lunes, agosto 10, 2026

Cultivar la realidad y valorar la vida

COLUMNISTAS INVITADOS. Entre la desigualdad social y la tiranía del «parecer», José Jorge Chade desglosa los factores que marcan la vida de los individuos y propone un camino para revalorizar la realidad por encima de los «me gusta».

Existen tres determinantes importantes que condicionan a las personas y de consecuencia surgen desventajas que se pueden encontrar mientras transitamos por la vida.

La Primeraes la determinante biológica, aquella desventaja que traemos desde el nacimiento o podemos adquirir durante nuestra existencia consecuencia de un déficit (miopía, sordera, problemas motores o psíquicos, etc).

La segunda, la determinante socio cultural, que es aquella sobre la percepción que la sociedad y/o la familia tiene sobre cada una de las personas. (el rengo, el tuerto, el tonto, el loco, el pobre, etc).

La tercera es la determinante psicológica individual que se refieren a la mirada que cada persona tiene sobre sí misma, que puede ser muy diferente a la de la determinante sociocultural.

Estas determinantes son las condiciones en las que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen. 

Poseen factores estructurales que incluyen la economía, las leyes, la política y las normas culturales que deciden cómo se distribuyen el dinero y el poder, también factores intermedios que involucran la vida cotidiana, como el tipo de trabajo, vivienda, escolarización y acceso a alimentos saludables. Muy importante es la posición en la sociedad. Cuanto menor sea la posición socioeconómica de una persona (ingresos, educación, trabajo), menos recursos disponibles y mayores los riesgos para la salud y el bienestar. 

No todas las diferencias son naturales. Muchas tienen su origen en injusticias sociales que pueden corregirse o por lo menos modificarse. La desventaja no solo afecta a los más pobres, ni a la discapacidad, sino que se extiende por toda la sociedad. 

Las normas sociales y culturales pueden influir en el comportamiento de una persona. Por ejemplo, en algunas culturas, se considera de mala educación hablar en voz alta o interrumpir a los demás. Estas normas pueden influir en cómo una persona interactúa con los demás.

Los valores y creencias culturales pueden influir en las decisiones de una persona.

Las percepciones de una persona pueden verse influenciadas por sus experiencias culturales. Por ejemplo, una persona que crece en una cultura que valora la independencia puede percibir la interdependencia como débil o negativa.

Los factores socioculturales influyen también en la salud y el bienestar de una persona. Por ejemplo, los hábitos alimenticios culturales pueden influir en la dieta de una persona y, en consecuencia, en su salud.

La identidad de un individuo puede verse fuertemente influenciada por su cultura. Por ejemplo, una persona puede identificarse como miembro de un grupo étnico o religioso específico debido a sus experiencias culturales.

Los factores socioculturales impactan significativamente en diversos aspectos de la vida de un individuo, incluyendo su comportamiento, decisiones, percepciones, salud e identidad.

La cultura puede considerarse la determinante fundamental de las necesidades y comportamientos percibidos por un individuo. Herbig (2000, p. 3) la define como «el modo de vida del ser humano en su conjunto. Incluye todos los aspectos compartidos por los miembros de una sociedad, como las normas de comportamiento, las creencias, los valores, el idioma y las costumbres;

Las clases sociales son subdivisiones relativamente homogéneas y estables de una estructura social, ordenadas jerárquicamente, cuyos miembros comparten valores, intereses y comportamientos. La pertenencia a una clase social está determinada por una combinación de múltiples factores, como los ingresos, la riqueza, la ocupación y la educación.

Estos se consideran elementos objetivos relevantes para definir el entorno y la mentalidad de un individuo. Las diferencias de clase hoy dependen cada vez menos de las condiciones estrictamente económicas y más de las culturales. Esto también se aplica a la sociedad argentina, cuya evolución se ha caracterizado por un crecimiento significativo de las clases medias urbanas. La mayor movilidad entre clases ha alterado el modelo piramidal tradicional y ha favorecido una asimilación progresiva de patrones de referencia en cuanto al consumo. 

Conocer bien esta temática expuesta nos puede ayudar a vencer paulatinamente esa sociedad donde muy frecuentemente percibimos indirectamente la frase del “Dime cuanto tienes y………..”que no es otra cosa que la sociedad de “parecer” y no del “ser”.

La sociedad de las apariencias es un modelo cultural y social en el que el valor de una persona depende de cómo se ve ante los demás. El exterior, la imagen y la visibilidad superan la sustancia interna. El filósofo Descartes dijo: “Pienso, y luego existo”; ahora la regla parece ser: “Aparento, luego existo”.

El valor de la imagen, la belleza y el cuerpo perfecto son adecuados para que los modelos los imiten. El poder de las redes sociales con sus plataformas digitales anima a la gente a mostrar una vida perfecta. Lo único que importa es ser visto y existir en el ojo público. Lo que debemos tratar de modificar es esa falta de profundidad, esa cobertura de plástico. 

Tenemos que encontrar el equilibrio y aprender a cultivar la realidad. Valorar más los momentos vividos en persona que los fotografiados. Reducir el tiempo en línea. Desconectarse de las redes sociales ayuda a pensar por sí mismo. Sobre todo recordarnos siempre que nuestro valor no depende de los «me gusta» que recibamos.

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