación migratoria que puede quedar condicionada por el intermediario o la organización que lo recibe, un niño puede pasar rápidamente de ser considerado una promesa deportiva a encontrarse en una relación de dependencia.
No todos estos casos constituyen trata de personas. Pero muestran un terreno en el que la desigualdad de información y de poder puede facilitar situaciones de abuso y explotación.
El 30 de julio también interpela al fútbol
El fútbol tiene capacidad para transformar vidas. Muchos futbolistas de primer nivel son prueba de ello. Precisamente por el valor que ese sueño representa para tantas familias vulnerables, también puede ser utilizado para explotarlas.
La trata no siempre llega con una amenaza. Puede llegar con una promesa, una prueba y un pasaje de avión. Muchas veces, pagados con enormes esfuerzos por familias que creen estar comprando una oportunidad para sus hijos.
Por eso, la pregunta que el fútbol debe responder no es solamente cómo actuar cuando aparece una víctima, sino algo anterior:
¿Tenemos la capacidad real de detectar a tiempo cuándo una oportunidad para un niño comienza a convertirse en una trampa?
Porque cuando finalmente vemos el daño, quizá el momento de prevenirlo ya haya pasado.
