El obispo y teólogo mendocino Sergio Osvaldo Buenanueva analizó el cisma global tras la ordenación de cuatro obispos sin mandato papal. Cómo funciona, qué piensa y por qué crece la comunidad de la Fraternidad San Pío X instalada en Godoy Cruz.
La reciente ordenación en Suiza de cuatro nuevos obispos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) —conocidos popularmente como lefebvrianos— desató una de las crisis institucionales y teológicas más profundas de la Iglesia Católica contemporánea. El hecho provocó la inmediata reacción del Vaticano, que a través de un decreto confirmó que tanto los obispos consagrantes como los consagrados incurrieron de forma automática en el delito de excomunión.
Para desentramar la complejidad de este escenario, el programa «Café 617» dialogó con monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, obispo de San Francisco (Córdoba), licenciado en Teología Dogmática por la Universidad Gregoriana de Roma y una voz de peso en la Conferencia Episcopal Argentina, donde preside el Consejo Episcopal de Asuntos Económicos. Buenanueva, quien además posee un profundo conocimiento de la región por haber sido obispo auxiliar de Mendoza, analizó las raíces teológicas del conflicto y el doloroso impacto de este cisma en la comunidad creyente.
Las razones del «extrañamiento»: el rechazo al Concilio Vaticano II
Monseñor Buenanueva precisó en el programa «Café 617» por 617 Multiplataforma que el lefebvrianismo —fundado por el arzobispo francés Marcel Lefebvre en los años 70— forma parte de un universo más amplio: el del tradicionalismo católico. Este sector mantiene una postura firmemente crítica, que en muchos casos llega al rechazo absoluto del camino trazado por la Iglesia en los últimos 60 años, particularmente las enseñanzas del Concilio Vaticano II.
Según el teólogo, la resistencia de este grupo se concentra en cinco ejes fundamentales:
- La reforma litúrgica: El rechazo a la misa moderna y la defensa exclusiva del rito antiguo.
- La colegialidad episcopal: La discusión sobre cómo se ejerce el vínculo y el gobierno de los obispos en comunión con el Papa.
- El ecumenismo y el diálogo interreligioso: Las severas críticas a los lazos de la Iglesia Católica con otras confesiones cristianas y con religiones no cristianas, especialmente el islam y el judaísmo.
- La libertad religiosa: La oposición a que la Iglesia reconozca la libertad de culto como un derecho civil enraizado en la dignidad humana, lo que significó dejar atrás la defensa del Estado confesional católico para aceptar la pluralidad y la convivencia civil.
La gravedad del cisma y la pena de excomunión
El detonante de la actual crisis fue la decisión de avanzar con las ordenaciones episcopales sin el mandato y contra la voluntad expresa de la Santa Sede. «La gravedad de este hecho es que ha procedido contra la voluntad expresa del Papa, quien además les advirtió que estaban por cumplir un pecado grave que conlleva el delito sancionado con la excomunión», explicó Buenanueva, aclarando que esta sanción es una de las penas máximas para los católicos y supone la separación de la comunión visible de la Iglesia.
El obispo precisó que el decreto del Vaticano alcanza a los dos obispos consagrantes, a los cuatro consagrados y advirtió que «los clérigos y laicos que adhieran formalmente a este acto sismático también van a incurrir en la excomunión».
Conmovido, Buenanueva comparó la situación con una ruptura familiar: «Es un momento muy doloroso, es como que unos hijos rompen con la familia y toman su propio camino. Se produce lo que yo llamo un extrañamiento: nos volvemos extraños los unos a los otros, prevalecen las caricaturas y las expresiones ofensivas, haciendo imposible la comunión por la distancia creada». Sin embargo, matizó con esperanza que «para Dios nada es imposible» y que se debe rezar para restablecer la unidad.
El escenario lefebvriano en Mendoza
Las palabras de monseñor Buenanueva adquieren una resonancia particular al analizar la realidad de Mendoza. Mientras la Iglesia global asiste a este doloroso desgajamiento institucional, en el Gran Mendoza la comunidad lefebvriana experimenta una realidad propia.
La presencia de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X en la provincia se canaliza a través del Priorato San José (Prioratus Sancti Ioseph). Esta circunscripción tradicionalista abarca el territorio de Mendoza y San Luis, y tiene su sede central en la Iglesia de Nuestra Señora de la Soledad, ubicada en la calle Balcarce 267 de Godoy Cruz.
A contramano de la tendencia generalizada de secularización, el Priorato San José es actualmente la única circunscripción católica en la provincia de Mendoza que ha revelado un importante aumento en el número de fieles y de sacramentos impartidos en los últimos años. Lejos de ser un grupo marginal o envejecido, las crónicas internas y estadísticas locales reflejan que en sus cuatro horarios de misa dominical —celebradas estrictamente bajo el Rito Tridentino o de San Pío V— los templos lucen colmados, con una notable abundancia de familias numerosas, jóvenes y niños de perfil marcadamente conservador y antimodernista.
Estructura y Red Institucional del Priorato en Mendoza (Datos 2026):
El complejo entramado que sostiene este crecimiento en la región está liderado actualmente por el Prior, Pbro. Mario Trejo, quien encabeza un equipo de siete sacerdotes en servicio (entre los que figuran los padres Julio César Coca, Louis Fontaine, Jorge Gómez, Aníbal Götte, Jaime Mayol y Marcelo Oliveira Jiménez), acompañados por 4 religiosas y un cuerpo de 73 acólitos.
La infraestructura del priorato en Mendoza y sus zonas de influencia incluye:
- Templos y Casas: 3 iglesias y 1 convento (el Convento Santa Teresa de las Hermanas de la Fraternidad). Recientemente, expandieron su influencia con la inauguración de la Capilla San Pío X en Juana Koslay, San Luis.
- Educación: Administran de forma directa el Colegio Santo Domingo Savio y se encuentran asociados a la Academia Don Bosco y al Colegio María Reina, sumando además dos academias bajo su órbita.
- Vida Comunitaria y Apostolados: Poseen una intensa vida parroquial estructurada en organizaciones específicas como la Cofradía San Esteban (para acólitos), la Cooperadora Santa Teresita, el Coro San José (especializado en polifonía y canto gregoriano), la Tercera Orden de San Pío X para laicos, y la Sociedad San Andrés (S.A.S.), una agrupación exclusiva para niñas y jóvenes orientada a fomentar las virtudes cristianas y la devoción al Corazón Inmaculado de María.
El contraste entre la contundente sanción canónica explicada por monseñor Buenanueva y el florecimiento cotidiano de comunidades como la de Godoy Cruz abre un interrogante complejo para el futuro de la Iglesia: cómo gestionar la fidelidad doctrinal romana frente a comunidades tradicionales que, a pesar de la distancia legal con el Papa, siguen exhibiendo una innegable eficacia para congregar y conmover a las nuevas generaciones en el plano local.
El análisis textual del obispo Buenanueva
«Este miércoles primero de julio tuvo lugar en Suiza la ordenación de cuatro nuevos obispos de la fraternidad sacerdotal San Pío X, llamados también lefebvrianos porque fueron fundados por el arzobispo francés Marcel Lefebvre en los años 70 y forma parte de un universo más amplio, el del tradicionalismo católico que en distintos puntos y con distinta intensidad, en algunos casos llegando al rechazo, tienen un una posición crítica respecto a la enseñanza del Concilio Vaticano Segundo y del camino de la Iglesia en estos últimos 60 años del Concilio a nuestros días. La crítica se concentra en la reforma litúrgica, en la enseñanza del Concilio sobre la colegialidad episcopal, es decir, el vínculo de los obispos con el Papa para el gobierno de la Iglesia, el ecumenismo, el vínculo de la Iglesia católica con las otras confesiones cristianas, el diálogo interreligioso que es el la relación con las religiones no cristianas, especialmente el islam y sobre todo el judaísmo. y el reconocimiento que el Concilio hace de la libertad religiosa como un derecho civil enraizado en la dignidad de la persona humana y que ha llevado a que la Iglesia eh no propugne más el estado confesional católico y reconozca la pluralidad de religiones y la convivencia civil como parte de la vida de las sociedades.
La gravedad de este hecho, de esta ordenación, es que ha procedido sin el mandato del Papa y contra la voluntad expresa del papa León XIV, que además les advirtió que estaban por cumplir un pecado grave que además conlleva un delito que es sancionado con la excomunión, que es una de las penas máximas que podemos recibir los católicos, que supone una separación de la comunión visible de la Iglesia, aunque es una pena medicinal que se aplica a aquellos actos más graves para que quien lo comete se dé cuenta de la gravedad de lo que está haciendo, se arrepienta y restablezca la justicia.
Por eso hoy la Santa Sede dio a conocer un decreto por el cual se reconoce que han incurrido en el delito de excomunión los dos obispos que consagraron, los cuatro obispos que fueron consagrados y los clérigos, es decir, sacerdotes o diáconos y laicos que adhieran a este acto, que además es un acto cismático porque lesiona la comunión en la Iglesia, también van a incurrir en la excomunión. Es un momento muy doloroso para la vida de la Iglesia, por poner un ejemplo, es una ruptura familiar, como que unos hermanos unos hijos rompen con la familia, se desgajan de la vida familiar y toman su propio camino. No es la primera vez y tal tal tal vez no sea la última que ocurra en la historia de la Iglesia, que ha conocido grupos que se desgajan de la comunión, de la gran Iglesia y se produce lo que yo llamo un extrañamiento. Nos volvemos extraños los unos a los otros, prevalecen las caricaturas, las expresiones ofensivas, se hace imposible la comunión por la distancia que se ha creado, pero para Dios nada es imposible y su providencia puede abrir espacios de diálogos, de reencuentro. Además, Cristo, una de sus últimas oraciones en esta tierra fue pedir la unidad para sus discípulos. Esperemos que se puedan restablecer los vínculos, aunque es un momento muy difícil para todos.»

