La historia argentina guarda en sus márgenes episodios de singular relevancia que el tiempo y el olvido se han empeñado en opacar. Entre ellos destaca, con luz propia, la primera campaña presidencial de la historia nacional que tuvo a una mujer como candidata: la de Angélica Mendoza, postulado el 1 de abril de 1928 por el Partido Comunista Obrero (PCO). Para rescatar esta gesta pionera, la investigadora y autora del trabajo, Matías Cantilo Labanda, emprende una exhaustiva reconstrucción historiográfica que busca subsanar el histórico vacío académico sobre este hito.
Según destaca Cantilo Labanda en su investigación, la figura de Angélica Mendoza ha sido abordada de forma fragmentada por la historiografía tradicional, la cual centró su atención en su labor pedagógica durante las décadas de 1930 a 1950, en su reconocida obra Cárcel de mujeres (1933) o en su rol durante la huelga docente de 1919 en Mendoza. Sin embargo, la autora advierte que ninguna investigación anterior había colocado el foco en su inédita candidatura presidencial. Para fundamentar su análisis, Cantilo Labanda recurre a una rigurosa revisión de fuentes hemerográficas de la época, principalmente el periódico La Chispa —vocero del PCO—, publicaciones comunistas rivales como La Internacional y Adelante, y diarios de circulación masiva como La Nación.
De los viñedos a la vanguardia política: Biografía y primeros combates

La biografía de Angélica Mendoza, tal como subraya Cantilo Labanda en su artículo, está repleta de incógnitas, empezando por su fecha de nacimiento. La investigadora analiza cómo historiadoras recientes (como Marina Becerra, Florencia Ferreira de Cassone y Marcela Ficcardi) cuestionaron la fecha tradicional de 1889 para situar su nacimiento el 22 de noviembre de 1903. De confirmarse esta hipótesis, remarca la autora, Mendoza habría modificado su edad para competir en 1928 con apenas 24 años —cuando el mínimo legal era de 30—, lo que la convertiría además en la candidata presidencial más joven de la historia argentina.
Originaria de la provincia de Mendoza, la joven dirigente lideró entre 1918 y 1919, junto a Florencia Fossatti, la histórica huelga de maestras en reclamo de salarios adeudados. En el marco de ese conflicto conoció a Rodolfo Ghioldi, con quien se vinculó al Partido Socialista Internacional (luego Partido Comunista de la Argentina), siendo Mendoza una de las fundadoras de la agrupación en su provincia natal.
La fractura ideológica y el nacimiento del Partido Comunista Obrero
Al profundizar en la trayectoria de Mendoza, Cantilo Labanda repasa su pertenencia a la tendencia «izquierdista» dentro del comunismo argentino. Tras la disputa con la facción mayoritaria encabezada por Victorio Codovilla y Rodolfo Ghioldi —respaldada por la Internacional Comunista en pleno proceso de «bolchevización»—, el sector disidente fue expulsado y fundó el Partido Comunista Obrero (PCO), activo entre 1926 y 1929.
Cantilo Labanda explica que Mendoza se convirtió en una de las principales figuras y directoras del periódico del PCO, La Chispa. La autora detalla cómo, tras la disolución del partido, Mendoza continuó su activismo: sufrió persecución y cárcel bajo la dictadura de Uriburu —experiencia volcada en Cárcel de mujeres—, cursó estudios de filosofía y pedagogía, colaboró con la revista Sur junto a Victoria Ocampo, y finalmente se radicó una temporada en Estados Unidos tras obtener una beca en la Universidad de Columbia, antes de regresar a la Argentina tras el golpe de 1955.
La campaña presidencial de 1928: Programa, radicalidad y género
En su análisis sobre la contienda electoral de 1928, Cantilo Labanda precisa que el PCO no concebía las elecciones como un fin reformista para acceder al poder, sino como una «gimnasia revolucionaria» para concientizar a la clase trabajadora hacia la insurrección armada. Pese a ello, la autora resalta que el programa electoral del partido incluyó consignas profundamente avanzadas, como reivindicaciones antiimperialistas, la entrega de tierras e integración plena para las comunidades indígenas (tobas, matacos, aimarás) y la promoción del deporte obrero.
Uno de los aportes centrales de Cantilo Labanda radica en visibilizar el carácter de vanguardia del PCO en materia de género en una época de absoluta exclusión política para las mujeres. La autora señala que la agrupación llevó en sus listas no solo a Angélica Mendoza como candidata a la presidencia y a senadora por Buenos Aires, sino también a Tatiana Soarez como candidata a senadora. Asimismo, Cantilo Labanda destaca que la plataforma partidaria exigía la igualdad política a los 18 años, igual salario por igual trabajo, protección a la maternidad y guarderías en los lugares de trabajo.
Límites, resultados y el balance historiográfico
A pesar de estas novedades, Cantilo Labanda pone de manifiesto el limitado impacto que tuvo la candidatura en las urnas y en los medios. Con una estructura restringida a la Capital Federal, Avellaneda y Pergamino, y en medio de denuncias por boicot y la anulación arbitraria de votos por el solo hecho de votar a una mujer, la fórmula del PCO obtuvo apenas 493 votos (0,03% nacional) en los comicios que consagraron a Hipólito Yrigoyen. La autora constata que la prensa hegemónica, representada por La Nación, invisibilizó casi por completo la postulación de Mendoza.
En sus conclusiones, Cantilo Labanda reflexiona sobre las limitaciones objetivas y subjetivas de aquella experiencia. La investigadora argumenta que el PCO quedó atrapado en un discurso ultraizquierdista y autoproclamatorio que no logró conectar con el movimiento de masas yrigoyeno. Finalmente, la autora concluye con una agudo señalamiento: a pesar del hito revolucionario de llevar a la primera mujer a una candidatura presidencial, el propio partido y sus órganos de prensa desaprovecharon la oportunidad de politizar la figura de Angélica Mendoza y poner de relieve el profundo significado patriarcal y social que su postulación representaba para la Argentina de 1928.
