El exsecretario de Pymes y Economía del Conocimiento de la Nación, Marcos Ayerra, pasó por los estudios de 617 Multiplataforma en Mendoza para presentar su nuevo libro, Parásitos de la Argentina (Editorial Planeta).
En una extensa e intensa conversación durante el programa Café 617, conducido por Luis Ábrego y Gabriel Conte, el exfuncionario y autor analizó el complejo escenario que enfrentan las empresas y emprendedores en el país, destacando que el gran desafío económico de la era actual radica en «liberar la energía productiva» a través de una agenda urgente de competitividad.
Ayerra sostuvo que, tras décadas dominadas por la inflación descontrolada y el aislamiento protector, la Argentina atraviesa un cambio de paradigma donde los intereses del sector privado y de los consumidores finalmente coinciden: «El empresario necesita competitividad para subsistir y crecer, mientras que el consumidor la necesita para acceder a mejores precios. Hay una alineación increíble», afirmó.
El «ecosistema parasitario» que frena al país
La tesis central de su obra radica en la existencia de una trama institucional, normativa y corporativa que actúa como un organismo parasitario, extrayendo recursos de quienes producen, invierten y trabajan en la formalidad.
Durante la entrevista, Ayerra enumeró de manera detallada los siete parásitos que atenazan la creación de empresas y empleo en la Argentina:
- La industria del juicio: Un engranaje litigioso que destruye especialmente a pequeñas Pymes y emprendedores.
- Los excesos gremiales: Costos desmedidos, trabas operativas y dinámicas de bloqueo que sofocan la actividad diaria.
- El laberinto impositivo: Una maraña de impuestos, tasas y contribuciones (nacionales, provinciales y municipales) que desincentivan la constitución de nuevas empresas.
- Las regulaciones asfixiantes: Trabas burocráticas superpuestas en los tres niveles del Estado que frenan la iniciativa privada.
- Las prebendas y privilegios: Derechos legales y regímenes de excepción (como el esquema de Tierra del Fuego o aranceles profesionales) que benefician a ciertos sectores a costa del resto de la sociedad.
- La informalidad estructural: Un fenómeno que genera competencia desleal, desfinancia la seguridad social y profundiza la desigualdad.
- La corrupción en el ecosistema: La degradación del vínculo ético e institucional entre los ciudadanos, el tejido empresarial y el Estado.
En relación con el primer punto, Ayerra dedicó un párrafo especial al escenario local: destacó a Mendoza como un caso ejemplar por la implementación de su Oficina de Conciliación Laboral (OCL), herramienta que logró reducir drásticamente los índices de litigiosidad en la provincia en comparación con otros distritos del país.
El costo social de la informalidad y el nuevo rol empresarial
Para el autor, la informalidad y la corrupción no son fallas aisladas, sino síntomas de un sistema diseñado para la supervivencia al margen de la ley. Sin embargo, advirtió que la informalidad distorsiona la economía real y perjudica tanto a la salud pública como al sistema previsional.
Frente a esta coyuntura, Ayerra hizo un llamamiento directo a las cámaras empresarias: «Durante años de inflación, muchas organizaciones mantuvieron una actitud cautelosa porque las empresas solo pensaban en sobrevivir. Ahora la exigencia es otra: las cámaras deben liderar la denuncia contra las tasas abusivas y reclamar activamente condiciones reales para producir».
Crear oportunidades para las nuevas generaciones
Con un tono personal, el exsecretario vinculó la apertura económica con el futuro de los jóvenes y la retención del talento frente al avance de la inteligencia artificial. Planteó la necesidad de multiplicar exponencialmente la cantidad de Pymes en las provincias para ofrecer horizontes de desarrollo federal.
«El verdadero desafío es usar bien la libertad; es el momento de sanar», concluyó Ayerra en los micrófonos de Café 617, remarcando que el objetivo no es solo combatir puntualmente a cada parásito, sino construir un entorno macro, normativo y cultural que sea profundamente hostil para las prácticas prebendarias y permisivo para la inversión productiva.
