COLUMNISTAS INVITADOS. A partir de una lúcida premisa de José Saramago, el Dr. Eduardo Da Viá examina los sutiles y sistemáticos mecanismos de inculcación que moldean la vida humana. Desde la fe religiosa y la instrucción militar hasta el Juramento Hipocrático y el marketing digital, el autor cuestiona la obsesión social por colonizar el pensamiento ajeno.
El intento de moldear las conciencias ajenas constituye una de las dinámicas más persistentes y menos percibidas de la experiencia social. En una profunda reflexión que toma como catalizador el pensamiento del Nobel portugués José Saramago, el Dr. Eduardo Da Viá desentraña las múltiples capas de adoctrinamiento a las que el ser humano es sometido desde la infancia. Su análisis no se limita a las variantes malintencionadas o mercantiles, sino que se extiende con igual rigor hacia aquellas instituciones de apariencia benéfica —como la familia, la religión tradicional y la formación académica—, demostrando que la frontera entre la transmisión legítima de valores y la imposición de dogmas suele ser peligrosamente difusa.
A través de un recorrido autobiográfico y conceptual, Da Viá contrapone la repetición irreflexiva de fórmulas frente a la autonomía del juicio crítico. El autor desmitifica hitos de su propia formación, exponiendo las contradicciones de la sumisión eclesiástica y el verticalismo militar, para luego trasladar su mirada al presente, donde el bombardeo publicitario y el auge de los «influencers» configuran la versión contemporánea de esta colonización mental. Apoyado en una advertencia aristotélica sobre la naturaleza de la persuasión, el texto funciona como un enérgico llamado ético a preservar la pureza del pensamiento frente a las trampas de la manipulación.
La columna completa de Eduardo Da Viá
El adoctrinamiento es una falta de respeto
La lectura de un artículo de José Saramago que me obsequiara un amigo, lector y pensador a la vez que colega médico, con la claridad de su exposición y una irrefutable lógica que siempre lo caracterizó, Saramago fue no solo un gran Literato y Premio Nobel sino un reconocido filósofo y que expondré a continuación, me inspiró para escribir sobre ideas que bullían en mi interior pero que evidentemente necesitaban de una disparador para aflorar, pues bien, Don José apretó el disparador con las siguientes expresiones:
«EL TRABAJO DE CONVENCER ES UNA FALTA DE RESPETO, UN INTENTO DE COLONIZACIÓN DEL OTRO»
EL PENSAMIENTO DE JOSÉ SARAMAGO REVOLUCIONA EL DEBATE FILOSÓFICO ACTUAL AL CUESTIONAR LA OBSESIÓN POR PERSUADIR, PROPONIENDO UNA ÉTICA DEL DIÁLOGO BASADA EN LA ACEPTACIÓN DE LA DIVERSIDAD Y EL RESPETO MUTUO”
Si lo pensamos desapasionadamente, durante buena parte de nuestras vidas hemos sido sometidos a infinidad de adoctrinamientos, sin advertirlo en los momentos en que el intento se producía.
A lo largo de mi ya prolongada vida y aprovechando el misterio de mi persistente lucidez, volviendo la vista atrás puedo comprobar lo ut supra expresado.
Me adoctrinaron, con mayor o menor éxito; a veces para siempre, las más en forma transitoria hasta que yo mismo evaluaba los contenidos del tema inculcado para decidir si coincidía o no y en consecuencia si las ponía en práctica si no había comenzado, o las suspendía de haberlas iniciado
Las doctrines puedo dividirlas en dos grandes categorías, una son aquellas que buscan beneficiarnos en nuestra vida; las otras pretenden solapadamente beneficiar al adoctrinador
Entre las primeras figuran las enseñanzas recibidas por parte de los padres referidas casi siempre a modelar el comportamiento social y para con el resto de la familia, bien intencionadas por cierto y carentes de mezquindades.
Rigidez en las nociones de higiene, respeto por los animales, los mayores, los maestros y compañeros de escuela, así como no mentir y no robar.
Estas dos últimas estrechamente vinculas al adoctrinamiento religioso tradicional, católico, apostólico y romano, de donde se desprendían el temor a Dios, la existencia del pecado y el rechazo a Satanás.
En aquellos años, los de la segunda guerra mundial, casi todas las personas y sus respectivos hijos eran católicos, pero sin un análisis profundo del significado teórico y práctico de la fe profesada, incluso los clásicos bautismo y primera comunión eran más bien rituales sociales que plena comprensión de los riesgos del sometimiento a la doctrina cristiana o cualquier otra que solía aparecer muy de vez en cuando en hogares protestantes, judíos o musulmanes.
Pero aun así no éramos fundamentalistas en ninguno de los casos, porque la reality era que había que creer en alguien o en algo y logrado eso estábamos en paz con la familia y con el Dios elegido.
Sin embargo, el temor era el fundamento para la obediencia, con el temible Infierno en primer término, el un tanto más benigno purgatorio y por fin el ansiado paraíso.
En el caso del dominante cristianismo, las oraciones tradicionales eran la vía de entrada de la creencia y hasta de la devoción, fin último en realidad perseguido por el clero, con quien tarde o temprano entrábamos en contacto.
El Credo era un resumen de las ideas indiscutibles, seguido por el Ave María y el Yo pecador.
La Historia Sagrada había que leerla, sobre todo en la preparación para la primera comunión a pesar de no recordar si alguna vez me explicaron el significado de comunión.
Pero convengamos en que la realidad era repetir sin pensar, lo que nos brindaba paz interior, y si algún pecadillo cometíamos, que de hecho lo hacíamos, en casi todos los casos absolutamente veniales y que el domingo era pagado con un par de oraciones, luego de habérselo confiado al confesor.
Mucho más tarde en la vida habríamos de aprender duramente cuán pecadores eran muchos de los confesores, qué atrocidades cometían en el mismo templo en que, arrodillados en señal de sumisión, recibíamos el tan ansiado perdón y con ella esa hermosa sensación de liberación que experimentábamos al salir de la iglesia, ignorantes que acto seguido de finalizar el oficio, el “padre” se acostaba con el monaguillo.
Y con la Madre Superiora del colegio al que estaba vinculada la iglesia en cuestión.
Uno de los monjes del hoy famoso monasterio Cristo Orante fue paciente mío y jamás sospeché siquiera lo que ocurría intramuros.
El caso Próvolo, apañado hasta por el Papa, fue la culminación de la mentira y la obscenidad en su máxima expresión.
Pero ellos, los monjes, eran paladines del adoctrinamiento.
El segundo campo fértil, fue en mi caso y en el de cientos de niños luego jóvenes, el Liceo Militar, versión suave del Colegio Militar.
Aprendí muchas cosas en esa institución, en especial los conocimientos de un secundario de excelencia, de las bondades de la camaradería y el respeto a profesores y oficiales.
A tal punto que soy un orgulloso liceísta, pero no advertía en su momento, que soterradamente estábamos siendo sometidos a una línea de pensamientos y creencias perfectamente diseñadas para el sometimiento a intereses personales de la superioridad, aparte de defender a la patria en caso de peligrar.
Una de las arengas preferidas era, por parte del oficial: ¡SUBORDINACIÓN Y VALOR! A lo que debíamos responder “PARA DEFENDER A LA PATRIA”, y lo hacíamos emocionados y orgullosos.
Otro contrasentido del que fuimos muchas veces víctima era la expresión “EL SUPERIOR SIEMPRE TIENE LA RAZÓN Y MÁS CUANDO NO LA TIENE”.
En el cementerio de Malvinas, hay 649 cruces, una por cada uno de los que creyeron y acataron las arengas.
Nunca supieron lo que pretendía el presidente de facto Leopoldo Fortunato Galtieri, que no era otra cosa que intentar recuperar un prestigio que nunca tuvo.
Por último y para no prolongar, no puedo menos que referirme al afamado “Juramento Hipocrático”, atribuido al famoso Médico de Cos, isla del Mar Egeo, siglo V a. C; y muy similar al texto de Maimónides destacado médico y filósofo judío del siglo XII, nacido en Córdoba, Andalucía.
Al parecer las palabras de Hipócrates traducidas al latín fueron:
PORRO PRAETEREA ET SANCTEM VITAM ET ARTEM MEA CONSERVABO
LA TRADUCCIÓN ES: PROMETO CONSERVAR PUROS MI VIDA Y MI ARTE.
Por lo general el acto del juramento es muy respetado y se lo cumple con gran emoción, casi siempre en presencia de los padres y demás parientes cercanos, juntos con compañeros y amigos.
Pero esa promesa, en demasiados casos resultaba un mero formalismo dado que el novel galeno ya tiene in mente las innúmeras artimañas para llenarse de dinero lo antes posible.
Abundan lamentablemente las noticias de atrocidades cometidas por médicos en perjuicio de sus crédulos pacientes y siempre tras el dinero.
Pero el intento de adoctrinamiento se hizo con el acto de jurar, que debería ser innecesario partiendo de la base que la medicina, pura en sí misma, habrá de ser ejercida con absoluta honestidad por parte de los médicos.
Craso error, si bien la pureza de la vida es una cuestión particular, la del arte en cambio es moralmente obligatoria, y hoy la tentación permanente mediado por los laboratorios medicinales y los fabricantes de artefactos, casi siempre protésicos; desde el simple anteojo a las prótesis complejas se tiñen con el obsceno color del soborno.
El juramento es un intento sano de adoctrinamiento, por cuanto el jurado que lo toma no se ve favorecido en nada con la adhesión por parte del recién recibido.
Esto demuestra que no todos los adoctrinamientos son interesados, sino que procuran establecer un compromiso de correcto proceder.
Pero sin duda alguna, la forma más común es la propaganda, paradigma de la intención de convencer al incauto de la impostergable necesidad de poseer y tanto más cuanto más prescindible sea el producto o la actitud en venta; las ventanas emergentes son una falta absoluta de respeto, ya instituidas ante la imposibilidad de evitarlas. Pero el daño está en la mentira de la mayoría de las utilidades que a partir de la adquisición obtendrá el supuesto beneficiario.
Productos cosméticos, en especial los pomposamente llamados anti age, la infinidad de champús uno mejor que otro para la conservación, o recuperación del cabello y para exaltar el brillo y la suavidad.
Medicamentos de venta libre y hoy en base a extractos vegetales porque la moda lo exige, en especial dirigidos a la población anciana con garantía de recuperación de la movilidad articular, de la potencia sexual y de la fuerza muscular.
Los dentífricos con acciones cuasi milagrosas sobre los traqueteados dientes, devolviéndoles la blancura y la resistencia.
Digestivos y analgésicos, dietas “balanceadas” con entrega a domicilio.
En fin la lista de mentiras disfrazadas de benéficas y reiteradas al cansancio y tras las cuales se mueven miles de millones de la moneda que gusten, hoy incrementadas por la acción de los llamados “influencers” cuya misión es tan obvia como descarada y que cosechan fortunas aprovechándose de la estupidez humana, por suerte para ellos harto frecuente.
En fin maestro Saramago, Ud. lo definió con maestría, yo lo reitero con convicción, pero el mundo no nos hará caso.
Supongo que Ud. lo dijo porque sentía la necesidad moral de hacerlo, advirtiendo a los necios de las trampas tendidas por hábiles pero deshonestas mentes, y yo adhiero a sus palabras por la misma razón, no quiero “pecar” por omisión, no vaya a ser cierta la fábula del infierno y termine dando con mis huesos en una hoguera eterna por permanecer callado sabiendo la verdad.
LA PERSUASIÓN ES EL ARTE DE LOGRAR QUE ALGUIEN HAGA ALGO QUE NORMALMENTE NO HARÍA SI NO SE LO PIDIERAS. – ARISTÓTELES
