No está confirmado siquiera que vaya a venir el papa León XIV a la Argentina. Pero si lo hiciera, hay quienes desean poner en su agenda la posibilidad de que visite el «Fin del mundo», la Antártida, Ushuaia, el Atlantico Sur. Razones e implicancias.
Llegó a la Argentina el nuevo embajador del Vaticano, el «nuncio apostólico» en términos de la Santa Sede, Michael Wallace Banach.
Con su arribo, se espera que se organice la agenda para la tan mencionada pero hasta ahora no confirmada, visita del papa León XIV, que -siempre de acuerdo a los pronósticos no oficiales- se produciría en diciembre.
El nuevo nuncio se reunirá con el «jefe» de la Iglesia en el país, que es el arzobispo de Mendoza, Marcelo Colombo, en su carácter de titular de la Conferencia Episcopal Argentina.
En medio de los runrunes por la potencial visita papal, hay un notable interés de diversos sectores en que se incluya no solo a Buenos Aires, Córdoba y Santiago del Estero, como se viene hablando, sino al Atlántico Sur, con la Antártida como ícono de frontera extrema del mundo, pero con las Islas Malvinas dentro de la jurisdicción de la provincia de Tierra del Fuego que incluye a toda la zona.
Hay sectores diplomáticos, políticos y militares afines a la iglesia católica que bregan por tal posibilidad y el argumento es básico y simple: en las bases antárticas trabajan católicos científicos o con uniforme, y sería un gran mensaje que llegara el sumo pontífice hasta allí.
Por supuesto que no hay ingenuidad política tampoco: en cierta medida, sería un paso más después del despliegue de la bandera que reclamó en el Mundial que «Las Malvinas son argentinas» y que diera origen a que millones de personas en el mundo volvieran a hablar de la posición colonialista de Gran Bretaña y que, inclusive en Londres, el diario The Guardian planteara la necesidad de reabrir el diálogo en torno a su soberanía.
