El economista de la firma asesora Chimpay pasó por el aire de «Café 617» y analizó las luces y sombras del panorama financiero de 2026. Del «dolor» por el cambio de paradigma global y local, al misterio de los dólares y el impacto en el bolsillo de la calle.
Entrevista de Luis Ábrego y Gabriel Conte en Café 617 por 617 Multiplataforma
El inicio de 2026 viene mostrando variables que desvelan tanto al oficialismo como a la oposición. Tras superar las turbulencias financieras derivadas de las elecciones de medio término del año pasado, la economía argentina ensaya un cambio de régimen que hace crujir las estructuras tradicionales. Para analizar este escenario, el economista Fernando Galante desglosó el rumbo de la inflación, el rebote de la actividad, la reconversión del mercado laboral y los desafíos cambiarios del segundo semestre.
A continuación, la entrevista completa bajo la modalidad de pregunta-respuesta, editada con criterio periodístico.
Primer semestre: del shock financiero a los «brotes verdes»
– Fernando, ¿qué estás viendo en este 2026 y qué se puede esperar como proyección hacia el segundo semestre?
– Venimos viendo un cambio muy grande. Hay que recordar que este año comenzó con una situación post-electoral muy compleja. Todo el andamiaje de medidas que lanzó el gobierno para afrontar la turbulencia financiera de las elecciones de medio término del año pasado tuvo miles de impactos en la economía diaria. El más importante fue la fuertísima suba de la tasa de interés que se hizo el año pasado para evitar una corrida cambiaria, lo que derivó en una disminución de la actividad económica, caída en varios sectores y un salto en la mora que todavía estamos viendo a niveles altísimos. Esto afectó no solo a los hogares, sino también a la cadena de pagos comercial y a la recaudación.
Ante el desafío de sostener el pilar fundamental del modelo, que es el superávit fiscal, el gobierno se vio obligado a ir más rápido con la quita de subsidios económicos para ajustar el gasto, impactando en la inflación al tener que liberar precios de servicios esenciales. Fue toda una serie de medidas para sobrevivir al shock.
– Sin embargo, en las últimas semanas se nota un punto de giro…
– Exacto. Muchas de estas cosas se han ido solucionando. La tasa de interés ya se ubica por debajo de la inflación —estamos con una tasa real negativa—, lo que repercute en que la mora parece haber hecho techo y el crédito empieza a reactivarse. Los indicadores anticipados ya muestran un nivel de crecimiento económico un poco más generalizado: prácticamente 14 de los 15 sectores económicos empiezan a mostrar números verdes, la recaudación volvió a aumentar en términos reales y tenemos una cosecha gruesa muy positiva en cantidades y precios. Hoy el gobierno está en una situación de holgura de dólares. Si miramos la película chiquitita de las últimas semanas, hay un cambio importante en las expectativas. Se vienen semanas o meses positivos que el gobierno intentará capitalizar antes de que empecemos a hablar de las elecciones del año que viene.
– Gabriel Conte mencionaba recién los dolores del cambio de régimen, con miles de mendocinos endeudados y una mora alta. Estas señales de reactivación, ¿son un «veranito» efímero o es el resultado real del cambio de paradigma?
-Hoy hablar de largo plazo en la Argentina son tres meses; lamentablemente el juego político nos involucra siempre en eso. El gobierno tiene todos los incentivos para polarizar las elecciones del año que viene, un juego donde volvemos al «blanco o negro», «estabilidad o abismo». Esto frena inversiones en el sector real; inversores del exterior ya están apretando el freno esperando a ver qué pasa.
Pero en el cortísimo plazo, creemos que habrá una mejora: bajará la mora y mejorará el crédito. Ese será el andamiaje para una recuperación económica de rebote del consumo. Ojo, hablo de «rebote» o «reactivación leve», en ningún momento de tasas chinas. Soy optimista con el crecimiento en este 2026, pero proyectando un orden del 4% anual. Es un año de rebote, no de boom.
El derrame en la calle y la reconversión laboral
– ¿Este rebote se va a quedar estancado en la macroeconomía o empezará a derivar hacia el bolsillo del asalariado y el profesional en el día a día?
– Va a ser un poquito más amplio de lo que veníamos viendo. Hasta ahora, el rebote estaba liderado por sectores que no son mano de obra intensiva, como energía, minería, agricultura y pesca; por eso se movían los números pero no se sentía en la calle. Ahora estamos empezando a ver una reactivación en sectores que sí demandan mucha mano de obra, como la construcción. Los mendocinos ya lo vemos en la calle con cierta reactivación de obra pública o esquemas mixtos. Eso se va a volcar a la economía diaria.
La contraparte negativa es que seguimos en un proceso de transformación de la matriz productiva. Aquellos sectores industriales que eran adictos a la inflación y vivían gracias a ese esquema, difícilmente se reactiven; probablemente terminen de desaparecer.
– Eso implica un escenario de mucha fricción en el empleo…
– Sí, va a seguir habiendo expulsión de mano de obra en esos rubros, con el plus de un factor que el Fondo Monetario y el gobierno vienen señalando: la gente va a tener que empezar a moverse geográficamente. Probablemente, la actividad en el conurbano bonaerense tarde mucho en recuperarse, y esa gente tendrá que armar el bolso e irse a lugares donde sí haya reactivación económica. Suena crudo y difícil, pero es un desafío cultural indefectible. En Mendoza lo hemos visto históricamente: gente de Alvear o Malargüe que va a trabajar a Neuquén, o mendocinos que migraron a San Luis en la época de la promoción industrial. La economía te obliga a romper el sedentarismo en busca de empleo.
– Hablabas de la «adicción a la inflación» de algunos empresarios. Eso explica por qué los títulos de los medios se enfocan en los cierres de empresas, aunque en paralelo abran otras de un nuevo perfil. Hay un proceso de adaptación general, ¿no?
– Totalmente. El cambio duele, no lo vamos a inventar nosotros; el 70% de los libros de management hablan de la aversión al cambio. Pero además del plano local, nos olvidamos de lo que pasa en el mundo: hay un cambio rotundo de paradigma a nivel mundial. Mirá el caso de Nike, cuyas acciones cayeron fuertemente por no adaptarse a los nuevos formatos de venta, o cómo la Inteligencia Artificial está reestructurando la eficiencia corporativa global.
Aquí elegimos las noticias de forma particular. Se habla mucho de la caída de ventas en los mayoristas, pero eso no es necesariamente un indicador lineal de más pobreza. Antes, con alta inflación, la gente cobraba y corría al mayorista a «estoquearse» para ganarle a los precios; ese modelo ya no va más porque el panorama está más tranquilo. Hoy el formato que crece en la ciudad de Mendoza son las pequeñas superficies y supermercados de cercanía, porque la gente vuelve a comprar para el día a día. Cambian los formatos de consumo. Pasamos de un modelo de Estado paternalista, donde el riesgo lo asumía el sector público y el empresario se llevaba los beneficios, a uno distinto. En Mendoza le hizo mucho daño tener sectores industriales en declive que año tras año le piden al Estado que subsidie un producto que ya no tiene mercado, alimentando una penuria eterna en lugar de aceptar el cambio.
Dólares, tasas y el mito del «colchón»
– ¿Cómo estás viendo el horizonte cambiario? El ministro Luis Caputo aseguró que si el Banco Central no estuviera comprando divisas para sostener las reservas, el precio del dólar blue o financiero sería menor a los 1.420 pesos actuales.
– Hay que darle la razón al ministro Caputo: hoy sobran dólares en la Argentina. Te das cuenta fácilmente porque hay empresas locales emitiendo deuda en dólares a tasas menores que las del Tesoro de los Estados Unidos, lo cual parece un disparate pero pinta el estado de situación. La gente no sabe qué hacer con los dólares.
Ahora bien, hay que ser conscientes de que esta abundancia es característica de estos meses de cosecha gruesa y liquidación. En la segunda mitad del año, principalmente en los últimos tres meses, estacionalmente faltan dólares. Esta dinámica de abundancia va a cambiar, y también cambiará el negocio del carry trade (vender dólares para colocarse en pesos).
– ¿Por qué decís que va a cambiar el carry trade?
– A principio de año, las tasas de plazo fijo estaban arriba del 40% o 50% anual, y el dólar se ubicaba a un 5% del techo de la banda de intervención del Banco Central; el riesgo era bajo. Hoy, la tasa de un plazo fijo está por debajo del 20% anual y el dólar se encuentra a más de un 25% del techo de la banda. Es decir, cambió la matriz de riesgo: antes podías ganar 50 y perder 5; ahora podés ganar menos de 20 y perder 25 si el dólar se mueve. Por lo tanto, sería lógico empezar a ver un poquito más de dolarización hacia adelante, ni hablar cuando se acerquen las elecciones.
– Lo que no terminó de aparecer fue el flujo de los «dólares del colchón» hacia el circuito productivo, una gran apuesta del gobierno.
– Nunca fui un creyente de que eso fuera a funcionar en el corto plazo. Para que esos dólares se vuelquen a la inversión o al consumo necesitás un factor de confianza que solo se construye con 20 años de hacer las cosas bien, demostrando que si viene otro gobierno no te va a reescribir las reglas de juego. Hasta que eso no pase, seguirá funcionando la «banca Simmons» o la «banca colchón».
La trampa de los promedios inflacionarios
– Para cerrar, circuló un análisis de una economista que planteaba que el promedio inflacionario mensual del gobierno de Milei (5,1%) es ligeramente superior al del gobierno de Alberto Fernández (5%). ¿Es una lectura válida o es un argumento tramposo?
– Es un cálculo muy tramposo. Primero, habría que ver si en el promedio de la gestión anterior incluyeron la deflación artificial que provocó la pandemia. Pero el factor fundamental es que ese cálculo le carga a la actual gestión el fogonazo inflacionario de sus primeros meses, el cual fue la consecuencia directa del festival de emisión monetaria que hizo el exministro Sergio Massa en el último tramo de su campaña, donde se emitió más que en toda la pandemia. Ese fogonazo fue el sinceramiento de ese descalabro; cargárselo a Milei técnicamente no corresponde. Lamentablemente, con la expectativa del cambio de gobierno, se le perdonó mucho a la gestión anterior, cuyo cierre económico fue verdaderamente espantoso.
