El ministro de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza participó en un conversatorio con jóvenes profesionales liberales. Denunció presiones políticas, cuestionó la transparencia de los datos oficiales y advirtió sobre la falta de modernización en el Estado.
El pasado martes, el Grupo Topadora —un espacio conformado por jóvenes profesionales de pensamiento liberal enfocados en el diseño de políticas públicas para Mendoza— llevó a cabo una nueva edición de sus conversatorios de capacitación. En esta oportunidad, el invitado central fue el ministro de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza, José Valerio, quien ofreció una exposición sin concesiones sobre el estado institucional, político y tecnológico de la provincia.
El encuentro se dio en un ámbito de debate activo donde los integrantes de Topadora —quienes manifiestan un firme respaldo al rumbo económico del presidente Javier Milei y proyectan en el ministro de Defensa, Luis Petri, a un dirigente con alta potencialidad para liderar la Mendoza del futuro— intercambiaron visiones con el magistrado sobre los desafíos de la gobernanza contemporánea.
El «apagón» tecnológico y la burocracia
Valerio inició su intervención señalando lo que considera un atraso estructural de Mendoza en materia de digitalización. Según el magistrado, la provincia aún se rige por herramientas y prácticas obsoletas, ejemplificando con la persistencia de trámites presenciales innecesarios o la excesiva burocracia en los expedientes judiciales.
En este sentido, instó a dar un salto cualitativo hacia la inteligencia artificial para agilizar los procesos del Estado, sosteniendo que la modernización no es solo una cuestión de eficiencia, sino un requisito indispensable para la transparencia del sistema judicial.
Diagnóstico político: «Autocracia» y disciplinamiento
Uno de los momentos más álgidos del conversatorio fue el análisis del eje institucional. Valerio describió un panorama de fuertes presiones del Poder Ejecutivo sobre los organismos extrapoder. El ministro denunció interferencias políticas en el funcionamiento del Consejo de la Magistratura y aludió al proceso de jury contra el juez Sebastián Sarmiento como un síntoma claro de un «clima de disciplinamiento institucional».
Fiel a su estilo directo, el magistrado caracterizó el actual ejercicio del poder provincial como «autocrático». Si bien no desconoció la legitimidad de origen de quienes gobiernan, advirtió que el sistema no genera adhesiones por convicción o lealtad política, sino a través del temor. Asimismo, observó una debilidad estructural en el armado oficialista al señalar la carencia de una base de «discípulos políticos genuinos» que garantice una renovación de ideas.
Críticas al sistema penal y a los datos oficiales
En el plano estrictamente judicial, Valerio fue crítico con la reciente reglamentación del sistema de flagrancia. Lejos de cumplir con el objetivo de agilizar los procesos, el magistrado afirmó que ha introducido mayores demoras y distorsiones que calificó como «barbaridades procesales».
En este punto, lanzó una advertencia sobre la calidad institucional de la información pública: afirmó que los datos oficiales se encuentran «dibujados», reforzando la necesidad de implementar sistemas de información que sean auditables, confiables y exentos de manipulación política.
Hacia nuevos modelos de gobernanza
El conversatorio, del que participaron más de 50 jóvenes profesionales, cerró con una reflexión filosófica basada en la premisa de Montesquieu: «Quien tiene poder, tiende a abusar del poder».
A partir de allí, se debatió sobre la «metodología de dominio» aplicada a la educación y a la gestión pública, y se exploraron alternativas para evitar un Estado capturado por personalismos o intereses corporativos. Como conclusión, los participantes y el expositor coincidieron en la urgencia de explorar nuevas tecnologías de gobernanza descentralizadacomo herramientas clave para reducir los márgenes de corrupción y devolverle al ciudadano el control sobre las instituciones.
La jornada finalizó con un diagnóstico sombrío sobre el presente, pero con una agenda abierta para el Grupo Topadora: la construcción de un modelo de gestión más abierto, tecnológicamente avanzado y, sobre todo, institucionalmente equilibrado.
