El riesgo de que la dirigencia política equipare un triunfo formal con escasa participación y dudas sobre la oportunidad de desdoblar elecciones municipales, a uno logrado con la mayor parte del padrón votando: automentirse.
Organizás un gran cumpleaños, aniversario «redondo». Invertís en él una gran cantidad de plata, te endeudás para que, luego de ese festejo, tu nombre brille más que nunca. Has invitado a 100 personas. Van poco más de 40. Termina el jolgorio y lo celebrás como si hubiese sido la gran fiesta de tu vida. ¿Por qué? Porque no querés recordar todo lo que gastaste y para autoconvencerte de que, por más que la mayoría no fue, te tienen -si bien no en su mayor estima ni prioridad afectiva- algún reconocimiento que nadie va a negar cuando vean las fotos que subiste a las redes sociales del grupito que sí fue.
Eso pasó en las elecciones municipales de este domingo en Mendoza, al menos, en las comunas con mayor cantidad de habitantes, tal como anticipamos que sucedería en «La Picada», aquí mismo. En Luján votó el 42%, en Maipú, un 43% y en San Rafael el 49%. En los más chicos, ir a votar es un evento social y hasta familiar, y por ello, en La Paz y Santa Rosa el porcentaje de asistencia fue mayor (63% y 62%, respectivamente). En Rivadavia hay una disputa fuerte, muy fuerte y lograron acarrear más (están en las redes sociales los ofrecimientos de movilidad para llevar gente a las escuelas), logrando que votara el 53%.

No vamos a hablar aquí ni de ganadores ni de perdedores ya que, como alertamos, esto fue un «boludeo electoral con plata ajena». Ganaran o perdieran, todos iban a subir fotos triunfantes. Y así sucedió. La cadena de repeticiones de felicitaciones prearmadas es increíble, al punto de que hasta un Mauricio Macri montado sobre la nada política misma felicitó al intendente lujanino, Esteban Allasino, quien en la elección anterior, la legislativa provincial y nacional, salió quinto y tuvo que volverse a Cambia Mendoza para ganar, esta vez acompañado por LLA y los radicales, pero en un contexto general que mostró a la gente negándose a ir a votar.
El único otro dato fuerte del comicio es la ruptura del peronismo, una herida autoinfringida, que le impidió colocar representantes en varias comunas o bien, los ocupó en la destrucción interna más que en la construcción de una alternativa, alargando su agonía. Y por eso ya no le deberían echar la culpa a Alfredo Cornejo, su punching ball preferido de todos los últimos tiempos.
Los que «casi ganan», no ganaron, pero lo festejan igual. Y los que «zafaron» por poco, respiran aliviados, pero tampoco significa mucho para su futuro político haber conseguido tan solo un virtual empate.
Ya está. Los que ganaron, ganaron; los que perdieron, perdieron. No hay mucho que proyectar a partir de esta anécdota del calendario institucional, ya que no es más que eso.
Pero hay un riesgo mayúsculo y es que «se la crean», como se dice en la jerga.
«Espejito, espejito, ¿hay alguien más linda que yo?», es la frase de la bruja malvada de Blancanieves, popularizada por Disney, que busca saber si acaso hay alguien más bella que ella. Y el espejo le miente, obviamente, como sucede hoy, el día después, con las redes sociales de los ganadores de la votación sin votantes.
La sociedad ya le dijo «no» a jugar con los recursos para desdoblar elecciones con tal de sobrevivir en un cargo político. Y si fuese todo esto parte de un círculo virtuoso, lo que debería seguir es reclamar -a ya 100 años de la Constitución de Mendoza- que se explique para qué sirven tantos concejales y qué funciones concretas cumplen a diario para seguir en tan antiguo esquema electoral.
