sábado, junio 13, 2026

Contate un cuento/ El eco de lo prohibido: cuando el olvido no alcanza para apagar la memoria

COLUMNISTAS INVITADOS. Escribe Antonio Romeo. Un grupo de niños descubre un artefacto del pasado en una sociedad diseñada para no recordar. Un viaje al corazón de la resistencia humana a través de las ondas sonoras.

El control absoluto de una sociedad no se logra vigilando el presente, sino borrando el pasado. En un mundo donde recordar es considerado una patología y las pantallas estatales decretan que la paz solo existe en el olvido, un grupo de niños tropieza con la grieta de un sistema perfecto.

En esta nueva entrega de «Contate un cuento», el escritor Antonio Romeo nos sumerge en una atmósfera distópica asfixiante y poética a la vez. A través del hallazgo fortuito de un viejo artefacto oxidado, el autor explora cómo la curiosidad innata y el eco de una simple transmisión radial pueden convertirse en el germen de la identidad, demostrando que ni el diseño social más estricto es capaz de silenciar por completo la naturaleza de la voz humana. Los invitamos a sintonizar esta inquietante historia.

El cuento completo de Antonio Romeo

La radio

El autor, Antonio Romeo.

Nadie sabía qué había existido antes.

En las escuelas enseñaban obediencia. Los niños aprendían a seguir instrucciones, reparar sistemas y denunciar anomalías.

La palabra pasado no aparecía en ningún libro.

Preguntar era una falta.

Recordar, una enfermedad.

Cada mañana, las pantallas repetían el mismo mensaje:

«La memoria genera conflicto. El olvido genera paz.»

Una tarde, durante una tormenta, varios niños encontraron una sala sellada bajo un viejo túnel de mantenimiento.

Entre polvo y metal oxidado había un objeto extraño.

Una caja negra con una antena.

En un costado podía leerse una palabra desconocida:

RADIO

La encendieron.

Primero escucharon estática.

Después, una voz.

—…buenas noches…

Nada más.

La señal desapareció.

Volvieron al día siguiente.

Y al otro.

A veces escuchaban fragmentos de canciones. A veces risas. A veces conversaciones sobre lugares que no figuraban en ningún mapa.

Bosques.

Mares.

Familias.

Palabras sin significado para ellos.

Una noche, la transmisión cambió.

—…si alguien escucha esto…

Silencio.

—…no les crean…

Un ruido seco.

La señal murió.

Después de eso comenzaron los sueños.

Los mismos sueños.

Puertas abiertas.

Rostros sin nombre.

Alguien llamándolos desde muy lejos.

Ninguno habló de ello.

Pero todos dejaron de dormir.

Una semana después, las pantallas de la ciudad se encendieron fuera de horario.

«SE HA DETECTADO CONTAMINACIÓN HISTÓRICA.»

Las luces permanecieron encendidas toda la noche.

A la mañana siguiente regresaron al escondite.

La radio había desaparecido.

Solo quedaba la marca rectangular que había dejado sobre el polvo.

Los niños se quedaron observándola en silencio.

Entonces, desde algún lugar profundo del túnel, llegó una voz.

No provenía de ninguna máquina.

Parecía humana.

Parecía cercana.

Y pronunció uno de sus nombres.

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