miércoles, junio 3, 2026

Cuando las alertas no bastan: «El secreto de sus ojos» y el caso Agostina

COLUMNISTAS INVITADOS. Escribe el criminólogo Eduardo Muñoz. Del cine a la tragedia de Córdoba, el análisis de cómo el sistema ignora las señales de peligro antes de que se conviertan en crímenes irreversibles.

A diecisiete años de su estreno, la película El secreto de sus ojos se mantiene como uno de los hitos más impactantes del cine nacional, no solo por la crudeza del asesinato que narra, sino por exponer a un sistema que, aun conociendo una amenaza real, se muestra incapaz de contenerla. Esta misma dolorosa matriz parece replicarse hoy en la realidad con el femicidio de Agostina Vega en Córdoba, un caso que vuelve a poner bajo la lupa la inoperancia de las estructuras que deben protegernos y reabre un debate urgente sobre las grietas del entramado institucional.

A diferencia de lo que podría pensarse, la conexión entre la obra cinematográfica y el crimen de la joven cordobesa no radica en sus particularidades históricas ni en la naturaleza de los delitos, sino en el preocupante historial de los agresores. Tanto en la pantalla como en la vida real, los responsables contaban con alarmantes antecedentes penales y denuncias previas que ya habían alertado a las autoridades. Sin embargo, la falta de medidas preventivas eficaces y la subestimación del riesgo permitieron que ambos continuaran en libertad, demostrando que la impunidad muchas veces se construye mucho antes de que se cometa la tragedia definitiva.

La columna completa de Eduardo Muñoz

El secreto de sus ojos y el caso Agostina: el peligro que nadie logró contener: cuando la ficción se parece demasiado a la realidad

La ficción suele conmovernos porque nos permite imaginar lo que nunca vivimos. Pero algunas historias permanecen vigentes por otra razón: reflejan problemas que siguen presentes en la realidad.

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Diecisiete años después de su estreno, El secreto de sus ojos continúa siendo una de las películas más impactantes del cine argentino. No solo por la brutalidad del crimen que investiga Benjamín Espósito, sino porque retrata una situación que sigue repitiéndose: instituciones que conocen una amenaza, identifican señales de alerta y, aun así, no logran impedir que conserve capacidad de daño.

El femicidio de Agostina Vega en Córdoba vuelve a colocar esa realidad en primer plano.

El agresor no surge de la nada

La similitud entre ambos casos no está en las circunstancias del crimen ni en el contexto histórico. Se encuentra en un aspecto más profundo: ninguno de los agresores apareció de manera sorpresiva.

En El secreto de sus ojos, Isidoro Gómez es identificado, detenido y condenado por la violación y el asesinato de Liliana Colotto. Las instituciones saben quién es, conocen sus antecedentes y comprenden el peligro que representa. Sin embargo, recupera la libertad y vuelve a desenvolverse dentro de una estructura que le permite seguir actuando.

En el caso Agostina, Claudio Barrelier tampoco era un desconocido para las instituciones. En 2025 había sido detenido por privación ilegítima de la libertad tras un episodio grave en el que una joven logró escapar de su vivienda semidesnuda y maniatada. A pesar de esos antecedentes, recuperó la libertad y continuó desempeñándose como becario municipal.

Se trata de hechos distintos y de contextos diferentes. La película transcurre en la Argentina atravesada por la violencia política de los años setenta. El caso Agostina pertenece a otra época y, hasta el momento, no existen elementos que permitan hablar de un encubrimiento político del crimen. Sin embargo, ambos exponen una misma falla estructural: el sistema enfrenta señales de peligro suficientemente claras y no consigue contenerlas de manera efectiva.

La impunidad antes del crimen

Cuando se habla de impunidad, casi siempre pensamos en lo que ocurre después del delito. Sin embargo, existe otra forma de impunidad que suele pasar inadvertida: la que se construye antes del hecho, cuando las señales de alerta se acumulan, los antecedentes se conocen y, aun así, nada cambia de manera suficiente para reducir el peligro.

Tal vez por eso El secreto de sus ojos sigue provocando tanto impacto. La indignación del espectador no surge solo por el crimen, sino por lo que ocurre después. Isidoro Gómez ya ha sido identificado y condenado cuando el poder político decide reincorporarlo a una estructura de protección.

El caso Agostina genera una sensación similar. Más allá de las responsabilidades penales que determine la Justicia, permanece un interrogante inevitable: ¿qué mecanismos fallaron para que una persona con antecedentes tan preocupantes siguiera acumulando oportunidades para causar daño?

No se trata solamente de analizar al autor del hecho. También implica observar las vulnerabilidades que permanecieron activas a pesar de las advertencias existentes. Allí suele encontrarse una parte importante de la explicación de por qué ciertos riesgos evolucionan hasta convertirse en tragedias.

Lo que realmente no envejece

Esa es, probablemente, la razón por la que El secreto de sus ojos mantiene su vigencia casi dos décadas después. No solo narra la historia de un asesino. También retrata una debilidad institucional que atraviesa épocas, gobiernos y contextos sociales.

Tanto en la ficción como en la realidad, el desafío no consiste únicamente en detectar señales de peligro. La verdadera prueba comienza después: convertir esa información en decisiones capaces de reducir vulnerabilidades antes de que el daño ocurra.

A veces la tragedia no comienza el día del crimen. A veces empieza mucho antes, cuando el peligro ya está a la vista y nadie consigue detenerlo.

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