miércoles, junio 17, 2026

«En la cuerda floja»: el itinerario incómodo de una estratega global que llega a Mendoza

NOTICIAS. El 27 de abril estará en Mendoza Virginia Gamba. Quién es, por qué se la conoce en el mundo y un libro que habla de su paso por diferentes posiciones internacionales. Un a argentina global.

Por estos días, el nombre de Virginia Gamba comienza a circular con mayor frecuencia fuera de los ámbitos especializados. No es casual: su trayectoria, marcada por escenarios de conflicto y negociaciones al límite, la ha colocado recientemente entre las candidatas a ocupar la Secretaría General de las Naciones Unidas, posición de la que fue descolocada recientemente. En paralelo, su llegada a Mendoza abre una oportunidad poco habitual: escuchar de cerca a una figura que ha hecho de la tensión global su territorio cotidiano.

Nacida en Buenos Aires en 1954 y criada entre distintos países de América Latina, Gamba construyó un recorrido poco convencional. Formada en estrategia en Gran Bretaña, desarrolló una carrera atravesada por la movilidad constante: Europa, África y Medio Oriente no fueron destinos ocasionales, sino espacios de trabajo sostenido. Su campo de acción —la seguridad humana, el desarme y la gestión de conflictos— la ubicó en el centro de algunas de las discusiones más complejas de las últimas décadas.

Su biografía, sin embargo, no se deja encuadrar fácilmente en el tono celebratorio que suele acompañar a las trayectorias internacionales. Hay en su recorrido una persistente cercanía con situaciones límite: guerras civiles, negociaciones con actores armados, investigaciones en contextos de alta opacidad política. Desde su participación en el ámbito de las Conferencias Pugwash —que le valió, junto al grupo, el Premio Nobel de la Paz en 1995— hasta su rol dentro de la ONU, Gamba ha operado en zonas donde las decisiones no admiten simplificaciones.

Uno de los rasgos que atraviesa su carrera es la combinación de formación técnica y exposición directa al terreno. No se trata únicamente de análisis estratégico desde oficinas internacionales, sino de intervenciones en contextos concretos: procesos de desarme en países africanos, investigaciones sobre el uso de armas químicas en Siria, o negociaciones con líderes de grupos armados en nombre de la protección de la infancia en conflictos bélicos. En esos espacios, la distancia entre teoría y práctica se reduce al mínimo.

Quienes han seguido su trabajo suelen señalar un rasgo persistente: un carácter firme, incluso áspero en ciertos contextos, moldeado por años de interlocución con actores diversos —desde gobiernos hasta organizaciones no estatales— y por la necesidad de sostener posiciones en entornos de alta presión. Esa misma característica parece haber sido clave para navegar estructuras institucionales complejas, donde lo político, lo diplomático y lo técnico se entrelazan.

La publicación de En la cuerda floja —una obra que combina autobiografía, reflexión estratégica y crónica diplomática— ofrece una entrada a ese itinerario. Lejos de una narración lineal, el libro propone una sucesión de episodios que revelan la fragilidad de muchos equilibrios internacionales y el margen acotado con el que operan quienes intervienen en ellos. Más que un relato de logros, se trata de una exposición de tensiones.

Su vínculo con la Argentina también aparece atravesado por ambivalencias. Aunque gran parte de su carrera se desarrolló en el exterior, hay gestos que marcan una relación persistente con el país: desde su cobertura de la Guerra de Malvinas en sus inicios hasta la decisión de conservar en territorio nacional documentación clave de aquel período. No obstante, su figura sigue siendo relativamente desconocida en el ámbito local, en contraste con su reconocimiento internacional.

La posibilidad de que Gamba acceda a la conducción de la ONU introdujo en meses pasados, además, una dimensión política de mayor escala. En un contexto global caracterizado por conflictos prolongados, reconfiguraciones geopolíticas y crisis humanitarias recurrentes, su perfil —centrado en la seguridad humana y el desarme— amenazó con tensionar ciertas inercias dentro del sistema multilateral.

Su paso por Mendoza, en ese marco, no es un hecho menor, el próximo 27 de abril. Más allá de la agenda puntual que desarrolle, su presencia funciona como recordatorio de que algunas de las discusiones más complejas del escenario internacional tienen, también, puntos de contacto con espacios locales. Y que, detrás de las estructuras institucionales, operan trayectorias individuales marcadas por decisiones difíciles, negociaciones inciertas y, en muchos casos, una persistente exposición al riesgo.

En tiempos donde la distancia entre los grandes conflictos y la vida cotidiana parece acortarse, escuchar a quienes han transitado esos márgenes puede resultar, al menos, una forma de comprender mejor la inestabilidad que define al presente.

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