El descargo, difundido por el arquitecto Mario Japaz el día de la marcha para que el gobierno nacional aplique la Ley de Financiamiento Educativo, reaviva el debate sobre la eficiencia del gasto universitario, el impacto de la Inteligencia Artificial en las currículas y el uso político de las movilizaciones.
La discusión sobre el financiamiento y la transparencia de las universidades nacionales sumó un nuevo y contundente capítulo. En las últimas horas, se volvió viral una «Carta de un egresado» difundida por Mario Japaz, ingeniero industrial graduado de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO), plantea una mirada crítica desde adentro del sistema.
Japaz, quien posee un currículum estrechamente ligado a la educación pública —fue profesor ad honorem, consejero directivo e intercambista en Francia—, asegura que su pedido nace del «cariño y agradecimiento» a la institución, pero advierte que es necesario separar la defensa de la educación de la protección de «estructuras ineficientes, corporativas e intocables».
Este martes, una marcha de más de 15 mil personas, acompañadas por todos los candidatos a rectores de la UNCUYO, marcharon por las calles de Mendoza y cerca de un millón y medio en todo el país, reclamándole al gobierno nacional la aplicación de la Ley de Financiamiento Educativo, ratificada dos veces por el Congreso y que el Gobierno se niega a aplicar.
El fin del «dogma moral»
Uno de los puntos más ríspidos de la misiva apunta a la gratuidad. Según el ingeniero, la idea de que la universidad no tiene costo es un error conceptual. «La universidad pública no es gratis. La paga toda la sociedad, incluyendo al obrero y al trabajador que jamás pisará una facultad». En ese sentido, calificó como «profundamente injusto» que sectores vulnerables financien carreras de sectores medios y altos que podrían costear su formación.
Como alternativa, propone abandonar la gratuidad irrestricta como un «dogma» y reemplazarla por un sistema fuerte de becas destinado exclusivamente a quienes no pueden pagar.
La IA y el desfase académico
La carta también pone el foco en la desconexión entre la oferta académica y la realidad tecnológica actual. Fontana lanza preguntas incómodas sobre el futuro de ciertas profesiones frente al avance de herramientas como Claude y la IA generativa.
«¿Cuál es el futuro real de un traductorado en tiempos de traducción automática casi instantánea?», cuestiona, a la vez que pide discutir la demanda real y la inserción laboral de las carreras. Según el egresado, la universidad no puede ser el único lugar del planeta donde esté prohibido hablar de reemplazo tecnológico y eficiencia.
Las críticas al «Síndrome de Estocolmo» político
Finalmente, la carta aborda la veta política de la crisis universitaria. El autor observa una «casualidad curiosa»: las grandes marchas federales universitarias suelen ocurrir cuando el signo político del gobierno nacional no es peronista, sugiriendo una utilización partidaria de la causa.
El debate en las redes
La publicación no tardó en generar réplicas. Entre los comentarios destacados en la difusión de Japaz, algunos usuarios de Facebook —como Álvaro Emiliano Guevara— cuestionaron la rigurosidad con la que se exige transparencia al sector educativo en comparación con otras áreas del Estado, como la compra de equipamiento militar, señalando que el Ejecutivo tiene la obligación de financiar la educación por ley. Jorge Fontana, opinó: «No puede reclamar nada quién incumple la ley. Y es ridículo seguir insistiendo con la cantinela de las «auditorías», como si esa fuera la razón del incumplimiento».
Para Japaz, sin embargo, la conclusión es clara: «Auditoría, transparencia, reestructuración y eficiencia» son las verdaderas herramientas para defender la universidad pública en el siglo XXI.
