COLUMNISTAS INVITADOS. A propósito de las recientes comparecencias judiciales de la ex vicepresidenta, Elia Ana Bianchi de Zizzias recupera un análisis de 2020 que resulta profético. En estas líneas, la autora desglosa la construcción de un modelo basado en el autoritarismo, el clientelismo y la erosión de los valores republicanos.
El paso del tiempo suele ser el juez más implacable para las ideas políticas. Sin embargo, hay análisis que, lejos de envejecer, se consolidan como mapas precisos para entender el presente. En el marco de los procesos judiciales que hoy enfrentan a la dirigencia del pasado reciente con la sociedad y sus instituciones, resulta imperativo releer las advertencias que se trazaron cuando el poder parecía absoluto.
Bajo el título «Memoria viva», la educadora y referente intelectual Elia Ana Bianchi de Zizzias rescata una columna publicada originalmente en noviembre de 2020.
En aquel entonces, bajo el peso de la pandemia y la incertidumbre global, ya se advertía sobre una «democracia en riesgo» y una gestión «tóxica» que priorizaba el encubrimiento y la desarticulación del mérito por sobre el bienestar ciudadano. Hoy, con la perspectiva que dan los años y los estrados judiciales, aquel texto vuelve a interpelarnos: ¿Qué país permitimos construir y cuánto de ese «país al revés» todavía persiste en nuestra cultura política?
A continuación, la columna de Elia Ana Bianchi de Zizzias que —a la luz de los hechos actuales— cobra una relevancia renovada.
Memoria Viva
Al escuchar las declaraciones de Cristina en el juzgado, en uno de los tantos juicios pendientes por los que tiene que responder no solo ante los jueces, sino también ante los ciudadanos, me parece oportuno recordar este artículo publicado en el diario MEMO el 8 de noviembre de 2020.
Gobierno tóxico y democracia en riesgo
Nos acercamos a un fin de año complejo a nivel mundial. Los ciudadanos comunes —especialmente los mayores, que cumplimos los “protocolos”— somos espectadores de las elecciones de Estados Unidos, con una extraordinaria cantidad de votantes y discursos arrogantes y provocativos; también de las catástrofes climáticas, de la guerra, de la incertidumbre global y de la pandemia.
Pero lo que más me preocupa es nuestra realidad: con un gobierno contradictorio que un día dice una cosa y al otro la cambia; con la falta de políticas sociales que permitan la creación de trabajos dignos, en lugar de ese clientelismo que ha pervertido a gran cantidad de ciudadanos convertidos en sujetos obsecuentes a cambio de variopintos planes sociales manejados por punteros o narcotraficantes.
La paranoia del Congreso de la Nación, con una Vicepresidenta quien, con un autoritarismo demencial, maneja todas las instituciones de manera tal que todas se convierten en sus instrumentos para encubrir su pasado y presente de corrupción. Hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación, tribunal máximo de administración de justicia en una real democracia, ha cedido hábilmente a las aspiraciones de la «Reina». Excepto un solo juez, que votó diferente con argumentos sólidos de derecho y no de intencionalidad política como lo hicieron los otros integrantes.
Sumidos en el desconcierto, los ciudadanos esperamos las vacunas, que seguramente serán objeto de acuerdos políticos y económicos: viajes a Rusia, charlas con Putin, ética y responsabilidad de los laboratorios. La verdad es que nadie puede estar seguro de sus tiempos y efectos. “Millones de vacunas rusas para nosotros”, mientras gran parte de la población infantil se muere por desnutrición en un país rico en productos alimenticios.
La economía está en un sube y baja de anuncios, con cierta coherencia en algunos economistas que nos muestran una balanza en baja saqueada por el propio gobierno. Todos los días comprobamos que los precios de la canasta familiar suben y suben, mientras multitudes cortan calles para pedir recursos para comedores comunitarios.
¿Qué decir de las políticas de seguridad, cada vez más inciertas y dubitativas? Presos sueltos que continúan delinquiendo, los disfrazados de mapuches destruyendo casas e iglesias y los otros que, bajo la mirada distraída de los dirigentes de turno, se apropian de propiedades privadas en el “País del Nunca Jamás”.
¿Desde qué mente desequilibrada se puede afirmar que el mérito no es un valor, la pobreza un don y la riqueza un delito; que Moyano es el ejemplo de sindicalista y el gobernador de Formosa el ejemplo de gestión en 25 años? Es necesario que pongamos las cosas en su lugar; de lo contrario, es cierto que este es un país al revés.
Por otra parte, la “tragedia educativa” que se inició hace largo tiempo entre gobiernos de facto, populares, desarrollistas y democráticos, con leyes (exceptuando la Ley 1420), congresos, etc., no tuvo impacto positivo en la realidad escolar (salvo algunas excepciones, como el Plan de Alfabetización Nacional de Raúl Alfonsín, que recibió un premio de la UNESCO en París y fue anulado por Menem). Al presente, la pandemia está provocando graves daños en familias, docentes y alumnos, creando mayor desigualdad con la utilización de la tecnología. La necesidad de la vuelta a clase también es un desafío que la educación deberá afrontar a corto y largo plazo.
Los jóvenes de la generación del 70 fueron manipulados por ideologías violentas; vivieron y mataron con odio, y algunos descendientes de esos jóvenes encuentran en el modelo de Cristina el ideal de venganza, en lugar de la visión de paz y sano ejercicio de la ciudadanía. Son ideologías que están persiguiendo y matando a los que no piensan como ellos, como en el caso venezolano.
También es hora de una autocrítica ciudadana: de los indignados, de los amigos del silencio, de los que no supimos hacer crecer a niños, niñas y jóvenes en valores humanos, no solo con enunciados prescriptivos sino con el ejemplo y la convivencia democrática; esto es, el valor del esfuerzo y el respeto por el otro.
