miércoles, mayo 27, 2026

El 20 presentarán un «libro que late»

El 20 de marzo a las 19 en el Círculo de Periodistas de Mendoza, ubicado en 9 de Julio 3063 de la capital mendocina, será presentado el libro «La vida me cuenta… sueños y realidades», de José Jorge Chade. Aquí les anticipo el prólogo que escribí para una obra que imaginé como un corazón latiendo.

Este poemario de José Jorge Chade pertenece a la categoría de libros que no se escriben, sino que se decantan. Podríamos decir que no nació de un impulso sino de un sedimento: el de una vida que se ha dejado atravesar por mares, silencios, voces antiguas y ciudades donde el tiempo parece tener otro pulso.

En estas páginas, el lector no encontrará solamente poemas, sino los destellos de un espíritu que ha viajado tanto hacia afuera como hacia adentro.

José Jorge Chade escribe como quien abre un arcón heredado: adentro están los ecos de sus mayores, la lengua que cruza fronteras, el perfume de la infancia, la persistencia del amor, los pasos que dejaron huella, las heridas que enseñaron. Cada verso es un hilo que lo une con un origen múltiple, hecho de muchas patrias y ninguna del todo.

Su poesía es, a la vez, una ofrenda y un regreso. Una ofrenda al mundo cotidiano —a lo minúsculo que nos sostiene sin que lo notemos— y un regreso al íntimo territorio donde la experiencia se vuelve materia luminosa. Chade escribe —en este y en su anterior poemario— con la respiración del viajero que jamás pierde de vista su hogar, incluso cuando el hogar se ha vuelto una pregunta.

Hay, en su poesía, una voluntad de detenerse y escuchar el rumor escondido en las cosas: el borde del mar, el temblor de un recuerdo, la sombra tenue de una ausencia que todavía conversa con nosotros. Sus versos nacen del deseo de entender la trama secreta de la existencia, esa que solo se revela a quien es capaz de habitar la intemperie y, aun así, volver con algo entre las manos.

El poema que da título al volumen late en medio de todos los demás. Es fuerte. Vive después de muchas vidas vividas y da cuenta de pasajes que han resultado tanto tristes como alegres, pero en otros términos, en los que emanan de la racionalidad.

Es un libro en el que los colores toman protagonismo. Aun el gris, que lo es, aunque con menos “prensa” que los vivaces, y del cual el autor exprime al máximo la idea de resiliencia, tornándose un punto central del reinicio, del renacimiento, del florecer después de cada marchitamiento.

Este libro no se mide en páginas, sino en latidos.

En su ritmo hay un corazón que se expone con coraje y delicadeza.

La vida —toda la vida— vibra aquí con sus pliegues: lo que fuimos, lo que somos, lo que quedó en el camino y lo que todavía nos llama.

Y aquí y ahora indago al lector: ¿qué sucedería en cada uno si leyera estos poemas y no supiera quién es su autor? ¿Le pondrían su firma? ¿Lo adjudicaría a quién?

Como cronista —ya que crítico literario no soy— al hablar con Jaime Correas en torno a su experiencia junto al gran poeta Roberto Juarroz contaba cómo hace 40 años los alumnos de Filosofía y Letras de la UNCUYO publicaban folletos con sus propios poemas y los entregaban en el anonimato total, para convocar a la arbitrariedad y despejar todo intento de prejuicio.

Hay poesía viva en este libro. Propietaria de una vida lograda, conseguida, por la que se luchó y que se consiguió no sin frustraciones y amarguras en el camino, como lo denuncia y delata.

Invito al lector a entrar como se entra a un lugar donde el tiempo se aquieta.

Leer este poemario es aceptar una compañía: la de un poeta que ha recorrido la vastedad humana y regresa para contárnosla con palabras que no pesan, sino que abren.

Porque la poesía de José Jorge Chade no busca explicar el mundo: busca ensancharlo. Y en ese gesto, generoso y hondo, nos recuerda que vivir —cuando se vive con atención— es siempre un acto poético.

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