domingo, noviembre 8, 2026

El LHCb del CERN detecta una desintegración que se buscaba desde 1984, y los físicos la ven como una puerta a la física más allá del Modelo Estándar

El experimento reunió evidencia, con 3,2 sigmas de significación estadística, de que un mesón B⁰ puede transformarse en dos muones. Ocurre una vez cada diez mil millones de casos. El hallazgo aún no fue revisado por pares y no alcanza el umbral para hablar de descubrimiento.

Un equipo internacional del experimento LHCb, en el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) del CERN, anunció el 3 de noviembre la primera evidencia, en un único experimento, de una de las desintegraciones de partículas más raras jamás estudiadas. Así lo informó el diario ABC en una nota firmada por José Manuel Nieves, publicada el 6 de noviembre de 2026, que presenta el resultado como una puerta hacia el “zeptoverso”. El trabajo se puede consultar en el servidor de prepublicaciones arXiv y todavía no pasó por revisión de pares.

Qué se encontró

La partícula protagonista es el mesón B⁰, una partícula subatómica de la familia de las llamadas partículas de “belleza”. Está formada por un antiquark fondo y un quark abajo y es muy inestable: sobrevive apenas una billonésima y media de segundo.

Lo que observó el equipo es que, en una fracción minúscula de los casos, el mesón no se transforma en las partículas habituales. Desaparece y da lugar a dos muones, uno positivo y otro negativo. Los muones son parientes más pesados del electrón, con la misma carga eléctrica y una masa unas 207 veces mayor.

Según el Modelo Estándar, esto solo ocurre en aproximadamente uno de cada diez mil millones de mesones B⁰. ABC lo compara con intentar distinguir el zumbido de un solo mosquito en un concierto de rock.

Por qué importa una desintegración tan rara

El Modelo Estándar describe con gran precisión las partículas elementales y sus interacciones, pero tiene lagunas importantes. No explica qué es la materia oscura, que es unas cinco veces más abundante que la materia ordinaria. Tampoco aclara por qué, tras el Big Bang, sobrevivió tanta materia mientras la antimateria desapareció casi por completo.

Esta desintegración es sensible a esas lagunas porque no puede producirse de forma directa. En el Modelo Estándar requiere una secuencia compleja de procesos cuánticos, con bosones W y quarks cima, lo que los físicos llaman una “transición de corriente neutra” que cambia el “sabor” del quark. Si existieran partículas aún desconocidas, como nuevos bosones de Higgs, partículas Z’ o “leptoquarks”, podrían intervenir y alterar la frecuencia con que ocurre. Esas partículas no tendrían que aparecer en el detector. Bastaría con que dejaran una huella en el número de desintegraciones observadas.

El propio estudio señala que este tipo de mediciones puede explorar escalas de energía de hasta 100 teraelectronvoltios, muy por encima del alcance directo del LHC.

Qué es el “zeptoverso”

El término remite al zeptómetro, una unidad equivalente a una billonésima parte de una milmillonésima de metro (10⁻²¹ m). Como referencia, un átomo mide unos 10⁻¹⁰ metros y el radio de un protón ronda los 8,4 × 10⁻¹⁶ metros. Si se ampliara un átomo hasta un kilómetro de diámetro, un protón mediría unos 1,7 centímetros y un zeptómetro, unos diez nanómetros.

ABC aclara que el zeptoverso no es un universo paralelo ni un lugar que pueda fotografiarse. Es una forma de referirse a una escala de la naturaleza todavía inexplorada, donde podrían manifestarse partículas y fuerzas desconocidas. “Ahora estamos llamando a la puerta del zeptoverso”, dijo Harry Cliff, de la Universidad de Cambridge y director del análisis. La frase conviene leerla con cuidado: el resultado es una evidencia indirecta de un proceso raro, no la observación directa de objetos a esa escala.

Cómo se logró

El avance fue posible gracias a la última actualización del LHCb. Los investigadores combinaron los datos recogidos entre 2024 y 2025 con la información histórica de 2011 a 2018. Usaron además redes de inteligencia artificial y aprendizaje automático para aislar la señal. Participaron casi veinte científicos de Reino Unido, Alemania, Italia, España y Países Bajos.

La búsqueda se inició en 1984, cuando el experimento CLEO, en Estados Unidos, intentó detectar por primera vez este proceso. Cliff señaló que los físicos llevan buscándolo desde antes de que él naciera.

Una evidencia, no un descubrimiento

El resultado alcanza 3,2 sigmas al combinar los datos nuevos con los anteriores. En física de partículas, ese nivel permite hablar de evidencia de un fenómeno, pero no de descubrimiento. Para eso se exigen cinco sigmas. Por eso la expresión “pruebas de la existencia del zeptoverso” que aparece en el título original merece precaución.

Los investigadores esperan alcanzar ese umbral con la siguiente gran actualización del colisionador, prevista para mediados de la década de 2030, que multiplicaría por diez la recolección de datos.

La sombra del financiamiento

El avance llega con una advertencia política. El Reino Unido lidera el proyecto, pero el año pasado la agencia de investigación británica UKRI retiró su aporte de 200 millones de dólares para esa misma actualización. Tim Gershon, líder de la colaboración LHCb, advirtió que el país corre el riesgo de quedar fuera y de no volver a participar en descubrimientos importantes.


Fuente: ABC (España), “El CERN halla pruebas de la existencia del zeptoverso, el mundo más pequeño jamás detectado”, por José Manuel Nieves, 6 de noviembre de 2026. Los resultados citados proceden de la colaboración LHCb del CERN y no fueron revisados por pares.

Bonus track: Esteban Tablón en «Café 617»

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