domingo, julio 5, 2026

La independencia como pedagogía de la libertad y el autogobierno

COLUMNISTAS INVITADOS. Escribe José Jorge Chade. En vísperas del 210° aniversario de la gesta de 1816, un profundo análisis sobre la diferencia entre la soberanía del Estado, el ejercicio democrático y la necesaria emancipación emocional del individuo.

A pocos días de conmemorarse el 210° aniversario de la Declaración de la Independencia argentina, la revisión de nuestro pasado nacional se vuelve una urgencia pedagógica para comprender las complejidades del presente. Lejos de ser una efeméride estática o un concepto meramente territorial, la condición de ser independientes abre un complejo abanico de interrogantes sobre el ejercicio de la democracia, los límites de la soberanía económica y la propia madurez emocional de los ciudadanos.

En la siguiente columna de opinión, el profesor José Jorge Chade examina minuciosamente la distinción entre el diseño institucional de un Estado y su sistema de gobierno interno, advirtiendo que la emancipación no es un logro permanente, sino una lucha constante que se define tanto en las fronteras de una nación como en la intimidad de las decisiones cotidianas.

La columna completa de José Jorge Chade

Independencia y autodeterminación

La historia también es pedagogía, pues representa la «memoria de la humanidad» y es la principal herramienta para educar el pensamiento crítico. Analizar las experiencias, los errores y los logros del pasado moldea nuestra identidad, desarrolla la empatía y nos proporciona las habilidades necesarias para comprender y desenvolvernos en el presente. Es por ello que en vísperas del 210° aniversario de la Declaración de nuestra Independencia el 9 de julio de 1816 se hace necesario hacer una reflexión terminológica de la palabra independencia entre democracia, historia, pedagogía y emociones.

La independencia se refiere a la soberanía e integridad de un Estado frente a potencias externas, mientras que la democracia define el sistema de gobierno interno, basado en la soberanía popular, la protección de los derechos y las elecciones libres. Un Estado puede ser independiente pero no democrático (como una dictadura libre de injerencia extranjera). Para comprender plenamente ambos conceptos, es útil analizarlos por separado:

Independencia (El Estado)

  • Es la condición de un Estado que no está sujeto a otras potencias o gobiernos extranjeros. Se refiere a las fronteras y la autodeterminación territorial.DOCX+ 1
  • Su objetivo principal es el control sobre el propio territorio, leyes y recursos, liberándose de la dominación externa o colonial.DOCX
  • Por ejemplo: una nación que lucha por dejar de ser una colonia busca la independencia.DOCX

Democracia (El Gobierno)

  • Es una forma de gobierno en la que el poder es ejercido por el pueblo, generalmente a través de representantes electos. Se refiere a la gestión interna de la sociedad.DOCX+ 1
  • Su objetivo es aquel de garantizar la igualdad de los ciudadanos, los derechos civiles, la libertad de expresión y el pluralismo político.DOCX
  • Por ejemplo: un país que celebra elecciones periódicas y garantiza la separación de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial) es una democracia.DOCX

Estos dos conceptos no son mutuamente excluyentes, sino que se interrelacionan; como sabemos, muchos países históricamente primero tuvieron que lograr la independencia antes de poder construir un sistema basado en la democracia. Sin embargo, la independencia es solo un requisito previo. Lograr la independencia garantiza que el país se gobierne internamente, pero no garantiza que el gobierno en el poder respete los derechos y libertades de sus ciudadanos.

La independencia es la situación en la que un país o estado no está sujeto a la autoridad de otro estado o nación, porque la independencia no es una ideología política, sino la autodeterminación y la libertad de un pueblo; en nuestro caso, el pueblo argentino. Se diferencia de la autonomía, en la que persisten vínculos institucionales entre los dos territorios, mediante los cuales se puede ejercer poder de decisión sobre ciertas competencias, o del centralismo, en el que el poder central concentra todas las competencias (lo que se ha convertido en la pseudoautonomía de algunas regiones, sobre todo en el continente europeo).

La independencia suele ser el estado inicial de una nación emergente, la emancipación de un pueblo de un poder como el colonialismo o el imperialismo. Solo puede alcanzarse mediante la descolonización (que sin duda refleja nuestro caso), la separación o la desintegración de una nación existente (por ejemplo, Yugoslavia). Por lo tanto, la independencia de un pueblo no puede exigirse a nadie, pues no existe ningún organismo, Estado, tribunal internacional ni otra institución legítimamente facultada para afirmarla.

Para lograr la independencia del Estado ocupante presente en el territorio, solo existen tres vías, dos de las cuales son legales:

  • La lucha armada (guerra de independencia) contra el Estado ocupante.DOCX
  • La autodeterminación como derecho internacional de todos los individuos y pueblos.DOCX
  • La declaración unilateral de independencia.DOCX

El camino hacia la autodeterminación de un pueblo solo puede ser emprendido por un movimiento de liberación, como sujeto de derecho internacional que representa a dicho pueblo. La declaración unilateral de independencia puede ser presentada por un parlamento nacional simultáneamente con su presidente electo por voto popular.

Dicho esto, podemos asegurarles que cualquiera que diga o afirme que la independencia de una nación puede lograrse de otras formas o por otros medios es simplemente imposible; sería una promesa que jamás se podría cumplir, y si lo hace, es únicamente para su propio beneficio político.

La independencia declarada y lograda de un pueblo implica abandonar todo lo que antes pertenecía al Estado ocupante: división del territorio, sistema de gobierno, sistema político, sistema institucional, sistema económico, sistema administrativo, sistema educativo y sistema judicial, para luego adoptar un nuevo sistema de gobierno y administración que identifique a la nueva nación emergente.

Un partido o movimiento político jamás puede identificarse como proindependentista y, por extensión, tampoco quienes se unen a él. Tomemos un ejemplo para la reflexión: ¿es más importante para los países africanos ser políticamente independientes que económicamente independientes? ¿Cómo podría ser posible una sin la otra? Porque la independencia no es absoluta, y no es un logro permanente. Es una lucha constante. No debe entenderse como autarquía, sino como autonomía; y la autonomía de un país se juzga en todos los ámbitos simultáneamente.

La independencia política de un país presupone su propia política de gobierno, que utiliza la soberanía nacional para restaurar la paz y la estabilidad dentro de sus fronteras. La búsqueda de la paz debe ser la principal preocupación de todos los que desean ser ciudadanos de un país, y no debe dejarse únicamente en manos del poder ejecutivo. Esto permitiría a todos ocuparse de sí mismos, de quienes los rodean y de los asuntos públicos.

Cada día tomamos millones de decisiones. Pero, ¿cuántas de ellas son verdaderamente libres? Si lo pensamos un momento, no son muchas. La razón es simple: estamos constantemente condicionados por lo que piensan los demás porque nos comunicamos muy poco con nuestro inconsciente, que podría ser un valioso aliado no solo para el cambio, sino también para las relaciones. En este caso, ¿cuál sería el riesgo? Terminar agotados «luchando» contra nuestras emociones más profundas y viviendo condicionados por el mundo que nos rodea, atrapados en una jaula llamada «dependencia emocional».

Y aquí, por último, llegamos a la independencia emocional que, como nos explica la coach Debora Conti (autora, formadora, instructora internacional de PNL y coach profesional; doctora en lenguas y psicología), es la capacidad de no depender emocionalmente de los demás, ni de las situaciones, ni del mundo exterior en general. Se trata de la capacidad de construir y elegir nuestros propios hábitos: de poder corregir los hábitos que ya no son útiles e incluso de cometer errores conscientemente. Todo comienza con la consciencia, como nos dicen, y continúa con el conocimiento de que será nuestro supervisor consciente y vigilante. El resto es colaboración con nuestro inconsciente para gestionar esos automatismos conductuales o reacciones emocionales que queremos revisar, deshacer o corregir.

Termino con una formidable reflexión de Ayn Rand*:

“La independencia es la única medida del ser humano. Es lo que un hombre hace consigo mismo y por sí mismo, no lo que hace o se deja de hacer por los demás. El primer derecho del hombre es ser él mismo, y su primer deber es consigo mismo. Un principio moral sagrado es jamás transferir el propósito de la propia vida a otros. La obligación moral más importante del hombre es hacer lo que desea, siempre y cuando, ante todo, ese deseo no dependa de los demás.” 

* Ayn Rand O’Connor fue una novelista, filósofa y guionista estadounidense nacida en Rusia.

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