martes, junio 9, 2026

La trampa del episodio dominante: ¿Por qué insistimos en elegir una sola versión de Diego Maradona?

COLUMNISTAS INVITADOS. A partir de la célebre definición del periodista Cherquis Bialo, un profundo análisis del criminólogo Eduardo Muñoz desarmará el sesgo con el que juzgamos las complejidades humanas, debatiéndonos siempre entre la construcción de héroes perfectos o de villanos completos.

El fenómeno de Diego Armando Maradona sigue siendo uno de los espejos más complejos y fascinantes para mirar la condición humana. Años después de su partida, el debate social no ha logrado unificar su figura, dividiéndose de manera irreconciliable entre la idolatría absoluta y la condena sin matices. En esta lúcida columna de opinión, el reconocido criminólogo Eduardo Muñoz toma como punto de partida la célebre radiografía del periodista Ernesto Cherquis Bialo sobre las múltiples identidades que habitaban en el astro, para invitarnos a una reflexión indispensable que va mucho más allá del fútbol.

Muñoz introduce un concepto clave para entender nuestro comportamiento colectivo: la «trampa del episodio dominante». A través de esta lente analítica, el especialista postula que el verdadero conflicto nunca residió en las notorias contradicciones de Maradona —su oscilación constante entre el barro y las canillas de oro—, sino en nuestra propia incapacidad psicológica para procesar la dualidad, forzando la reducción de una vida hipercompleja a un único hecho que valide nuestros propios sesgos. A continuación, compartimos el texto completo de su análisis.

La columna completa de Eduardo Muñoz

¿Existían realmente los nueve Maradonas? Una vida imposible de resumir

Eduardo Muñoz.

Ernesto Cherquis Bialo lo dijo como nadie: no había uno, había varios Diego Maradona dentro del mismo cuerpo. El que jugaba al fútbol como si la pelota le obedeciera. El pibe de Fiorito. El hijo. El padre. El amigo. El sublime. Y también el abyecto. En una entrevista llegó incluso a resumirlo con una imagen inolvidable: “Fiorito y Dubái. Barro y siete estrellas. Canillas de oro y letrina”.

¿Realmente existían todos esos Maradonas?

Creo que Cherquis estaba en lo cierto. No porque Diego tuviera varias personalidades, sino porque las personas rara vez pueden resumirse en una sola versión de sí mismas.

Sin embargo, lo más interesante de aquella descripción no está en Maradona. Está en la forma en que nosotros lo observamos.

El Maradona que cada uno construye

Algunos se quedaron para siempre con el genio que hacía magia en la cancha, con el capitán que nos llevó al Mundial 86 y con el símbolo de los que se animaban a desafiar a los poderosos. Ese fue el Maradona que millones eligieron convertir en leyenda.

Otros recuerdan al hombre atrapado por las drogas, los escándalos, los conflictos personales y las decisiones que provocaron dolor a su alrededor. También ese Diego existió.

El problema no es que unos tengan razón y otros no. El problema es que cada uno suele tomar una parte de la historia y creer que está viendo el cuadro completo.

Existe una tendencia que aparece una y otra vez cuando analizamos conductas humanas: la necesidad de reducir una persona al episodio que más nos impactó. La llamo la “trampa del episodio dominante”. Un solo hecho termina ocupando todo el espacio y eclipsando el resto de la historia.

Algunos recuerdan el gol a los ingleses. Otros el doping en Estados Unidos. Algunos sus gestos de generosidad. Otros los episodios en los que lastimó a quienes lo querían. Y con eso, cada uno arma su propio Maradona.

Queremos héroes perfectos o villanos completos

Maradona fue la suma de muchas historias que convivieron en tensión permanente: barro y oro, genio y autodestrucción, lealtad y ruptura, amor y conflicto.

Queremos héroes perfectos o villanos completos. Lo difícil es que las personas reales casi nunca respetan esas categorías.

Por eso la descripción de Cherquis Bialo sigue teniendo tanta fuerza. No intentó resolver las contradicciones de Diego. No buscó elegir entre sus luces y sus sombras. Simplemente aceptó que todas formaban parte del mismo hombre.

Tal vez la mayor virtud de aquella definición no esté en los “Maradonas” que enumeró. Está en los que se negó a descartar. Porque el problema nunca fue Diego. El problema fue nuestra necesidad de elegir una sola versión de él.

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