lunes, julio 6, 2026

El poder detrás del algoritmo: Sergio Romero, Silicon Valley y el debate por «Los 4 jinetes de la IA»

En una profunda emisión de «¡¿Qué mundo tenemos?!» por 617 Multiplataforma, se analizó el impacto global de los magnates de la tecnología. Con el aporte de expertos y el particular análisis de su director, Sergio Romero, el programa desmitificó el «oráculo» algorítmico y alertó sobre la irresponsabilidad automatizada.

El avance de la inteligencia artificial dejó de ser un asunto meramente técnico para convertirse en la principal arena de la geopolítica, la psicología de masas y el pensamiento contemporáneo. Así quedó demostrado en el último capítulo de «¡¿Qué mundo tenemos?!», el ciclo conducido por 617 Multiplataforma, que bajo el sugerente título «Los 4 jinetes de la IA» desglosó la enorme concentración de poder en manos de Sam Altman (OpenAI), Elon Musk (xAI/SpaceX), Peter Thiel (Palantir) y Dario Amodei (Anthropic).

El programa planteó desde el inicio un quiebre de paradigmas, citando visiones críticas como la del economista Alberto Benegas Lynch (h), quien prefiere erradicar el término «inteligencia artificial» para hablar de AI (Algoritmos Informáticos), considerándolo «un cachetazo al razonamiento humano».

De «Eliza» al sesgo de confirmación: La sugestión humana

Uno de los bloques más enriquecores del envío se produjo cuando el conductor, Gabriel Conte, invitó a la mesa a Sergio Romero, investigador del Centref de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF) y, en este caso, «con otro sombrero», ya que se trata del director del propio programa. Romero, experto de larga trayectoria en la materia, aportó una necesaria perspectiva histórica al recordar que las herramientas de interacción lingüística con máquinas no son una novedad absoluta de este siglo.

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«El primer chatbot, tal como hoy lo entendemos, se llamó Eliza y nació en 1966«, precisó Romero. «Su programador (Joseph Weizenbaum) armó una estructura básica basada en un terapeuta rogeriano, cuya técnica es devolver la pregunta al paciente cambiando los pronombres. Lo sorprendente fue que su propia secretaria, sabiendo perfectamente cómo estaba programada la máquina, le pidió al científico que se retirara de la habitación para poder hablar a solas y tratar temas personales con el teletipo».

Para el investigador de la UNTREF, esta «perlita» histórica demuestra una condición constitutiva del ser humano: somos seres profundamente sugestionables e hipnotizables. «Le atribuimos nuestra humanidad a una computadora. La IA es un nombre sumamente marquetinero que nació en 1956 en Dartmouth para conseguir fondos, desplazando al término original de ‘Cibernética’. Pero la IA es lo menos artificial que hay porque trabaja con lo más humano de lo humano: el lenguaje. Frente a cosas que hablan, los humanos nos olvidamos de lo que son y les otorgamos un poder y una asertividad que no tienen», analizó.

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Romero también derribó el mito moderno de la IA como el «oráculo» de Delfos de nuestra era, trazando un paralelismo histórico: «En la cultura griega, los políticos y filósofos no iban al oráculo a ciegas; iban a refrendar su propia opinión. Con la IA pasa igual: es la ratificación del sesgo de confirmación, potenciado porque, a diferencia de Google que te daba miles de opciones, el chatbot te devuelve una sola respuesta armada a la medida de tus gustos».

     [ El Oráculo Griego ]             [ El Chatbot Moderno ]
               │                                  │
  Refrendaba la opinión previa       Devuelve una respuesta única
   del político o filósofo            moldeada al gusto del usuario
               └──────────────────┬───────────────┘
                                  ▼
                     [ SESGO DE CONFIRMACIÓN ]

Capitalismo financiero, psicosis y ciencia ficción

Al analizar la psicología de «los cuatro jinetes», Romero coincidió con los bloques previos del programa en que estos magnates no operan bajo la lógica de la filosofía clásica, sino bajo un «tesoro de imaginarios extraídos de la ciencia ficción y el capitalismo financiero». Ejemplificó esto con la obsesión de Sam Altman por clonar la voz de la actriz Scarlett Johansson para emular el film Her, lo que le valió una demanda legal.

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«Hay mucha obsesión y marcas de psicosis dando vueltas en Silicon Valley que se vinculan directamente con la enorme capacidad de hacer dinero», señaló el director de ¡¿Qué mundo tenemos?!. Asimismo, vinculó esta concentración de datos con las estructuras místicas del pasado: «Antes, la obtención de datos masivos se hacía mediante el secreto de confesión de las religiones y el miedo al castigo. Hoy, el ‘apocalipsis’ de la IA es un gran discurso de marketing. El propio Sam Altman, cuando le preguntan si la IA puede extinguirnos, responde: ‘Sí, pero mientras tanto vamos a hacer grandes negocios’«.

La geopolítica del código y la «guerra» de Trump

La lectura de Romero complementó la participación en el piso del periodista Leo Oliva, quien desgranar las complejas internas corporativas y el choque directo entre el poder estatal y las empresas de Silicon Valley. Oliva remarcó que Dario Amodei y su firma Anthropic (creadores de Claude) se convirtieron en el principal eje de discordia de la administración de Donald Trump:

  • Restricciones de seguridad: La Casa Blanca vetó el uso de la última actualización de Claude (Febeless) para personal extranjero por razones de seguridad nacional. Ante la medida, Anthropic prefirió apagar el servicio por completo antes que ceder sus datos de usuarios al Pentágono.
  • El factor China: Mientras EE. UU. depende de contratistas privados, el gobierno chino financia y desarrolla sus propios modelos de IA directamente desde el aparato público, eliminando atenuantes éticos.

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«La próxima batalla de Trump no es con un Estado, sino con Anthropic», había señalado Oliva, graficando cómo estas corporaciones ya compiten de igual a igual con las naciones.

El debate legal: ¿Quién responde?

El programa también abordó la propuesta del presidente argentino Javier Milei de impulsar «sociedades automatizadas» o reguladas por sistemas predictivos en el país para atraer inversiones, un punto que generó un fuerte contrapunto internacional. Por un lado, el abogado y escritor Martín Carranza Torres (autor de Justicia y Libertad) defendió la evolución capitalista de estas tecnologías y cruzó al Premio Nobel Paul Krugman —quien acusó a Elon Musk de vender «espejitos de colores» y estructurar un esquema Ponzi en Wall Street— recordando que Musk redujo un 90% el costo de la tecnología aeroespacial.

Por el otro, el reconocido filósofo italiano Andrea Colamedichi (fundador de Tlon) aportó una advertencia medular sobre la pérdida de la cadena de responsabilidad humana, línea en la que el propio Sergio Romero sumó su preocupación:

«Si una empresa gestionada por algoritmos causa un daño, manipula mercados o destruye reputaciones, ¿quién responde? El algoritmo no comparece ante un juez, no tiene vergüenza, no tiene cárcel ni patrimonio moral. Si la ley está diseñada para que detrás de la acción no haya nadie, no estamos creando libertad, estamos creando irresponsabilidad automatizada«, sentenció Colamedichi.

Conclusión: Un eslabón más en la historia humana

Lejos de una mirada apocalíptica, el cierre del programa invitó a una reflexión madura. Sergio Romero llamó a «romper el preconcepto de que solo pensamos con el cerebro; pensamos con el cuerpo, con los sentidos y con los elementos tecnológicos que elegimos».

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Recordando la encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV —quien comparó a la IA con una nueva revolución industrial y pidió desarmar su lógica armamentística—, el director del ciclo concluyó que, pese al desafío de no poder revisar en tiempo real los millones de cálculos reversibles que hace un algoritmo, «la IA no es el fin del mundo, sino la última página —por ahora— de una larga lista de herramientas transformadoras de la cognición humana que empezó con el ábaco, el gnomon, el libro, la computadora e internet».

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