El libro «Nadie ve lo mismo» de Fernando Gentile, representa un manual de lecciones aprendidas, y que a la vez son transmitidas en beneficio de quien las lea.
«Alguien escucho algo distinto a lo que yo creí haber dicho», confiesa Fernando Gentile, argentino de Mendoza, empresario y exlíder de equipos de la banca corporativa ahora residente en Madrid. Eso solo fue suficiente para desencadenar uno de los destinos posibles: escribió un libro con su propia experiencia -una vez auscultada, radiografiada y reflexionada por sí mismo- de modo de que les sirva al resto como modelo de contrapunto.
Podría haber ignorado por completo aquel momento. También, podría haber resignado tiempo y dedicación a estudiar lo que ese instante dejó en su persona, como si la Matrix se detuviera, y continuar repitiendo esquemáticamente la habitualidad de quienes ejercian tareas como la suya.
Pero no.
Decidió avanzar y revisar todo su accionar, su relacionamiento con el personal a cargo, con sus superiores, con los clientes y, con todo ello, darle la tarea ya hecha al resto de la humanidad.
Es por ello que el libro resulta útil, además de objeto. Hay mucha gente que busca tener un libro e, inclusive, escribirlo, pensándolo solo como «una cosa», un objetivo, un logro, una forma de alardear conocimientos.
En este caso no: Fernando Gentile ha encontrado una forma amena y llevadera de plasmar experiencias sin querer imponer, con ello, «un antes y un después», sino una versión inteligente sobre cómo sobrellevar las relaciones laborales e institucionales.
«Aprender siempre», aconseja al paso, pero no como imposición del un «sabelotodo», sino con la humildad de quien aprendió de que siempre se puede aprender más. Pero advierte que «el desafío más exigente no es incorporar algo nuevo sino revisar lo que uno ya tiene incorporado».
Descubrió, en la autoevaluación, que «cada persona llega con su propio mapa» al lugar de trabajo y que, por lo tanto, cada quien ve, escucha y comprende cosas diferentes cuando entra en diálogo con lo que lo rodea. Eso, dice Gentile, es de crucial importancia descubrirlo a tiempo, antes del choque y la ruptura, porque «hay que asumir los errores sin culpa» ya que «quien no hace no se equivoca».
Y un objetivo final de trabajo que lo engrandece, ya que no es autoalabativo sino que representa una catapulta para los demás: da cuenta de que el objetivo de quien lidera los espacios es que el otro crezca.
Valioso aporte, realmente.
