COLUMNISTAS INVITADOS. Escribe José Jorge Chade. Frente al avance de la agresión verbal, la discriminación y la violencia digital, especialistas e instituciones internacionales instan a trazar proyectos educativos urgentes que devuelvan la convivencia civilizada a las disciplinas deportivas.
El fútbol y el deporte en general han traspasado los límites del campo de juego para moldear nuestra cultura y nuestro vocabulario cotidiano. Sin embargo, esta masividad convive hoy con una preocupante propagación de hostilidad, potenciada exponencialmente por el anonimato de las redes sociales.
En este artículo, el Prof. José Jorge Chade analiza las dimensiones de lo que se denomina «discurso de odio» —desde la incivilidad del lenguaje vulgar hasta las amenazas físicas y la discriminación sistemática— y expone las medidas de tolerancia cero que organismos como la FIFA implementan para contrarrestarlo. Una reflexión profunda que invita a dejar de naturalizar la violencia verbal y a entender que el odio jamás puede ser parte del juego.
La columna completa de José Jorge Chade
Por una comunicación no hostil en el deporte
Hoy en día, la Argentina puede considerarse, con razón, uno de los países con mayor porcentaje de aficionados al fútbol. La popularidad de este deporte ha crecido progresivamente a lo largo de los años, pasando de ser una exótica invención británica a un compañero cotidiano. Sin embargo, el fútbol actual ha expandido sorprendentemente su alcance, abarcando ámbitos que aparentemente serían incompatibles con él: desde la política hasta la gastronomía, e incluso el lenguaje. Es precisamente este último, el lenguaje, el que me servirá de eje central para el desarrollo de este comentario. Hay expresiones tienen, sin duda, sus raíces en la jerga futbolística, pero gracias a la creciente difusión del deporte, han experimentado gradualmente un proceso de re-semantización, convirtiéndose en parte integral del vocabulario común. Desde esta perspectiva, cabe destacar el importante papel desempeñado por la prensa, en particular las publicaciones deportivas.
El mal uso y abuso del lenguaje utilizado en el fútbol se manifiesta tanto en el terreno de juego, mediante insultos y provocaciones, como en las gradas, a través de cánticos racistas y homófobos. Para combatir el uso de lenguaje discriminatorio en las Copas Mundiales y competiciones internacionales, la FIFA adopta una política de tolerancia cero con sanciones, multas y el despliegue de observadores e inteligencia artificial para bloquear el abuso en línea.
Para comprender y combatir este fenómeno, aunque los conozcamos, es necesario que lo analicemos de nuevo en tres niveles:
- En el terreno de juego: Los insultos o gestos despectivos entre jugadores y árbitros se castigan con tarjetas rojas y suspensiones. Para evitar la lectura de labios y limitar las provocaciones, la FIFA ha introducido normas que prohíben a los jugadores taparse la boca durante los enfrentamientos acalorados.
- En las gradas: Los cánticos discriminatorios y las pancartas ofensivas se controlan mediante protocolos estrictos. Los árbitros tienen la autoridad para interrumpir, suspender o dar por terminado el partido si el lenguaje ofensivo de los aficionados se convierte en odio racial o territorial.
- En línea: La expansión de las redes sociales ha provocado un aumento exponencial de la agresión verbal. Organizaciones como la UEFA y la FIFA supervisan constantemente sus plataformas, bloqueando y denunciando comentarios ofensivos, sexistas, racistas u homófobos dirigidos a los atletas.
Se utilizan cuatro categorías para define el «discurso de odio»: lenguaje vulgar, agresión verbal, agresión física y discriminación. El fútbol es el tema dominante en las interacciones en línea, representando aproximadamente el 96% de las publicaciones q2ue han sido analizadas en Facebook y Twitter.
El discurso de odio se debate cada vez con mayor frecuencia y con cierta aprensión. Sin embargo, proporcionar una definición precisa de lo que se entiende por discurso de odio está muy lejos de ser una cosa sencilla. Si bien este término se refiere (literalmente) a «discurso de odio», aclarar todo lo podría abarcar esta categoría resulta más problemático. El debate sobre la libertad de expresión (Yong, 2011) cobra relevancia, y determinar qué factores contribuyen a definir el contenido textual o verbal como discurso de odio pasa a convertirse en objeto de debate.
Podemos definir el DISCURSO DE ODIO como la promoción, la incitación a la denigración, el ataque o la humillación de una persona o grupo de personas, así como el acoso, el insulto, la estigmatización, el uso de estereotipos negativos o las amenazas contra personas basadas en características relacionadas con la raza, el color, la religión, el origen nacional o étnico, la edad, la discapacidad, el género, la identidad de género o la orientación sexual. (2016, Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia (ECRI) – N.º 15 – 8.12.2016)
El entorno en línea es el espacio donde la expresión y la difusión de ideas o creencias intolerantes se propagan con mayor facilidad y amplitud. (Assmakopoulos et al., 2017).
Les paso seguidamente el Barómetro del Odio en el Deporte:
- LENGUAJE VULGAR: (Uso general de blasfemias y expresiones vulgares no dirigidas a otra persona.) El lenguaje vulgar sería la primera dimensión y se refiere al uso de blasfemias. Si bien no constituyen una forma de discurso de odio en sentido estricto, su uso se ha considerado un primer indicador de una interacción que se produce fuera de los límites de la conversación civilizada. No es casualidad que el término «incivilidad» también haya aparecido en la literatura académica junto con el término «discurso de odio», que incluye el uso general de blasfemias y expresiones vulgares no dirigidas específicamente a otra persona.
- AGRESIÓN VERBAL: (Uso de blasfemias e insultos con la intención de ofender verbalmente a otra persona.) Esta sería la segunda dimensión se refiere a la agresión verbal. En este caso, las blasfemias e insultos están dirigidos, es decir, se utilizan con la intención de ofender verbalmente a otra persona. Este tipo de lenguaje puede ir dirigido al menos a dos objetivos diferentes. Por un lado, el insulto puede ir dirigido al equipo, al jugador, al periodista o a cualquier otra persona con la que no se pueda interactuar. Por otro lado, este tipo de lenguaje puede dirigirse a uno o más usuarios activos que reaccionan e interactúan entre sí, generando una espiral de discurso de odio.
- AGRESIÓN FÍSICA: (Uso de blasfemias e insultos con la intención de ofender o amenazar físicamente a otra persona.) La tercera dimensión implica (la invocación de) agresión física. Es, esencialmente, una versión más violenta de la dimensión anterior, que implica amenazas dirigidas. Nuevamente, estas pueden dirigirse genéricamente a una persona pasiva o a un usuario que puede participar en la conversación. Este tipo de agresión se distingue de la anterior por la intención de amenazar a otra persona, poniendo en peligro su seguridad, no solo su bienestar mental y psicológico.
- DISCRIMINACIÓN: (El uso de blasfemias e insultos con el fin de ofender a otra persona por ser diferente de lo que se considera normal.) Finalmente, la cuarta dimensión capta la esencia del discurso de odio con la falta de inclusión, identificando aquellas expresiones de discriminación dirigidas a ofender a otra persona por sus características, como etnia, religión, género, orientación sexual, condición física o mental, o simplemente por ser diferente de las normas dominantes consideradas normales.
Estos datos son particularmente preocupantes, ya que, combinados con las estadísticas sobre agresiones durante los partidos e incidentes de racismo en los estadios, indican que el discurso de odio y la violencia en el deporte están en aumento.
«Lamentablemente, el deporte no es un terreno libre. Padece los males que afectan a otras áreas de la vida social, especialmente en relación con el fenómeno de las redes sociales», eso comentó Franco Arturi, editorialista de la Gazzetta dello Sport y director de la Fundación Candido Cannavò para el Deporte. “Sin embargo, en los estadios, con relativa frecuencia, escuchamos cánticos contra los que debemos actuar con absoluta firmeza. Durante los partidos, nunca es fácil saber cuándo, cómo y si se debe detener el juego en caso de un exabrupto racista. Pero lo cierto es que la sensibilización constante sobre este tema es fundamental”. Además, es importante destacar cómo el discurso de odio en el deporte se manifiesta de formas cada vez más sutiles e inesperadas, afectando a veces incluso a los campeones más destacados. La fuente del odio siempre está presente, en todas partes. Solo necesita pretextos, a veces absurdos, para manifestarse. No podemos abandonar el terreno y desestimar estas expresiones como bromas, aunque en la gran mayoría de los casos sean anónimas.
«El odio no es deporte» por ello se hace necesario que los gobiernos y las instituciones educativas y deportivas puedan construir un proyecto educativo para prevenir y combatir el discurso de odio en el deporte.”

