domingo, junio 14, 2026

Mundial 2026: cómo la FIFA reconstruyó su poder después del escándalo

COLUMNISTAS INVITADOS. Más allá de los goles en la cancha, el criminólogo Eduardo Muñoz desglosa la ambiciosa estrategia de la federación internacional para superar su peor crisis histórica, reconfigurando el mapa del poder futbolístico entre el capital del Golfo y el lucrativo mercado norteamericano.

El Mundial 2026 ya se encuentra en pleno desarrollo, capturando la atención de millones de aficionados que debaten apasionadamente sobre qué selección se consagrará campeona. Sin embargo, el fenómeno verdaderamente significativo de este torneo no está ocurriendo entre las líneas de juego, sino en las esferas del poder institucional. Hace apenas diez años, la FIFA se encontraba sumida en una severa crisis de legitimidad a raíz del histórico FIFA Gate, un escándalo impulsado de manera inédita por la justicia de Estados Unidos que dejó al descubierto las vulnerabilidades de un organismo que parecía intocable. Lejos de replegarse ante la adversidad, la organización liderada por Gianni Infantino optó por una agresiva estrategia de expansión global, transformando la crisis en el motor de su propia reconstrucción.

A través de esta lectura, Eduardo Muñoz nos revela una paradoja fascinante: el mismo país que desnudó las limitaciones de la FIFA se ha convertido en el epicentro de su renacimiento a través de una secuencia de macroeventos que culminan en este Mundial. 

Esta nueva geografía del fútbol no es casualidad, sino una reconfiguración estratégica del poder donde los países del Golfo Pérsico aportan un capital inmenso y Estados Unidos despliega la infraestructura, audiencias masivas y el mercado comercial más atractivo del planeta. Aunque la narrativa oficial vende este torneo como un símbolo de integración norteamericana junto a México y Canadá, la realidad es que Estados Unidos concentra los partidos decisivos y la mayor parte de los ingresos. En definitiva, lo que se juega fuera de las canchas es el control de los mercados del futuro, marcando potencialmente el nacimiento de una era completamente nueva para el balompié global.

Leé la columna completa de Eduardo Muñoz

Mundial 2026: cómo la FIFA reconstruyó su poder después del escándalo 

El Mundial 2026 ya está en marcha. Millones de personas siguen los partidos y discuten quién será el campeón.

Sin embargo, el fenómeno más interesante asociado a este torneo quizás no se esté desarrollando dentro de la cancha.

Tiene que ver con la FIFA.

Hace apenas una década, la organización atravesaba una profunda crisis de legitimidad.

Muchas instituciones, frente a una situación semejante, optan por replegarse. La FIFA hizo lo contrario.

Bajo el liderazgo de Gianni Infantino, amplió el Mundial, creó nuevas competencias y aceleró su expansión global.

La crisis no terminó debilitándola. Terminó transformándola.

El país que expuso la vulnerabilidad de la FIFA

Durante años, la FIFA pareció una organización difícil de desafiar.

Su alcance global, su autonomía y su influencia la convirtieron en un actor singular dentro del deporte internacional.

El FIFA Gate alteró esa percepción.

La mayor crisis institucional de la historia moderna de la organización no fue impulsada por otra federación deportiva ni por un organismo internacional.

Fue el sistema judicial de Estados Unidos el que logró exponer vulnerabilidades que durante años parecieron intocables.

Lejos de producir un distanciamiento, una relación que ya era importante adquirió una nueva dimensión.

La Copa América Centenario de 2016, la Copa América de 2024, el Mundial de Clubes de 2025 y el Mundial 2026 forman parte de una misma secuencia.

La paradoja es evidente: el país que mostró los límites del poder de la FIFA terminó convirtiéndose en uno de los principales escenarios de su reconstrucción.

La nueva geografía del fútbol

Cuando se observan las principales decisiones adoptadas durante la última década aparece un patrón más amplio.

Por un lado, Qatar 2022 y la Copa del Mundo de Arabia Saudita 2034 reflejan el creciente protagonismo de los países del Golfo en el fútbol internacional.

Por otro, la concentración de grandes torneos en territorio estadounidense confirma la importancia estratégica del mercado norteamericano para el futuro del deporte.

Más que una expansión geográfica, parece una reconfiguración del poder.

Los países del Golfo aportan capital, inversión y una estrategia global de posicionamiento a través del deporte.

Estados Unidos ofrece infraestructura, capacidad organizativa, audiencias masivas y el mercado comercial más atractivo del mundo.

Mucho más que un Mundial compartido

La narrativa oficial presenta al Mundial 2026 como un símbolo de integración entre Estados Unidos, México y Canadá.

Sin embargo, detrás de esa imagen existe una realidad difícil de pasar por alto.

Estados Unidos concentra la mayoría de los partidos decisivos, las principales sedes y una parte sustancial de los ingresos asociados al torneo.

Desde esa perspectiva, el Mundial 2026 funciona como algo más que una competencia internacional.

También constituye una operación de posicionamiento destinada a consolidar la presencia del fútbol en uno de los mercados más importantes del mundo.

El verdadero partido

Mientras millones de personas observan lo que ocurre dentro de la cancha, otro partido se juega fuera de ella.

Es el partido por la influencia, los mercados y la construcción de poder.

Los goles ocuparán las portadas y los campeones quedarán en la memoria colectiva.

Pero las consecuencias más duraderas de este Mundial probablemente nazcan lejos de los estadios.

Las organizaciones rara vez anuncian hacia dónde se dirigen. Lo revelan a través de las decisiones que toman.

Y las decisiones adoptadas por la FIFA durante los últimos años sugieren una transformación mucho más profunda que la expansión de un torneo.

Tal vez el Mundial 2026 no sea recordado solamente por su campeón.

Tal vez sea recordado como el último de los Mundiales que conocimos.

O como el primero de una nueva etapa del fútbol global.

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