martes, junio 23, 2026

El mito en la cancha: A 40 años del día en que Maradona reescribió las reglas de la sociedad

COLUMNISTAS INVITADOS. A 40 años de los goles a Inglaterra en el Mundial de 1986, el criminólogo Eduardo Muñoz analiza cómo el fútbol, en apenas cuatro minutos, desnudó los límites de la ley, la moral y la memoria colectiva de una comunidad.

Hay fechas que quedan grabadas a fuego en la identidad de un país, no solo por la épica deportiva, sino por su peso sociológico. Hoy se cumplen exactamente cuatro décadas de un partido que trascendió los límites del césped del Estadio Azteca: el histórico Argentina vs. Inglaterra de los cuartos de final de México 86. En el siguiente texto, el destacado criminólogo Eduardo Muñoz nos invita a mirar más allá de la pelota. Con una perspectiva profunda y afilada, el autor desglosa esos cuatro minutos mágicos y contradictorios en los que Diego Armando Maradona condensó, a través de la «Mano de Dios» y el «Gol del Siglo», las tensiones eternas entre la norma, la trampa, la justicia simbólica y la construcción del mito popular.

La columna completa de Eduardo Muñoz

Los cuatro minutos que explican a Maradona

Se cumplen 40 años de aquel 22 de junio de 1986 en el Estadio Azteca. Argentina enfrentaba a Inglaterra en cuartos de final, con la guerra de Malvinas aún latiendo en la memoria colectiva. El partido nunca fue solo fútbol.

La norma y su grieta

A los 51 minutos, Diego Armando Maradona saltó junto a Peter Shilton y metió la pelota con la mano. El árbitro no lo vio. El gol fue validado. 

La “Mano de Dios” no fue un error oculto, sino una infracción evidente que el sistema no logró sancionar. Millones la vieron al mismo tiempo y, aun así, no hubo una sola lectura. Para algunos fue trampa. 

Para otros, especialmente en Argentina, se convirtió en justicia simbólica. La legalidad era la misma para todos. La legitimidad, no. Las normas no existen solo por lo que prohíben, sino por cómo las comunidades las interpretan cuando se rompen.

Lo que no necesita explicación

Cuatro minutos más tarde, Maradona tomó la pelota en su propio campo y comenzó la jugada más recordada de la historia del fútbol. Dejó atrás a medio equipo inglés con una secuencia continua de control, velocidad y decisión hasta terminar en gol. El “Gol del Siglo” no necesita defensa ni contexto. Se sostiene por su propia evidencia.

En menos de cinco minutos convivieron dos relaciones opuestas con la norma. Una la pone en crisis. La otra la vuelve irrelevante sin discutirla. La primera necesita interpretación. La segunda la reemplaza.

La paradoja que nos define

Esta secuencia funciona como una imagen precisa de cómo operan las sociedades. La misma persona, en un intervalo mínimo, produce una acción que depende de la ambigüedad colectiva y otra que se impone sin mediación. No es una cuestión de talento ni de moral deportiva. Es una forma de ver cómo las comunidades deciden qué transgresiones condenan y cuáles integran, reescriben y convierten en mito.

Lo que queda después de cuarenta años

Cuarenta años después, no quedan solo dos goles. Queda la evidencia de que la frontera entre regla y mito no es fija: se negocia constantemente con la memoria y el contexto. En cuatro minutos, el fútbol reveló algo que excede cualquier reglamento: la extraordinaria capacidad humana de producir sentido allí donde la norma ya no alcanza. Y por eso, cuatro décadas después, todavía seguimos procesando ese partido.

Bonus track: El programa completo «¡¿Qué Mundial tenemos?!» con la participación de Eduardo Muñoz

Seguí leyendo