viernes, abril 17, 2026

Infancias robadas: una deuda urgente frente a la esclavitud infantil

COLUMNISTAS INVITADAS. En el Día Mundial contra la Esclavitud Infantil, la docente y columnista Elia Ana Bianchi Zizzias reflexiona sobre la vulneración sistemática de derechos de niños, niñas y adolescentes, y llama a una acción colectiva frente a la indiferencia social.

En el marco del Día Mundial contra la Esclavitud Infantil, que se conmemora cada 16 de abril, la columnista Elia Ana Bianchi Zizzias propone una mirada crítica y profundamente humana sobre una problemática que persiste a escala global.

A través de su experiencia como docente en contextos vulnerables, la autora expone las múltiples formas de violencia que atraviesan las infancias —desde el trabajo forzado hasta el abandono y la indiferencia institucional— y pone en evidencia la brecha entre los compromisos internacionales y la realidad cotidiana.

Su reflexión interpela no solo a los Estados, sino también a la sociedad en su conjunto, recordando que la protección de los derechos de niños, niñas y adolescentes requiere compromiso activo, sensibilidad y acción urgente.

La columna de Elia Ana Bianchi de Zizzias

Por la causa de los niños, niñas y adolescentes
Día Mundial contra la Esclavitud Infantil

Cada 16 de abril se conmemora esta fecha en memoria de un niño paquistaní, Iqbal Masih, que enfrentó a las mafias. A los 12 años fue asesinado en 1996, y se encontraba en condiciones de esclavitud.

Alrededor de 400 millones de niños en el mundo trabajan en condiciones de esclavitud, trata y servidumbre en talleres clandestinos.

Todas las niñas, niños y adolescentes del mundo, además de tener los mismos derechos humanos generales que las personas adultas, tienen derechos específicos que reconocen sus necesidades especiales.

Así, es vital comprender que los derechos de la infancia y la adolescencia no solo buscan garantizar su bienestar físico y emocional, sino también brindarles la oportunidad de crecer en un entorno que fomente su desarrollo integral, su protección y su participación en la sociedad.

Los derechos de la infancia y la adolescencia están reconocidos en la Convención sobre los Derechos del Niño, el tratado internacional más ampliamente ratificado del mundo.

Mientras se suceden en el tiempo y en los espacios las instituciones internacionales, las declaraciones de objetivos que no se cumplen, los congresos, los planes gubernamentales, etc., las infancias siguen sufriendo las terribles consecuencias de la violencia universal: las guerras, el narcotráfico, la pobreza, la indiferencia, el trabajo infantil, la trata.

Reconozco y admiro a grupos que trabajan incansablemente en escenarios de pobreza, desnutrición y abandono, pero todos, sin excepción, están pidiendo la colaboración de víveres o dinero para poder subsistir. Tal es el caso de CONIN, institución modelo en nuestra provincia que atiende a niños desnutridos.

Mientras escribo este artículo, no puedo dejar de pensar en el rostro de sufrimiento de Ángel, de cuatro años, demandando ayuda para poder soportar su padecimiento; víctima no solo de sus padres, sino también de la indiferencia y falta de acción de maestras, psicólogas, jueces y vecinos, hasta concluir su martirio con su muerte.

Ángel simboliza el grito de tantos “ángeles” ignorados que viven su infancia robada.

La violencia en las escuelas crece a pesar de los consejos de expertos. Los niños necesitan ejemplos, protección familiar y contención escolar con educación y respeto, no solo con leyes penales.

Por muchos años he sido docente en establecimientos primarios y secundarios muy vulnerables, y sé que se puede cruzar la línea desde la violencia hacia la ternura. Seguramente me objetarán que nuestros paradigmas de época han cambiado, con el advenimiento de la tecnología, pero creo que los valores que nos humanizan deben permanecer intactos si no queremos ser humanoides del mercado.

Es necesario que la ciudadanía se involucre activamente: las infancias nos demandan.

Imágenes creadas por Bianchi de Zizzias:

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