COLUMNISTAS INVITADOS. Guillermo Caggiati dice «presente» en el debate en torno a la libertad, la justicia y la Inteligencia Artificial tras la entrevista con el autor Martín Carranza a raíz de su libro y estudio sobre el tema.
En tiempos en que la inteligencia artificial promete eficiencia, empatía simulada y respuestas instantáneas, Guillermo Caggiati propone una pausa. En su columna “Búsquenme en el país de la libertad”, parte de una lectura sobre el libro Libertad y Justicia en la Era de la Inteligencia Artificial, de Martín Carranza, para llevar la discusión mucho más allá de lo tecnológico: hacia el terreno moral, cultural y cotidiano.
Desde una bicicleta en movimiento hasta una rotonda en Luján de Cuyo, Caggiati traza una metáfora sobre nuestra relación con los algoritmos y cuestiona si estamos preparados para delegar en ellos decisiones que antes exigían criterio propio. ¿La IA nos hará más libres o apenas más dependientes? ¿Revalorizará lo humano o lo imitará con mayor eficacia? Una invitación a frenar, pensar y —tal vez— pedalear sin scrollear.
El artículo textual de Guillermo Caggiati
Búsquenme en el país de la libertad
Me llegó por WhatsApp una nota de Gabriel Conte mientras estaba donde hay que estar cuando el cuerpo pide tregua: ¡Arriba de una bicicleta! que siempre acompaño con mi particular idea de que el mundo puede seguir su rumbo, aunque uno no desbloquee la pantalla del celular. No es desinterés: es supervivencia.
El mensaje citaba a Martín Carranza y su libro Libertad y Justicia en la Era de la Inteligencia Artificial. Una aparente promesa sobre revalorizar la inteligencia humana, la empatía, el humor, el amor. Al parecer era una seducción a creer que todo va a estar bien con la IA. ¡Nada que temer!. (ver nota: https://gabrielconte.com.ar/martin-carranza-ia-libertad-y-justicia-vamos-a-revalorizar-la-inteligencia-humana-la-empatia-el-carisma-la-compasion-la-alegria-el-humor-la-espontaneidad-las-debilidades-las-fortalezas-e/)
Cuando leí la nota de Gabriel o el libro de Carranza puede entender que la discusión no es técnica, es moral. ¿Puede la IA revalorizar lo humano o simplemente simularlo mejor? ¿Puede enseñarnos empatía una herramienta que aprende de nuestros peores sesgos? Que tipo de libertad puede darnos el algoritmo? Que hay de la justicia?
Pienso en la vieja hemeroteca de Diario Los Andes. Olor a papel, máquinas de escribir, periodistas que repetían una máxima simple: escuchar dos campanas… y buscar una tercera. Verificación múltiple. En aquellos tiempo, lo escrito quedaba en tinta; el error pesaba. Hoy una noticia en TikTok se consume como verdad ABSOLUTA, aunque haya sido fabricada íntegramente por IA. ¿Dónde está la libertad y la justicia en ese clic automático?
No estamos preparados para lo que viene
Salgo de casa en Luján de Cuyo y atravieso tres rotondas flamantes antes de llegar al trabajo. En California, ante un cruce de cuatro manos con un cartel de STOP, se frena. Se cede el paso a quién tenga prioridad. No hay choques, no hay bocinas, no hay insultos y tampoco se forman colas. Sin semáforos ni inspectores. Personas adultas coordinando. En Luján necesitamos señalización redundante. Carteles de prevención, ojo que viene la rotonda y un lomo de burro. Viene el lomo de burro y finalmente la rotonda. No sin antes pasar por unas tachas de la gestión anterior. También,… todo advertido por Waze (por si fuera poco).
Me incluyo en esta: Somos simios con Smartphone haciendo rotondas. Y quizás por eso celebramos que una inteligencia artificial nos ordene el caos que no sabemos gestionar solos.
Extremos no. El camino del medio por favor
Carranza sostiene que la IA no tiene ética propia; la responsabilidad recae en la persona que decide utilizarla o administrarla. Y si bien estamos de acuerdo en la mayoría de lo que plantea el autor, insistimos que un par de rotondas para fijar algunas reglas del juego no nos vendrían mal. Si a esta altura no pudimos establecer límites para quienes la crearon, estamos a tiempo de un reglamento para quienes la usen. Solo la rotonda, sin tachas, sin lomos de burro.
El espíritu santo de la tecnología
Solo por mencionar ejemplos sencillos…. Si tu hijo tiene menos de 5 años… no le des el celular. En las aulas de la primaria se apaga el chelu. Solo se prende cuando la maestra lo indique para actividades precisas. Si tenés más de 30 años NO buscar validación emocional constante. Solo por mencionar ejemplos. Adviértase que a esta altura, el teléfono celular, la inteligencia artificial y el algoritmo es la misma “persona”. Es el espíritu santo de la tecnología.
No sé si Carranza tiene razón cuando dice que todo está bien. Tal vez la IA nos obligue a valorar la risa compartida, el silencio sin notificaciones, la conversación imperfecta. Tal vez todo lo contrario. Soy de los que creen que la IA es una herramienta espectacular pero solo para aquellos que la sepan usar. Pobres de aquellos que sean usados por el algoritmo. Sería bueno, un par de rotondas para estos últimos e intentar realmente democratizar la tecnología para que esté al servicio de todos y no todos al servicio de la tecnología.
Esto no viene a cambiar el mundo. Apenas intenta recordarnos algo que ninguna inteligencia artificial puede hacer por nosotros: pedalear sin scrolear, disfrutar sin rendimiento, dudar sin algoritmo, escribir sin KPI (métrica para evaluar si la nota es leída o no), leer sin productividad. El verdadero ejercicio es otro: sostener el sentido crítico. Entender que no todo lo que está impreso merece fe, que no todo lo viral merece atención. Que la libertad no es repetir lo que circula, sino decidir —con criterio propio— si hay sustancia o apenas humo liberal.
Título: León Gieco
Nota: Guillermo Caggiati
Arreglos: Chatgpt
Foto: Nano Banana Pro
