COLUMNISTAS INVITADOS. Una perspectiva educativa y geopolítica sobre los alcances de la Copa del Mundo, por el especialista José Jorge Chade.
El fenómeno de los Mundiales de fútbol suele analizarse desde la pasión, las estadísticas o el impacto puramente económico. Sin embargo, detrás de la competencia de alto rendimiento se esconde un sofisticado entramado de socialización y transmisión de valores que moldea la identidad colectiva de las sociedades contemporáneas.
En esta oportunidad, el especialista en Ciencias de la Educación, José Jorge Chade, nos invita a desarmar el balón y observar la Copa del Mundo como un verdadero «gimnasio cultural» capaz de educar de forma incidental a millones de personas en todo el planeta.
A lo largo de su análisis, Chade no solo rescata los aspectos luminosos del deporte —como la resiliencia, el trabajo en equipo y la diplomacia paralela entre naciones—, sino que también introduce una mirada crítica inspirada en la pedagogía de Paulo Freire para examinar las contradicciones del capitalismo cultural y el uso del soft power en el tablero geopolítico. Una lectura imprescindible para comprender cómo este rito colectivo se transforma, en última instancia, en un fiel espejo de las culturas nacionales. A continuación, compartimos su columna completa.
La columna completa de José Jorge Chade
La Copa del Mundo como gimnasio educativo y cultural
Desde mi punto de vista como experto en Ciencias de la Educación puedo decir que un análisis pedagógico de los Campeonatos Mundiales (de fútbol y otros deportes) investiga cómo la experiencia deportiva se ha convertido en un poderoso agente de socialización y formación. Este evento transforma la práctica competitiva en un gran ritual colectivo, capaz de construir una identidad cultural, transmitir modelos educativos (de éxito, triunfo y lealtad) e influir profundamente en la imaginación del público en general.
Podemos ubicar la Copa del Mundo como un «gimnasio cultural» y aprendizaje informal porque encontramos que existe una transmisión de valores; desde el punto de vista pedagógico la Copa del Mundo actúa como un formidable medio para transmitir normas sociales (juego limpio, respeto al oponente, sanción de las faltas) e ideales (meritocracia, trabajo en equipo). Además de la transmisión de valores existe una educación incidental puesto que esta realización ofrece un aprendizaje generalizado que no es formal. A través de comentarios, alabanzas y debates, se internaliza públicamente el modelo de interpretación real, aprendiendo narrativas sobre la diversidad, sobre el país y sobre la geolocalización de las personas.
Pasamos entonces a los ritos de iniciación y pertenencia que es lo que permite a los individuos formar parte de una gran comunidad. El entorno emocional crea un terreno fértil para el aprendizaje social, fortaleciendo el sentimiento de identidad y crecimiento. Otra visión importante es la de la construcción de imágenes y tipologías de los extranjeros. A través del heroísmo e identificación los futbolistas se convierten en figuras míticas y «héroes modernos», encarnando arquetipos en los que los jóvenes se ven reflejados. Estos éxitos o fracasos ofrecen una narrativa formativa sobre cómo gestionar la presión, la victoria y la resiliencia. Llegamos entonces a la representación de la identidad donde la Copa Mundial actúa como un espejo de las culturas nacionales. Y algo muy importante, el papel de los medios: el discurso retórico de los medios influye en la percepción del cuerpo, el éxito y la competición.
Tenemos también que analizar las cosas que van desde la competencia al capitalismo cultural, tales como:
- La hipercompetitividad: Una pedagogía de exportación que busca promover el crecimiento integral del individuo, pero que corre el riesgo de transmitir una cultura de desesperación, donde el único resultado es la aceptación y la victoria a expensas del beneficio psicofísico.
- La monopolización de la atención: Desde una perspectiva crítica, el evento también es producido por una industria cultural neoliberal. La educación del consumidor prevalece sobre la del ciudadano, transformando la pasión deportiva en una mera actividad lucrativa.
Pero a nivel pedagógico también es importante detenerse en el potencial transformador que es el enfoque de Paulo Freire, como:
- La democratización del espacio público: Cuando un “hincha” une a diferentes estratos sociales, la Copa del Mundo puede generar una ocasión para el diálogo intercultural y provocador.
- La conciencia crítica se transforma en la auténtica «pedagogía crítica» (como la de Paulo Freire) que se utiliza en todo el mundo como punto de partida para el análisis , porque examina críticamente las dinámicas globales, las desigualdades y los problemas geopolíticos que inevitablemente se entrelazan con el deporte.
La Copa del Mundo, entonces, representa uno de los instrumentos más poderosos del poder blando, que veremos luego, y la geopolítica global. En el ámbito internacional, los torneos entre naciones actúan como una «diplomacia paralela» y ofrecen una plataforma para promover la integración social de las minorías, aunque a menudo corren el riesgo de poner de relieve profundas desigualdades y tensiones. Encontramos entonces aquí el tablero geopolítico y el “poder blando” (la capacidad de un país para influir en las decisiones y comportamientos de otras naciones mediante la atracción y persuasión), junto con la propaganda e imagen en la cual los países anfitriones invierten un capital significativo en la marca de la competición para legitimarse en el escenario global, atraer inversiones y promover su identidad cívica. Las relaciones diplomáticas entre los líderes y organismos internacionales del fútbol suelen actuar como mediadores globales, utilizando la Copa Mundial para mejorar las relaciones entre naciones históricamente rivales.
Y para ir finalizando llegamos ahora a la inclusión social y patrimonio cultural a través de:
- Identidad e inclusión: Las selecciones nacionales multiétnicas que participan en los torneos reflejan los flujos migratorios y los procesos de globalización. Para muchas naciones, el deporte es una importante herramienta para la reivindicación e integración social de las minorías y las comunidades indígenas.
- Contradicciones y protestas: Si bien la Copa Mundial une a los aficionados, también pone de relieve problemas de derechos humanos en los países anfitriones y desigualdades de clase, como la controversia sobre el precio de las entradas y la exclusión social en las ciudades sede.
No obstante toda esta evaluación pedagógica sabemos que la Copa del Mundo es el evento deportivo global por excelencia. Su lado positivo reside en su increíble capacidad para unir a las personas, creando una celebración colectiva que intenta derribar barreras culturales y lingüísticas, buscando transformar cada partido en una oportunidad para compartir y socializar. Podemos encontrarle un lado romántico donde vemos las historias de revancha, los «cuentos de hadas» de selecciones nacionales modestas y de los jóvenes talentos que emergen. Un lado práctico/logístico sobre cómo y dónde ver los partidos por televisión y, para terminar, también un lado supersticioso/estadístico sobre cómo seguir de cerca a las selecciones nacionales favoritas y las eliminatorias en curso.

