COLUMNISTAS INVITADOS Un informe internacional advierte sobre el deterioro emocional y social de niños y adolescentes. El profesor José Jorge Chade analiza cómo la escuela, la tecnología y las instituciones enfrentan —o eluden— un fenómeno marcado por la soledad digital, la fragilidad emocional y la desconfianza en el futuro.
La juventud actual vive conectada como ninguna otra generación antes, pero también atraviesa nuevas y profundas formas de soledad. Así lo revela el Atlas de la Infancia en Riesgo 2025, elaborado por Save the Children, un informe que pone el foco en los desafíos educativos, emocionales y sociales de la Generación Z y la Generación Alfa. A partir de ese documento, el profesor José Jorge Chade propone una reflexión crítica sobre el rol de la escuela y de las instituciones frente a un escenario que combina hiperconectividad, aislamiento y fragilidad emocional.
Según Chade, los jóvenes enfrentan hoy “una acumulación de tensiones que afectan su vínculo con la escuela, su bienestar psicológico y su capacidad de proyectarse hacia el futuro”. En Argentina, el contexto demográfico añade un dato clave: apenas el 17% de la población tiene entre 10 y 19 años, lo que contribuye a una sensación de invisibilidad generacional.
Uno de los primeros espacios donde se manifiestan estas tensiones es la escuela. El informe citado señala que el 78% de los adolescentes de 15 años en países europeos como Italia perciben la experiencia escolar como estresante, especialmente por la presión académica. Esta situación se agrava en contextos socioeconómicos desfavorecidos y entre jóvenes de origen migrante, donde el sistema educativo, lejos de funcionar como red de contención, puede convertirse en un factor de exclusión.
El deterioro del bienestar psicológico es otro eje central del análisis. Chade advierte sobre el aumento de trastornos de ansiedad, depresión y una marcada pérdida de confianza en el futuro. Estas problemáticas se expresan en conductas de riesgo como trastornos alimentarios, autolesiones, intentos de suicidio y una creciente insatisfacción con la imagen corporal, alimentada por modelos de perfección inalcanzables promovidos en redes sociales.
En ese contexto, muchos jóvenes encuentran refugio en el mundo digital. “Los filtros tecnológicos funcionan como una forma de escape que no siempre es patológica, pero sí profundamente solitaria”, señala Chade. La Inteligencia Artificial aparece aquí como un actor emergente: el 92,5% de los menores de 19 años utiliza herramientas de IA y una proporción significativa afirma preferir interactuar con un chatbot antes que con una persona real, para evitar el juicio y acceder a una disponibilidad constante.
La hiperconectividad también redefine las relaciones interpersonales y afectivas. Prácticas como el sexting se han naturalizado, con datos que indican que el 80% de las adolescentes envían imágenes íntimas a sus parejas, muchas veces bajo presión. A esto se suma el acceso temprano y masivo a la pornografía en línea, que distorsiona la percepción de la sexualidad y dificulta el vínculo físico y emocional con otros.
El informe alerta además sobre nuevas formas de aislamiento social. El fenómeno del hikikomori —jóvenes que se encierran voluntariamente durante más de seis meses— afecta a cerca del 2% de los adolescentes. Otros presentan síntomas de alienación, priorizando el vínculo virtual por sobre el presencial, mientras que el consumo excesivo de contenidos triviales en línea provoca lo que se denomina “pudrición cerebral”, una disminución de la capacidad crítica.
Frente a este escenario, Chade retoma una idea central del Atlas de la Infancia en Riesgo: la escuela sigue siendo un actor clave en la prevención y el acompañamiento del sufrimiento juvenil. Entre las acciones necesarias, destaca la presencia estable de psicólogos escolares, programas sistemáticos de educación socioemocional y sexual, innovación educativa real y políticas activas para combatir desigualdades y prejuicios que limitan las trayectorias de los estudiantes más vulnerables.
“El desafío no es imponer caminos, sino proponerlos”, subraya Chade, quien insiste en que la función educativa no puede reducirse a la transmisión de contenidos. Las escuelas, sostiene, pueden convertirse en un verdadero baluarte del bienestar si logran construir una alianza basada en la confianza entre jóvenes y adultos.
El informe de Save the Children citado por Chade no ofrece soluciones simples, pero sí una advertencia clara: una generación que desconfía de sí misma y del futuro necesita instituciones capaces de escuchar, acompañar y ofrecer sentido. Transformar el miedo al juicio en apertura hacia el otro y hacia el mañana es, quizás, una de las tareas más urgentes del mundo adulto.
El artículo completo de Chade
Los jóvenes de hoy, entre la soledad digital, el deseo de futuro y el accionar de las instituciones
José Jorge Chade
El Atlas de la Infancia en Riesgo 2025 de Save the Children ofrece un análisis profundo de la juventud actual, explorando los desafíos educativos, emocionales y sociales de la Generación Z y la Generación Alfa. Probemos ahora a examinar y reflexionar sobre los principales temas que surgen de este documento y las herramientas que una comunidad educativa sólida puede implementar para apoyar a los jóvenes en su camino de crecimiento.
Los desafíos emocionales y sociales que enfrentan los niños y jóvenes son, sin duda, numerosos y complejos; abarcan cuestiones cruciales, como su relación con la escuela, el impacto de la tecnología en el bienestar psicológico, el aislamiento social y la sensación de invisibilidad que pueden experimentar los jóvenes en un contexto en el que representan una porción cada vez más pequeña de la población. En Argentina, por ejemplo, el 17% de la población total tiene entre 10 y 19 años. Señales de alerta en la escuela
Uno de los aspectos críticos que destaca el informe de Save the Children es la forma en que los jóvenes experimentan la escuela, percibida por el 78 % de los jóvenes de algunos países europeos como Italia los de quince años ven a la escuela como un lugar estresante debido a la presión de sus compromisos.
Esta cifra puede aumentar significativamente en los centros de formación profesional y perjudica especialmente a los jóvenes de entornos socioeconómicos desfavorecidos o de origen migrante.
Relaciones en riesgo y emociones
Uno de los aspectos más críticos es el bienestar psicológico, con un preocupante aumento de trastornos de ansiedad, depresión y una falta general de confianza en el futuro.
Una expresión de estas dificultades es el acoso físico, con el aumento de trastornos alimentarios, casos de cortes o intentos de suicidio, el deseo de los tatuajes y una creciente insatisfacción con la imagen corporal causada por la referencia constante a modelos de perfección difíciles de alcanzar. Estas experiencias alimentan el miedo al fracaso y el juicio que puede surgir de la comparación con los demás.
Muchos jóvenes intentan escapar refugiándose tras filtros digitales, que, en efecto, se transforman en formas de soledad, no necesariamente patológicas, pero ciertamente no propicias para el bienestar psicosocial que desean. Esto es lo que puede suceder con la Inteligencia Artificial.
Aparecen nuevas formas de soledad
La hiperconectividad que caracteriza la vida de muchos adolescentes y jóvenes está provocando la propagación de nuevas formas de soledad. El fenómeno del aislamiento social, o hikikomori, afecta aproximadamente al 2% de los adolescentes, quienes deciden aislarse voluntariamente durante más de seis meses, encerrándose en sus habitaciones.
Otros presentan síntomas de alienación, prefiriendo la interacción virtual a la presencial. Este aislamiento también se ve impulsado por el fenómeno de la pudrición cerebral, o deterioro mental debido al consumo excesivo de contenido trivial en línea o teléfonos móviles, con consecuente disminución de la capacidad crítica.
En este contexto, la Inteligencia Artificial está adquiriendo un papel sin precedentes: el 92,5% de los menores de 19 años utiliza herramientas de IA, y muchos afirman preferir interactuar con un chatbot a una persona real. Las razones de esta elección están motivadas por el deseo de evitar sentirse juzgados y la disponibilidad ilimitada de los medios digitales.
Un riesgo alarmante de hiperconectividad también afecta a las relaciones románticas de los adolescentes, que ahora están profundamente filtradas por las pantallas.
Prácticas como el sexting ( envío voluntario de mensajes, fotos o vídeos sexualmente explícitos a través de teléfonos inteligentes o Internet) son comunes, y el 80% de las chicas informan que envían imágenes íntimas a sus parejas, a menudo por placer o incluso bajo presión. Además, el acceso temprano y generalizado a la pornografía en línea (percibido por el 54,5 % de los hombres) distorsiona la percepción de la sexualidad y las relaciones en la vida real. Muchos jóvenes tienen dificultades con el contacto físico y prefieren relaciones que nunca lo impliquen por miedo al fracaso.
Tener una sobre exposición digital también conlleva otros riesgos graves, como el ciberacoso, que afecta a un alto porcentaje de estudiantes de entre 15 y 19 años, y la violencia de género en línea.
Exposición al peligro
Las señales conductuales y relacionales que pueden indicar un posible aislamiento social incluyen:
• El Perfil del Lobo Solitario, caracterizado por una marcada disminución de los encuentros presenciales con compañeros fuera del ámbito escolar.
• Sustitución de la realidad por la realidad virtual, lo que resulta en que aproximadamente 6 de cada 10 adolescentes consideren la interacción virtual como un sustituto válido de la interacción presencial.
• Deterioro de la calidad de las relaciones debido a la falta de confianza en compañeros, padres y profesores.
• Desinterés en actividades extracurriculares, como aficiones, deportes u otras actividades grupales, con el consiguiente riesgo de aislamiento social.
• Señales emocionales y físicas, como baja autoestima, insatisfacción grave con el propio cuerpo y ansiedad ante el juicio de los demás.
• Comportamientos digitales específicos, como el phubbing (ignorar al interlocutor físico por el teléfono móvil) y mostrar nerviosismo cuando no se tiene el móvil consigo.
Como destaca el Atlas de la Infancia en Riesgo, las escuelas son un factor importante en la promoción y protección del bienestar emocional y racional. Las acciones a través de las cuales pueden combatir eficazmente el sufrimiento juvenil abarcan múltiples frentes, tales como:
- Apoyo a la salud mental y el bienestar afectivo, mediante:
- Designación de un psicólogo escolar, una figura permanente que ofrece escucha discreta y apoyo, respetando la privacidad
- Programas sistemáticos de educación socioemocional y sexual, actualmente poco frecuentes y mayoritariamente esporádicos
- Innovación Educativa y Escuelas Abiertas (de las que mucho se “habla”), para potenciar el aprendizaje como un proceso activo y crítico y ofrecer a los niños espacios seguros para actividades extracurriculares
- Combatir las desigualdades, con acciones dirigidas a contrarrestar los prejuicios que a menudo llevan a recomendar carreras técnicas o vocacionales a estudiantes de entornos desfavorecidos, sin considerar sus talentos. Situaciones donde vale más el proponer que el imponer.
Para terminar vuelvo a mencionar el Atlas de Save the Children que destaca con precisión los factores de fragilidad que hacen compleja a la juventud actual. Sin embargo, este análisis aporta importantes perspectivas sobre lo que el mundo adulto, especialmente las escuelas, puede hacer para apoyar a esta generación, que parece padecer una desconfianza desconcertante en sus propias capacidades, con graves repercusiones no solo a nivel educativo, sino también socioemocional.
Las escuelas, precisamente por su insustituible función educativa, pueden fortalecer su papel como baluarte del bienestar, en el que se puede forjar una alianza constructiva entre jóvenes y adultos basada en la confianza mutua. Esto es esencial para que el miedo al juicio, que lleva a tantos jóvenes a refugiarse en el aislamiento, se transforme en apertura hacia las relaciones con los demás y hacia el futuro.
FUENTE CONSULTADA: Artículo de INVALSI (03-02-2026)– Via Ippolito Nievo, 35 – 00153 ROMA
