COLUMNISTAS INVITADOS. Escribe José Jorge Chade. En una época marcada por las clasificaciones generacionales y la sobreconexión virtual, el especialista advierte sobre el «analfabetismo emotivo» de los mayores y el grito de auxilio de los adolescentes en la búsqueda de su propia identidad.
El avance tecnológico y la migración de la vida social de los jóvenes hacia los entornos virtuales han transformado radicalmente las dinámicas de socialización y construcción de la identidad. En este escenario, la aprobación social se mide en interacciones digitales, exponiendo a los adolescentes a niveles de comparación constante que muchas veces derivan en sentimientos de rechazo, inadecuación o aislamiento. Ante esta realidad, la tendencia a encasillar a las nuevas juventudes bajo etiquetas como «Mileniales», «Zoomers» o «Alpha» no hace más que reabrir viejas lógicas de segregación del pasado y profundizar la brecha generacional.
En esta imprescindible columna de opinión, el reconocido especialista José Jorge Chade nos invita a reflexionar sobre el rol y la responsabilidad que nos compete como adultos, educadores y padres. Con la autoridad que le brindan casi cuatro décadas de trayectoria en el ámbito de la inclusión educativa y social, Chade cuestiona severamente la pasividad y el «analfabetismo emotivo» de nuestra sociedad. Su texto es una llamada urgente a deponer las escuchas pedantes, asumir una madurez comprometida y habilitar canales de diálogo genuinos capaces de devolverle la esperanza a una generación hiperconectada que, en el fondo, solo está pidiendo ser escuchada.
La columna de José Jorge Chade
Adolescentes frente a la mirada del adulto
Desde hace casi cuatro décadas me ocupo de la inclusión educativa y social.
En los años ’80 y ’90, sobre todo en Europa se luchaba por no poner a las personas dentro de categorías, ya que se había sufrido mucho en este sentido durante las grandes guerras.
Algo se fue logrando, en relación al racismo, a las desventajas psicofísicas y mentales, etc., pero desde hace un tiempo veo que se ha empezado con la categorización de nuestros jóvenes, donde, en vez de categorizar, nos tocaría a nosotros, los adultos, poner en marcha rápidamente nuestra disponibilidad a escucharlos, porque si seguimos categorizando, después llega el sello, y esto implica una marca de por vida, recordamos eso también verdad?
Los adultos no podemos permitirnos tener un analfabetismo emotivo.
Me refiero a que hoy entre tantas categorías se habla de Generación Y (Milenial): nacidos entre el 1981 y el 1996, Generación Z (Zoomer): nacidos entre el 1997 y el 2012 y Generación Alpha: nacidos desde el 2012 en adelante… y esto sería volver al pasado.
Por ello es fundamental que quienes escuchan (padres, maestros, adultos en general) no se queden quietos, sino que se involucren.
Escuchar debe implicar participar en una propuesta de proyecto con responsabilidad compartida.
Nada resulta más ofensivo, se podría decir, que una escucha pedante que pareciera decir: “No me estás contando nada nuevo; lo que me dices ya lo sabía, así que tu presencia, padre/madre, es rutinaria para mí, ¡nada original”.
La adolescencia es el periodo de desarrollo que marca la transición de la niñez a la adultez.
Es una etapa muy delicada, a menudo difícil de definir cronológicamente, caracterizada por cambios físicos, cognitivos, emocionales y sociales.
Pertenecer a un grupo es un elemento fundamental de la adolescencia.
La vida grupal tiene la función de hacer comprensibles las dificultades del crecimiento, apoyar la transformación del yo infantil en el yo adulto y contribuir a la construcción de la identidad, pero pertenecer a un grupo al que ellos mismos deciden pertenecer, no a grupos sobre impuestos, lógicamente con el sostén y apoyo de los adultos.
Todos los adultos sabemos que los adolescentes hablan de contradicciones, siendo ellos una permanente contradicción y es aquí donde la mirada atenta del adulto debe ser la que “enseñe” el camino.
Los adolescentes (y actualmente también “los no tan adolescentes”) de hoy viven en un mundo diferente al nuestro, un mundo impregnado de internet y redes sociales, completamente nuevo para nosotros, los adultos que no somos nativos digitales.
Es un mundo sin fronteras geográficas ni barreras de ningún tipo, donde podemos llegar a cualquier persona y lugar del planeta en cualquier momento.
Ofrece la oportunidad de experimentar con nuevas formas de comunicación, establecer relaciones y vivir emociones.
La vida social de la juventud actual se ha trasladado, por lo tanto, de los espacios reales a los virtuales.
Los teléfonos inteligentes y las computadoras representan un espacio social donde los jóvenes y niños pueden practicar nuevas habilidades relacionales: son una herramienta de apoyo capaz de satisfacer la necesidad evolutiva de socialización, permitiéndoles expresar su identidad social en línea y observar las identidades de los demás.
Observar la vida de otros se convierte en un termómetro para medir su propio progreso en el camino del crecimiento.
Los niños más pequeños tienden a compararse con las imágenes en línea de sus compañeros y buscan aprobación a través de los «me gusta».
Los «me gusta» no se refieren tanto a la imagen en sí, sino a la persona, a su forma de ser.
El número de «me gusta» y seguidores se convierte en una herramienta para evaluarse a sí mismos y a sus compañeros.
Esta constante y explícita comparación social a la que los adolescentes están expuestos en línea puede tener importantes efectos psicológicos, como sentirse rechazados e inadecuados, y puede conducir al aislamiento y al retraimiento social.
Por lo tanto, es fundamental contar con una comunidad educativa, padres, profesores, etc., que mantengan un canal de diálogo abierto con el adolescente, creando un clima de tranquilidad en el que puedan compartir sus inquietudes, dudas y emociones experimentadas en línea.
También es importante mostrar a nuestros niños y jóvenes un interés genuino en su vida diaria, en lo que sucede y no sucede en la vida real y virtual, creando momentos para compartir tiempo juntos.
Me encuentro frecuentemente frente a jóvenes interesados, ávidos de conocimiento, algunos enojados y deseosos de reaccionar, pero inseguros de qué hacer porque, por un lado, experimentan constantemente emergencias estructurales y, por otro, se les educa para ser individualistas, para no creer en la comunidad y para estar confinados a espacios donde es difícil intercambiar ideas, converger y divergir.
Los acontecimientos que se desarrollan constantemente, tan fácilmente malinterpretados y debatidos, especialmente por los medios de comunicación, son un grito de auxilio de los jóvenes al mundo adulto, un deseo de ser escuchados por los padres, la comunidad escolar y la sociedad en general.
Estamos inmersos en una crisis social y cultural que conduce a un claro abandono de la vida y del pensamiento consciente, y que abre un mundo digital negativo y señales mediáticas engañosas que, en lugar de educar y guiar, a menudo distorsionan, fomentando estereotipos negativos y conceptos erróneos sobre el consentimiento y el respeto.
Ignorar todo esto equivale a comprometer el futuro mismo de nuestra sociedad.
Los adultos debemos decirnos con firmeza y sinceridad que si los jóvenes no tienen esperanza en el futuro y no responden a esta inacción, quizás nosotros también estemos experimentando esta incertidumbre.
En lugar de acusarlos de pasividad y falta de liderazgo, deberíamos reconocer la falta de esperanza como un fenómeno cultural y social común y buscar entablar un diálogo con ellos, en el que se nos pida, ante todo, que actuemos con madurez y tengamos la humildad de escucharlos.
No podemos darnos el lujo de mirar hacia otro lado y no comprometernos a trabajar con ellos para abordar este vacío social y cultural y contribuir a llenarlo.
Solo así podremos aspirar a un futuro más equilibrado, respetuoso y, sobre todo, humano.
Bibliografía consultada
- Lancini M. (a cura di), 2019. “Il ritiro sociale negli adolescenti. La solitudine di una generazione iperconnessa”Raffaello Cortina Editore, Italia.
- Pagliula Pantaleone, Ser jóvenes hoy. Revista “Il Grande Salento”, Italia, 2025.
- www.generazioniconnesse.it
