Más de 100 personas participaron en Godoy Cruz del acto “Rapsodia para un exilio… la descendencia y el amigo de San Martín”, una propuesta que combinó relatos históricos, música, danza y poesía para recuperar la dimensión humana del Libertador y mantener viva su memoria.
La Basílica de San Vicente Ferrer, en Godoy Cruz, fue escenario de un homenaje al general José de San Martín que combinó historia, música, danza y relatos para reconstruir algunos aspectos menos conocidos de la vida del Libertador. En una tarde fría, más de un centenar de personas se acercaron para participar del acto “Rapsodia para un exilio… la descendencia y el amigo de San Martín”, organizado por Bologna Mendoza, con la adhesión y disponibilidad de la Basílica.
La propuesta se desarrolló en el marco de las conmemoraciones por el fallecimiento de San Martín y tuvo como eje temático de esta edición 2026 “La descendencia y el amigo de San Martín”. La iniciativa buscó estimular la memoria colectiva y acercar al público a la dimensión humana del prócer, con especial atención a su exilio, sus vínculos familiares y sus amistades.
La escena estuvo ambientada con algunos de los símbolos asociados a la figura del Libertador: el bastón, el sombrero, el poncho y los laureles del Gran Capitán acompañaron una puesta que procuró trasladar al público a distintos momentos de su historia.
Una rapsodia sobre el exilio de San Martín
El título de la propuesta no fue elegido al azar. La palabra “rapsodia” tiene su origen en las antiguas poesías cantadas por rapsodas, acompañadas por instrumentos, y también refiere a composiciones libres inspiradas en héroes o personajes épicos.
En este caso, la estructura permitió ensamblar diferentes expresiones artísticas. Los relatos históricos se intercalaron con música, canciones, poesías y danzas, construyendo una narración fragmentaria pero conectada por un mismo eje: la vida de San Martín y las personas que formaron parte de su entorno.
La obra puso el foco especialmente en los hermanos del prócer, sus nietas María de las Mercedes y Josefa Dominga y su amigo Alejandro María Aguado, figuras que permitieron abordar aspectos personales y familiares de San Martín durante su vida y, particularmente, durante su exilio.
Historia, música y danza

La jornada comenzó con la participación del Coro Amigos de Siempre, dirigido por Fernando Gil Estrada, que junto al público entonó el Himno Nacional Argentino.
A partir de allí, los relatos se fueron sucediendo junto con intervenciones musicales y coreográficas. Participaron nuevamente el Coro Amigos de Siempre, además de Omar Hernández, la pareja de danzas Sánchez-Giménez y el Matías Ballet, integrado por Mariana Benegas y Matías Manrique.
Las narraciones estuvieron a cargo de Silvia Chirino y José Jorge Chade, quienes tuvieron la tarea de reconstruir los episodios históricos y presentar a los protagonistas de esta edición de la obra.
La coordinación general, el guion y la parte técnica estuvieron bajo la responsabilidad de Ricardo Olmedo y José Chade.
La dimensión humana del Libertador

Uno de los objetivos centrales del homenaje fue poner en primer plano una dimensión de San Martín que excede su trayectoria militar y política.
A través de los relatos sobre su familia, sus descendientes y su relación con Alejandro María Aguado, la propuesta buscó mostrar al hombre detrás del prócer y recuperar las circunstancias que atravesó durante su exilio.
El homenaje planteó que el legado de San Martín trasciende las campañas militares que condujo para contribuir a la independencia de Argentina, Chile y Perú. Su figura aparece también asociada a valores como la honestidad, el desinterés personal, la defensa de la libertad y la construcción de una visión continental.
En ese sentido, la propuesta artística buscó vincular la memoria de San Martín con valores que continúan formando parte de la identidad histórica argentina y latinoamericana.
Un cierre con emoción y tradición

El acto concluyó con un momento especialmente emotivo. Cuando comenzaron los primeros acordes del Himno a San Martín, todo el público se puso de pie para entonarlo.
Después llegó una reflexión sobre lo vivido durante la jornada y, como cierre musical, el Coro Amigos de Siempre interpretó el Ave María, presentado como un regalo para el público y una despedida.
La ceremonia tuvo finalmente un cierre cargado de simbolismo: el grito “¡Viva la Patria!” resonó tres veces en la acústica de la Basílica de San Vicente Ferrer.
Así, entre relatos, música y danza, la propuesta convirtió el homenaje a San Martín en una experiencia colectiva destinada no sólo a recordar al prócer, sino también a recuperar su dimensión humana y transmitir su legado a nuevas generaciones.

