COLUMNISTAS INVITADOS. En su columna de opinión, el Dr. Eduardo Atilio Da Viá analiza el histórico resultado del balotaje en la UNCUYO, pondera el currículum de la dupla García-Sisti por encima de sus simpatías ideológicas y convoca a restaurar la severidad académica y el pluralismo institucional frente al facilismo.
Las recientes elecciones en la Universidad Nacional de Cuyo han dejado mucha tela para cortar en el plano político e institucional de la provincia. Luego de un escenario inicial complejo, el triunfo de la fórmula integrada por Adriana García y Ana Sisti abre un tiempo de profundos interrogantes y expectativas en la comunidad académica.
En la siguiente columna de opinión, el Dr. Eduardo Atilio Da Viá —profesor asociado de la Facultad de Ciencias Médicas— analiza con bisturí político el comportamiento del electorado, desmitifica los sesgos ideológicos en torno al peronismo y al radicalismo, y traza una exigente hoja de ruta para el cuatrienio que comienza, enfocada en recuperar la excelencia y la respetabilidad de la educación pública.
La columna completa del Dr. Eduardo Atilio Da Viá
Cogito ergo sum: Resultado de las elecciones en la UNCUYO
Luego de una primera vuelta adversa para las finalmente elegidas, (no me gusta la expresión ganadoras), la dupla Adriana García-Ana Sisti se impusieron claramente, expulsando de un lugar que en mi opinión nunca mereció, al inicialmente presunto ganador Gabriel Fidel, que con esta derrota creo puede despedirse de sus ansias de poder a nivel universitario.
El tinte peronista de las electas, en principio supone el percibir una cierta comezón dados los innumerables peros que la agrupación posee en su historial, desde el peronismo con Perón hasta el fatal kirchnerismo y La Cámpora.
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Pero yo entiendo que este temor es fruto de una generalización que quizás no se atenga a la realidad estrictamente numérica, dado que es matemáticamente imposible que todos los peronistas sean peligrosos para la sociedad y que los radicales sean la antítesis y por lo tanto garantía de buen proceder.
La realidad es que ni los unos ni los otros son necesariamente como se puede suponer, existen las excepciones en ambas agrupaciones políticas, enfrentadas desde siempre en la pedana argentina con figuras destacadas unas y deleznables otras; y ahora con el advenimiento de una nueva potencia política, los libertarios, que ya han dado muestras de las mismas virtudes y defectos que los ahora clásicos rivales, las cosas se complican en el momento de la decisión electoral sea cual fuere el terreno en que se disputa.
Lo cierto es que, a mi juicio y el de muchos más, la gestión Pizzi-Pizzi-Sánchez ha sido nefasta para la universidad, sin necesidad alguna de culpar a la agrupación política que los apoyó: el radicalismo.
No, los responsables han sido las personas y no la feligresía política que profesaron, de la misma manera que el peronismo no lo será en el desempeño de las recientes victoriosas García-Sisti.
El tema de las elecciones universitarias ganó espacio público mucho antes del acto electoral, por cuanto terceros como yo con o sin pasado universitario pero preocupados por la sociedad mendocina y el país todo, cuya inestabilidad nos hace sentir como flotando en una débil balsa en un mar inquieto, nos alarmamos cada vez que nos toca la tremenda responsabilidad de elegir.
Y es aquí cuando surgen los interrogantes: ¿elegimos a un peronista, un radical un libertario o un independiente? Mi respuesta ha sido siempre que pasaría si elegimos al “más mejor” emulando al inefable Minguito.
Creo que esa ha sido la actitud finalmente adoptada por los electores, los palmarés de ambas candidatas son impecables como docentes consagradas al más que difícil arte de enseñar, entonces qué importa la filiación, la simpatía o la inclinación política que como ciudadanas libres pueda tener cada una.
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Por eso lo del título de esta nota: Pienso luego existo.
Eso hizo a mi juicio el colectivo universitario, pensó superando pruritos y eligió a las mejores, por eso la universidad existirá como lo que debe ser, un ámbito de la más absoluta pluralidad, que aúne los mejores cerebros para bien de aquella parte de la juventud que tiene la suerte de desear, finalizada la etapa obligatoria de sus estudios, continuar voluntariamente con la etapa universitaria de su formación, ya dirigida hacia una actividad concreta como modus vivendi y para colmo gratuita.
Y es obligación moral de los docentes y directivos propender al logro de las respectivas metas por parte de los estudiantes, razón de ser de la existencia de la universidad, pero en tanto y en cuanto sea ecuménica.
Insistiré en una cuestión a la que me referí en mi publicación anterior, es bueno y necesario que la universidad se incorpore a la sociedad y no se comporte como un búnker infranqueable, pero más importante es mirar para adentro y rever las condiciones del alumnado, sus derechos y sus obligaciones; estimo debe volverse a la severidad que supo tener hace 50 años, cuando no existían segundas opciones en situación tan importante como el ingreso, para ello se les imparte cursos de nivelación, que tampoco existían.
Ese facilismo que se adquiere al comienzo tiende a perpetuarse a lo largo de las carreras, lo cual conspira contra la calidad del profesional al egreso.
La vida es dura y el trabajo sobre todo a nivel privado suele ser de gran exigencia, yo diría exagerada a veces, pero no por ello menos cierta.
El alumno debe dedicarse por entero al estudio y las aulas respetadas como lugares casi sagrados de adquisición de conocimientos y no reductos cerrados por agrupaciones políticas estudiantiles, sin privarlos del derecho de reunión, constitucional por otra parte.
Las pintadas y pegatinas efectuadas por feligreses de credos o de pertenencias de agrupaciones cívicas deben desaparecer, como así también la “toma” edilicia sin permitir el ingreso de los docentes y el resto del personal, clara expresión de violencia inadmisible a nivel de la más importante casa de estudios, donde deben introyectar la convivencia social junto con los estudios.
En fin hay mucho para hacer y no poco para deshacer; la tarea que les espera a Adriana y Ana es muy dura, pero yo confío en que será este cuatrienio, el comienzo por lo menos del concepto de respetabilidad a todos los niveles sin distinción.
Por último un viejo anhelo: la constitución de un consejo de expertos o notables de entre los de jubilados, por cierto totalmente pro bono.
No podemos darnos el lujo de desperdiciar experiencias logradas tras muchos años de duro batallar en pro de la institución.
Que así sea.
Eduardo Atilio Da Viá Profesor Asociado Facultad de Ciencias Médicas 24 de junio de 2026

