miércoles, abril 29, 2026

Los nombres del anonimato: El fascinante origen de Fulano, Zutano y sus primos italianos

COLUMNISTAS INVITADOS. ¿Quiénes son realmente esos personajes que nombramos sin conocer? El Prof. José Jorge Chade explora la raíz medieval de las expresiones que usamos para referirnos a la «gente común» y cómo la práctica jurídica en Bolonia marcó el lenguaje universal para siempre.

El lenguaje cotidiano está lleno de fantasmas. Los invocamos a diario en nuestras conversaciones para dar ejemplos, para evitar nombrar a alguien o simplemente para referirnos a un sujeto indeterminado. En Argentina, los conocemos como Fulano, Zutano y Mengano; en Italia, son Tizio, Caio y Sempronio; y en el mundo anglosajón, responden a Tom, Dick y Harry.

Pero, ¿alguna vez nos preguntamos quiénes fueron originalmente estos individuos o cómo llegaron a colonizar nuestro vocabulario? Lo que hoy parece una informalidad popular tiene, en realidad, un origen ilustre que se remonta a los claustros universitarios del Medioevo y a la cuna del derecho moderno.

En la siguiente columna, el Prof. José Jorge Chade nos propone un viaje lingüístico y cultural para desentrañar la identidad de estos personajes que, aunque nadie ha visto nunca, todos conocemos por nombre y apellido.

La columna completa de José Jorge Chade

Fulano, Zutano y Mengano

Empecemos por Italia: ”¿Quiénes son Tizio, Caio y Sempronio?”.


¿Quién es Tizio? ¿Y quiénes son Caio y Sempronio? No son amigos míos con nombres raros pero son tres personajes que todos en Italia conocen. De norte a sur, si ves a un italiano y le dices: ¡Ti saluta Tizio! Él entiende. Y te entiende aunque a tus saludos añadas a sus compinches Caio y Sempronio.

¿Por qué tienen toda esta fama? ¿Son actores italianos, por casualidad? ¿O los cantantes de ópera de la gran tradición italiana? No, estamos lejos de la verdad. Tizio, Caio y Sempronio los conocen a todos pero, en realidad, nadie los conoce. Sin embargo, tienen parientes muy cercanos en todos los países del mundo.

En Latinoamérica tenemos a la frase «Fulano, Mengano y Zutano» surgió de la combinación de dos palabras de origen árabe y una del latín. En la actualidad, se utiliza para referirse a personas cuyos nombres desconocemos o no recordamos

Las siguientes son las palabras árabes y latinas de las que derivan:

Según el docente Charlie López, Fulano deriva de «fulan» que se traduce como «persona cualquiera», Mengano proviene de «man kan» que significa «quien sea» y Zutano viene del latín scitanus, que equivale a «sabido».

También encontramos algunas variaciones de Fulano, Mengano y Zutano.

La frase también se adaptó al femenino. En caso de querer mencionar mujeres a modo de ejemplo o sin decir su nombre, se utiliza el término «Fulana, Mengana y Zutana». Del mismo modo, puede emplearse con el diminutivo «Fulanito, Menganita y Zutanito».

Estas figuras son meras construcciones lingüísticas, no individuos de carne y hueso. Aunque nunca existieron tales personajes, son de uso frecuente para dar ejemplos o para no dar a conocer el nombre verdadero de una, dos o tres personas.

El orden que se suele seguir es el que encontramos en los ejemplos de arriba. Cuando hablamos de una sola persona, esta es Fulano. Cuando nos referimos a dos, metemos a Zutano y a Mengano.  Existe, incluso, un cuarto compañero, Perengano; pero es raro que aparezca.

Esto mismo se usa en italiano para indicar su persona genérica, la frase “Tizio, Caio y Sempronio” se usa desde el Tardo Medioevo, cuando en Bolonia vivía un jurista y glosador del nombre de Irnerio, que las utilizó con fines ilustrativos……

A primera vista, parece una forma popular de decir las cosas, incluso un poco demasiado informal, pero en realidad la expresión «Tizio, Caio e Sempronio» tiene orígenes que no solo son antiguos, sino también y sobre todo ilustres.

Utilizado en italiano para indicar que una persona genérica ha hablado durante un discurso, el término es correcto en el Bajo Medioevo, y más precisamente en los siglos XI-XII d. C., desde esa época en Bolonia, cuando un abogado y glosador considerado de los fundadores del moderno Derecho, llamado Irnerio, lo menciona.

Irnerio glosando las leyes antiguas (1886), boceto de Luigi Serra, Colección Stefano Pezzoli (Bolonia).

En el Alma Mater Studiorum (Univ. De Bologna), existen registros y escrituras en varios volúmenes de análisis y comentarios sobre las pruebas de antigüedad de estas palabras, con la intención de jugar y reflexionar sobre ellas.

En otras palabras, al tener que adaptarse a una época en la que todavía predominaba el latín, Irnerius eligió tres nombres particularmente comunes.

Pero entre las muchas posibilidades, ¿por qué eligió a estos tres? Según algunos, la conexión radica en la familia Graco, conocida por su tradición política romana, cuyos miembros más famosos fueron el padre Sempronio y sus hijos Caio y Tiberio, este último convertido en Tizio quizás por motivos de simplificación.

Se cree que el uso conjunto y sistemático de estos tres nombres como tópico (término común) para referirse a individuos anónimos se afianzó, sobre todo en el siglo XII, en la Escuela de Bolonia, considerada la cuna del derecho moderno. Juristas como Irnerio, en sus clases y glosas sobre textos romanos, utilizaban con frecuencia «Tizio, Cayo y Sempronio» para ejemplificar situaciones jurídicas, haciendo el aprendizaje más concreto y accesible a los estudiantes.

Desde este contexto académico y jurídico, la expresión migró gradualmente al lenguaje cotidiano, perdiendo su carácter estrictamente técnico y adquiriendo el significado más amplio y coloquial de «cualquiera» o «gente común». Hoy en día, oír «Tizio, Caio y Sempronio» evoca inmediatamente la idea de anonimato y generalidad, un legado fascinante de cómo la práctica jurídica ha influido y enriquecido nuestro vocabulario cotidiano.

Sea cual sea la verdad, la frase ha perdurado hasta nuestros días y se ha incorporado al lenguaje común, hasta el punto de que los tres nombres se escriben a veces en minúsculas por excelencia, y decir «tizio» ahora equivale a «cierta persona, un hombre común», como ocurre en el extranjero con otras expresiones típicas.

En inglés, por ejemplo, el equivalente es «Tom, Dick y Harry», mientras que en Francia se convierte en «Pierre, Paul o Jacques», y en España en el cuarteto «Fulano, Zutano, Mengano y Perengano». Por no mencionar al alemán, que optó por «Hinz und Kunz», o al azerbaiyano con su «Ali, Vali y Pirvali», demostrando que, a pesar de las distinciones necesarias, en todo el mundo es igual…

Muchos de nosotros también aportamos otras formas de mencionar a alguien indeterminado, desde Pepito a Perico, a Juan el de los palotes y otros. Igualmente, hay quien pone apellido a estos «tipos» (Pepe y Juan de la familia Pérez) y muchos añaden el sufijo -ito (fulanito, menganito…).

Esperemos que estos personajes sigan dando que hablar, aunque, visto lo visto, parece poco probable que en algún momento fulano o alguno de sus parientes desbanquen a otros nombres comunes en el mundo hispanohablante. (Pepe, Paco, Juan, Cholo, etc.)

Fuentes consultadas

  • Ruth, Martín Mazon, Filóloga hispánica. Alumna en prácticas en Fundéu (2019).
  • Asociación de Idioma Italiano, Perugia. Italia
  • MAR-TE.tv l’informazione e la promozione . Reggio Calabria, Italia, 2023.

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