domingo, abril 26, 2026

El pueblo, como escudo humano en la huída chavista

El agónico régimen político militar venezolano echa mano a un pedido de ayuda a la población para salvarse, lo que demuestra su propia inoperancia en la materia que debieran dominar exitosamente y a la perfección: la defensa.

Es un botón de muestra de su propio fracaso el presumido «entrenamiento a civiles en manejo de fusiles» que el régimen chavista de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello inicio para, potencialmente, «defenderse de una invasión extranjera», con la mira puesta en la presión que ejerce EEUU y, en particular, la Administración Trump basada en la «lucha contra el narcoterrorismo».

Con más de 25 años en el poder, el gobierno surgido de un golpe militar llevado adelante por Hugo Chávez Frías tiene de rodillas no solo a opositores y fuera del país gran parte de la población, sino a las propias fuerzas armadas que le dieron sustento a aquello que en 1998 se llamó «revolución» y de la que, si es que lo fue, quedan solamente las sombras fantasmagóricas.

Es que las fuerzas armadas fueron desmanteladas como poder de defensa para convertirse en un eslabón más de la maquinaria de contrabando de alimentos, medicamentos y otros bienes de consumo popular, regulándolo a su gusto y antojo y constituyendo, con ello, una casta de multimillonarios al mejor estilo de una nación bananera, cosa que nunca antes hubiera imaginado en aquella gloriosa Venezuela que refugiara, en el pasado, a miles de perseguidos en otras naciones y les brindara universidades para su formación y contención.

Repartir armas de fuego en la población civil delata la inoperancia militar. En 25 años pudieron reorganizarse y profesionalizarse. Con las manos libres para el uso y abuso de los recursos, pudieron, además, equiparlas a más no poder, más aun con sus aliados antioccidentales en pleno furor armamentista, como Rusia e Irán, sin mencionar a los grupos del terrorismo internacional con los que mantiene relación el régimen.

Pero no es solo su fracaso militar lo que queda en evidencia, sino también la necesidad de utilizar a la población como escudo humano para su huída.

Escribió en el diario El País de España, que nadie puede tildar, precisamente, de pro Trump, precisamente: «El nerviosismo se ha disparado entre Maduro y su guardia pretoriana. Dicen tener preparados varios millones de combatientes -una cifra imposible de verificar- y esperan sumar todavía más con estas prácticas exprés. Más de uno ha arqueado las cejas. Enfrente estaría nada más y nada menos que el ejército con la mayor potencia de fuego que haya existido nunca en la historia de la humanidad, uno capaz de rendir a Irán en una noche con el lanzamiento de las bombas no nucleares más dañinas que se conozcan. Sin embargo, Maduro y el número dos del régimen, Diosdado Cabello, e incluso el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, no han dado ninguna muestra de sumisión frente a la amenaza estadounidense y a menudo citan las experiencias bélicas de Vietnam o Afganistán como el ejemplo de que es posible resistir».

Nadie puede menos que imaginar a gente sin capacidad técnica disparando sin ton ni son armas preparadas para matar, mientras los jerarcas utilizan el poder militar para comprar tiempo destinado a esconderse y escapar.

Indudablemente las secuelas serán gravisimas para la gente, ya que la manipulación de esas armas dejará como consecuencias que resuelvan sus propios problemas de la peor manera.

Uno puede imaginar regímenes truculentos, pero no tanto como en lo que ha degenerado el chavismo venezolano: impulsando a una población empobrecida, que ha perdido de peso, que ya no tiene derechos y que ni siquiera ha podido escapar como otros millones sí, que ponerlos ante la posibilidad cierta de morir con armas repartidas por el propio gobierno.

Una peligrosa payasada más que, suponiendo que le régimen caiga, dejará un trauma que tardará muchos años en superarse.

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