COLUMNISTAS INVITADOS. El analista y educador José Jorge Chade desentraña los mecanismos sociológicos que transforman los estadios en catalizadores de la frustración social, al tiempo que propone herramientas pedagógicas claves desde la alfabetización mediática y el pensamiento crítico para romper el círculo de la ignorancia.
El fenómeno de las masas en los espectáculos deportivos suele desnudar las tensiones y deudas culturales más profundas de nuestra sociedad. En su más reciente columna para Contenidos, el profesor José Jorge Chade analiza de qué manera los estadios de fútbol, lejos de operar únicamente como espacios de esparcimiento saludable, se convierten con frecuencia en refugios donde se legitiman la intolerancia, el tribalismo y la hostilidad colectiva. A través de una mirada interdisciplinaria que entrelaza la psicología social, la sociología y la pedagogía, el autor desglosa los factores emocionales e identitarios que diluyen la responsabilidad individual en favor de comportamientos irracionales en las tribunas.
Sin embargo, el diagnóstico no se detiene en la mera descripción del entorno deportivo. Chade traza un puente directo hacia la raíz estructural del problema —el analfabetismo funcional y la crisis del pensamiento crítico potenciada por las redes sociales— para plantear propuestas formativas concretas orientadas tanto a la educación básica como al aprendizaje permanente. Su reflexión nos invita a repensar las estrategias pedagógicas actuales como herramientas indispensables para cultivar la humildad intelectual, la empatía y la lógica secuencial frente a los sesgos cognitivos que alimentan la polarización moderna.
La columna completa de José Jorge Chade
La incultura y la frustración que se refuerzan durante el mundial de fútbol
Todos hemos podido observar en estos días del mundial, canciones y/o dichos inapropiados, agresivos y discriminatorios entre los hinchas de las distintas escuadras de fútbol que participan. La falta de cultura y la ignorancia social son fenómenos interconectados que reflejan el fracaso de los sistemas educativos, la crisis del pensamiento crítico y el impacto de las redes sociales. El hábito de comentar impulsivamente sin verificar las fuentes ni buscar confirmación de las propias ideas alimenta la polarización y el aislamiento intelectual.
En los partidos de fútbol, la intolerancia social y la frustración se intensifican cuando el estadio se convierte en un refugio seguro para que los simpatizantes compartan sus tensiones cotidianas. Esta vía de escape suele verse amplificada por la cultura del equipo contrario, las expectativas defraudadas y la percepción de injusticia en el terreno de juego.
El fenómeno se manifiesta en múltiples niveles:
- Desahogo emocional: En la vida cotidiana, las normas culturales rigen el control de las emociones. Sin embargo, en los estadios, la ira, la decepción y la agresividad se legitiman socialmente, permitiendo a los hinchas liberar las frustraciones acumuladas en su vida personal y profesional.
- Pertenencia e identidad: El apoyo de los aficionados crea una fuerte identidad de grupo, como lo confirman estudios sobre las respuestas cerebrales de los hinchas. La humillación deportiva se experimenta como un ataque directo al estatus personal, lo que desencadena reacciones de represalia.
- Ultras y dinámica social: Históricamente y en la actualidad, el conflicto se desplaza de las ideologías políticas a la oposición contra instituciones o grupos de hinchas rivales.

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La aparición de estos comportamientos incívicos durante los partidos de fútbol es un fenómeno complejo estudiado por la pedagogía, la sociología y la psicología social. El evento deportivo actúa como catalizador, amplificando las reacciones individuales y colectivas mediante dinámicas específicas tales como:
- Desindividualización y psicología de masas: Dentro de un estadio o un grupo numeroso, el individuo experimenta anonimato. La responsabilidad personal se diluye en la multitud, lo que a menudo conduce a una regresión hacia comportamientos instintivos, agresivos o irracionales que el individuo jamás adoptaría individualmente.
- Identidad social y tribalismo: Los aficionados crean una fuerte identidad de grupo. Según la psicopedagogía, pertenecer a un equipo activa la lógica del «nosotros contra ellos» (grupo interno contra grupo externo). Este mecanismo lleva a favorecer al propio grupo y a devaluar, a veces con odio o racismo, al oponente percibido como una amenaza.
- Escapismo: El estadio ofrece un escenario donde quienes se sienten socialmente invisibles o frustrados pueden adquirir una identidad grupal, a menudo llevada al extremo para sentirse parte de algo.
- Falta de educación deportiva: La falta de cultura transforma a los oponentes en «enemigos» que deben ser demonizados en lugar de competidores, eliminando el respeto por las reglas y el juego limpio.
- Legitimidad social del exceso: En el contexto del fútbol, ciertas expresiones de ignorancia (como cánticos ofensivos, insultos a árbitros o jugadores y vandalismo) suelen ser toleradas o normalizadas por la subcultura de masas. Esto crea un entorno en el que los instintos más bajos, como el sexismo o la xenofobia, encuentran una salida que se considera erróneamente «aceptable» porque son compartidos por otros.
Estas manifestaciones no son intrínsecas al deporte en sí, que de hecho tiene profundas implicaciones culturales y pedagógicas, sino que surgen cuando el fútbol se utiliza como medio para desahogar frustraciones sociales, un sentimiento de venganza o afiliaciones excluyentes. El fútbol actúa como un amplificador social, donde la frustración, la marginación y la falta de educación pueden conducir a comportamientos extremos. En los estadios, la tensión del partido se combina con la necesidad de identidad, transformando a menudo los vítores en un estallido violento o racista cuando faltan medidas correctivas culturales.
Sin embargo, y no obstante todo esto, el mundo del fútbol invierte dinero y energías constantemente para mitigar estos problemas. También se estudia la gestión de la tensión durante los partidos para evitar que la pasión se vuelva tóxica ; muchas federaciones realizan entrenamiento para lo inesperado, acerca de la importancia de enseñar a las personas a gestionar la frustración y lo inesperado.
Aquí llegamos a pensar entonces, qué hacer para combatir el analfabetismo funcional, y cuándo empezar; según mi opinión, desde pequeños a nivel familiar y desde la escuela primaria si nos referimos a la educación básica. Es necesario fortalecer el pensamiento crítico, el hábito de leer textos complejos y la alfabetización mediática. Las herramientas educativas más eficaces incluyen lecciones de resolución de problemas, plataformas digitales de aprendizaje electrónico para el aprendizaje permanente y la introducción temprana de la práctica filosófica para fomentar la lógica secuencial.
Algunas de las principales estrategias y enfoques podrían ser:
- Síntesis y reelaboración crítica: Ir más allá del uso exclusivo de resúmenes breves o reelaboraciones automáticas, acostumbrando a los estudiantes (y adultos) al análisis de textos completos.
- Práctica filosófica: Introducir la filosofía como un «gimnasio del pensamiento» desde la educación primaria, para desarrollar un movimiento lógico-secuencial que ayude a evaluar la información y a ir más allá de las apariencias.
- Educación mediática y verificación de datos: Enseñar a los estudiantes a reconocer fuentes fiables, distinguir hechos de opiniones y desenmascarar bulos en línea, por ejemplo, mediante pruebas críticas específicas y ejercicios de análisis publicitario.
- Plataformas y herramientas de aprendizaje electrónico: Utilizar la educación digital que, mediante la gamificación y las simulaciones interactivas, permita a los estudiantes adquirir y comprender situaciones prácticas del mundo real (por ejemplo, redactar un currículum o interpretar un contrato).
Existen recursos útiles para comprender y aplicar estas metodologías en diversos estudios especializados. Se pueden consultar los módulos digitales que ofrecen instituciones de investigación y consejos didácticos en revistas especializadas.
Pensando, desarrollando y aplicando lo que hemos leído en este artículo nos permitiría poder “cerrar el círculo de la ignorancia”, que es una expresión que alude a la paradoja de que, cuanto más aumenta nuestro conocimiento, más nos damos cuenta de la inmensidad de lo que desconocemos. Reconocer esta vastedad es el primer paso para superar la presunción y abrazar la verdadera humildad intelectual.
Termino recordando el efecto Dunning-Kruger, que es el opuesto virtuoso de cerrar el círculo. Se refiere a la distorsión cognitiva por la cual las personas incompetentes tienden a sobreestimar sus propias capacidades, mientras que quienes poseen más conocimientos dudan más de ellos.
BONUS: La participación de José Jorge Chade en «¡¿Qué fútbol tenemos?!»
