COLUMNISTAS INVITADOS. De cara a la semifinal del Mundial 2026 frente a Inglaterra, el criminólogo Eduardo Muñoz reflexiona sobre el regreso de la histórica camiseta alternativa y analiza cómo la anticipación, el cuidado de los pequeños detalles y la identidad colectiva construyen las grandes victorias mucho antes de salir a la cancha.
Argentina volverá a vestir de azul frente a Inglaterra en la semifinal del Mundial 2026. La AFA pidió y obtuvo autorización de la FIFA para utilizar el uniforme alternativo. Detrás de esa decisión hay mucho más que un cambio de indumentaria: hay una historia sobre cómo los pequeños detalles pueden definir el destino de un equipo.
Un símbolo que nació por necesidad
Este miércoles, la Selección Argentina saldrá al campo con casaca azul para enfrentar a Inglaterra en las semifinales del Mundial. Para muchos será apenas un uniforme más. En realidad, es el regreso de un símbolo que nació hace cuarenta años para resolver un problema práctico y terminó escribiendo una de las páginas más gloriosas del fútbol argentino.
Después del partido frente a Uruguay en México 1986, los jugadores advirtieron que la camiseta de algodón absorbía el sudor y se volvía pesada bajo el calor mexicano. Lo que parecía un detalle menor podía terminar definiendo un partido.
El utilero del seleccionado y el tercer arquero, Héctor Zelada, recorrieron comercios de Ciudad de México hasta encontrar camisetas de poliéster más livianas. Esa misma noche les cosieron el escudo de la AFA, y los números plateados, inspirados en las camisetas del fútbol americano, que quedarían para siempre en la memoria colectiva.
La leyenda cuenta que Maradona, al verla, dijo: «Con esta le ganamos a Inglaterra». Tal vez nunca haya pronunciado exactamente esa frase. Lo verdaderamente importante es que alguien detectó una debilidad y decidió corregirla antes de que afectara al equipo. Sin saberlo, aplicó uno de los principios básicos de la prevención: intervenir antes de que el problema produjera sus consecuencias.
Cuando la memoria vuelve a jugar
Casi cuatro décadas después, Argentina enfrenta nuevamente a Inglaterra y vuelve a elegir esa misma camiseta. No por superstición, sino porque ciertos símbolos tienen la capacidad de recordar quiénes fuimos cuando parecía imposible ganar.
Recuperar esa casaca no significa vivir del pasado, sino volver sobre una experiencia que fortaleció la identidad de un equipo, demostró el valor de anticiparse a los problemas y convirtió un detalle aparentemente menor en una ventaja competitiva.
Las victorias empiezan antes del partido
Los grandes resultados rara vez nacen de un único momento de genialidad. Se construyen con muchas decisiones pequeñas que, en su momento, pasaron casi desapercibidas.
La gran enseñanza de México 1986 no fue solo el talento de Maradona. Fue también la capacidad de todo un grupo para ver lo que otros no veían y actuar en consecuencia.
Este miércoles, Argentina saldrá a jugar con once futbolistas y un plan de juego. Pero también lo hará con un símbolo que mantiene vigente una enseñanza de hace casi cuarenta años: las grandes victorias suelen empezar mucho antes de que ruede la pelota.
Porque algunos símbolos no viven del pasado: vuelven a cobrar sentido cada vez que transforman la memoria en confianza.
