domingo, noviembre 1, 2026

El pulso de la crisis francesa: cuando la violencia deja de asustar según Michel Houellebecq, «el profeta»

El prestigioso y provocador escritor francés Michel Houellebecq volvió a sacudir el debate público europeo durante su paso por el Festival Ja! de Bilbao, en una entrevista concedida al diario ABC de España. 

Más allá de las distopías estrictamente literarias que marcaron su carrera —como sus recordadas novelas sobre el colapso social y político—, el autor analizó la realidad cotidiana de su país con una crudeza analítica que desarma los lugares comunes de la sociología tradicional.

Para Houellebecq, el principal problema detrás de las constantes revueltas y disturbios en las calles francesas no surge meramente de un estallido de descontento social, sino de una pérdida de autoridad estructural: «En Francia la violencia no viene del descontento, ya no hay miedo a la Policía», sentenció, apuntando directamente a un profundo fracaso institucional y judicial.

La normalización del pillaje y la pérdida de autoridad

Durante la conversación, el autor de Sumisión y Plataforma reflexionó sobre cómo se ha transformado el comportamiento colectivo en los espacios públicos franceses. Según su visión, la violencia urbana dejó de ser un hecho excepcional para convertirse en un paisaje recurrente.

  • Costumbre alarmante: «Desde hace ya varios años, cada vez que hay algún evento que reúne a bastantes personas en las calles —da igual si es una manifestación, una fiesta nacional o una final de fútbol— se producen pillajes.Siempre. Cada vez. Es triste decirlo, pero los franceses nos hemos acostumbrado a la violencia», afirmó el novelista.
  • El factor judicial: Para Houellebecq, el deterioro de la convivencia social va de la mano de la impunidad percibida por los transgresores. Sostuvo que existe un claro «fracaso judicial» donde los infractores perdieron el temor a ser detenidos o castigados con firmeza por el Estado.

Más allá de la violencia: espiritualidad y escepticismo

La radiografía cultural trazada por el escritor francés también abordó fenómenos complejos y contrapuestos en la Europa contemporánea. Entre ellos, destacó su mirada sobre el despertar espiritual: a pesar del fuerte proceso de secularización de las últimas décadas, las estadísticas oficiales registran un repunte en indicadores como los bautizos, un fenómeno que calificó de sorprendente e inusual.

Con el tono de escepticismo ácido que lo caracteriza —y que suele valerle el rótulo de «nihilista» en los medios—,Houellebecq reafirmó su distancia respecto a los consensos ideológicos dominantes: «En general no comparto los valores que nos rodean. Una vez dije en broma que te enciendes un cigarro y ya te consideran un nihilista, y esto cada vez es más cierto».

Radiografía de un observador sin recetas

A diferencia de los analistas políticos que intentan buscar soluciones sistémicas o calendarios precisos para las crisis,Houellebecq opta por la honestidad intelectual del observador pesimista. No señala una fecha exacta de cuándo comenzó el declive institucional de Francia, ni ofrece fórmulas mágicas para pacificar el espacio público.

Simplemente expone la erosión del tejido social de un país aturdido por la rutina de los disturbios, demostrando que su mayor talento sigue siendo ponerle palabras lúcidas e incómodas al malestar de Occidente.

Entrevista a Michel Houellebecq en ABC

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