domingo, mayo 31, 2026

Las empresas que experimentan en Chile tras nacer en Argentina

Una mirada para pensar en torno a los males endémicos, cíclicos y que no cambian a pesar de las constantes apelaciones al «cambio» que se hacen desde los sectores dirigentes, y no solo políticos, sino también empresarios.

Cada vez más empresas y personas experimentan trabajar en Chile y dan testimonio de las diferencias que encuentran entre habilitar un negocio, por ejemplo, detrás de la cordillera y sobrevivir (en esos términos se habla) de este lado.

En primer lugar hay que hablar del espíritu de supervivencia argentina: es que es muy difícil desaferrarse del lugar en donde se han echado raíces, tanto personales como profesionales. Eso ha permitido «aguantar» más de lo que cualquier otro emprendedor en el mundo libre hubiera podido.

Una serie de factores educativo culturales y de práctica contínua han llevado a que se llegue a afirmar que «está mal» querer tener un mayor margen de ganancia, cuando eso resulta inherente a todas las culturas, aun las ancestrales, del ser humano y que no obsta para que se experimenten posibilidades de rerducirlas de acuerdo a objetivos, que pueden ser individualistas, de oportunidad o por solidaridad: da igual.

Ese mismo condicionamiento mental que parece haberse arraigado en los genes argentinos es el que sostiene consignas que alguna vez oyeron de quien los representó políticamente. Y lo hacen como loros, sin pensar ni admitir posibilidad de cambio o evolución, ni qué hablar de errores en su configuración. A eso le llamamos «ser cabeza de termo», una discapacidad que parece tener características epidémicas, aunque con pocas posibilidades de recuperación, salvo que el padeciente, si es que ademas tiene algún espíritu emprendedor, logre vivir la experiencia de la libertad de mercados real.

De allí que quienes han abierto empresas o desarrollado su actividad profesional o comercial en Chile, por citar un ejemplo cercano, logren ver lo que es que el Estado se lleve una cantidad monumental de los recursos que conseguís con tu trabajo, y cómo es aportar solo un impuesto que tiene que ver con tu margen de ganancias y que, en caso de pagar demás, hasta te devuelven lo correspondiente.

La argumentación «cabezadetermista» alegaría nacionalismos teóricos y sensoriales, que los impuestos sirven para sostener al «Estado presente» y muchísimas etcéteras más, articuladas con frases hechas como si se tratara de un collage de discursos tan buenudos como falsos o vacíos. Porque toda la carga impositiva que ya se ha aportado bastaría para que Argentina «humille» a Chile en materia de infraestructura, alimentación de la sociedad, acceso educativo y egreso de universidades, por ejemplo, tanto como en cantidad de empresas cada mil habitantes o bien en torno al capital financiero instalado y accesible, para motorizar más y más acciones.

Eso último, los supuestos beneficios de pagar tantos impuestos no existe, es falso, es una ilusión, un espejismo si se quiere metaforizar al respecto. Podrían alegarse que quitarlos haría derrumbar los servicios que ya existen, como hospitales o escuelas, pero eso no es más que una amenazad apara que todo siga igual. Repito una frase que ya he usado en varias columnas: «Así de mal como estamos, estamos bien», es el caracú del pensamiento que nos extorsiona y mete miedo al cambio real, y con el que se admite algún maquillaje de la realidad, pero no una cirugía profunda que lo cambie todo, que permita ponerse de pie y no solo caminar, ¡correr!

El ejemplo de empresas mendocinas en Chile fue tomado aquí por la muy buena charla que sostuvimos con el empresario gastronómico Raúl Roitman, que acaba de abrir «Chiuso», un restaurante premium en la zona más pituca de Santiago. Podríamos haber hablado de la experiencia uruguaya y no soslayar la otra versión, la que los denuncia tontonamente como partícipes de una «evasión» o «elusión» de impuestos por irse del país, tal como las acusaciones sufridas por las compañías que se radicaron en Uruguay, por ejemplo, en la etapa más siviética del kirchnerismo.

Pero tanto Roitman como, por ejemplo, Flavio Kristich y su familia, con su marca «Fuente Mayor» en hotelería y construcción, no se fueron ni mucho menos huyeron, sino que siguen aquí y en la expansión en Chile, prueban muy probablemente cuál es la verdad de las cosas, en dónde radica la verdad y en qué mentes, la mentira que no por repetirse muchas veces a lo largo de la historia, llega a transformarse en una certeza.

Les comparto abajo la charla con Raúl Roitman en el programa «Café 617» por 617 Multiplataforma:

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