COLUMNISTAS INVITADOS. Escribe José Jorge Chade. Con datos internacionales de la OCDE y ejemplos concretos, el autor examina por qué la docencia sigue siendo una profesión mayoritariamente femenina, qué factores explican la baja participación masculina y por qué advierte sobre la necesidad de avanzar hacia un mayor equilibrio en las aulas.
En las aulas de nivel inicial y primario se repite una escena que, aunque naturalizada, abre interrogantes de fondo: la abrumadora mayoría de quienes enseñan son mujeres.
El docente José Jorge Chade analiza esta brecha de género en la profesión docente y plantea un debate incómodo pero necesario sobre el rol de los hombres en la educación, los condicionantes culturales y el impacto pedagógico de un sistema altamente feminizado.
El artículo completo de José Jorge Chade
Docencia preescolar y primaria: ¿por qué observamos una mayor presencia de maestras y pocos maestros?
La Pedagogía en este aspecto trabaja sobre la búsqueda empírica y las mejores prácticas destinadas a investigar algunas áreas críticas: el vínculo entre la masculinidad y el cuidado de la primera infancia, las nuevas paternidades y la violencia de género.
En este artículo me limito a hacer un análisis de la brecha existente en el sistema escolar, donde las maestras superan en número a los maestros, que representan una pequeña minoría, sigue sin resolverse. Cabe preguntarse: ¿Dónde está la igualdad de género en las escuelas? ¿Por qué hay una presencia excesiva de mujeres en las escuelas? ¿Es la profesión docente inadecuada para los hombres debido a los bajos salarios? Por razones pedagógicas, es necesaria una mayor presencia de hombres en el sector educativo y promover esa tan anhelada igualdad de género; de lo contrario, solo habrá desequilibrio. La presencia de hombres en el aula promueve un equilibrio más justo entre la enseñanza y el aprendizaje, mientras que la figura del hombre es percibida por el estudiante con mayor autoridad. El papel de la mujer en las escuelas es fundamental, pero es necesario fomentar un cierto equilibrio dentro de las aulas. Las mujeres, con su personalidad maternal, desempeñan un papel protector hacia los estudiantes y casi parecen vivir dentro de los muros de la escuela, en un ambiente maternal y protector. Esta cuestión fue planteada hace unos años por la antropóloga Ida Magli, quien alertó sobre la excesiva feminización del sistema escolar, con un alto porcentaje promedio de mujeres en las aulas. Esta cifra es extremadamente alta en preescolar, donde más del 90% del personal son mujeres, y se mantiene en la primaria, donde el porcentaje de mujeres es siempre superior por mucho. Desde la infancia hasta la primera niñez, los niños permanecen en guarderías y jardines de infancia la mayor parte del día, donde el personal que los atiende es casi exclusivamente femenino.
¿Cuál podría ser la posición masculina? «Esto es inaceptable para un hombre, además de impensable, especialmente si se trata de la primera infancia.»
Hemos presenciado desde hace tiempo una batalla política y cultural que ha propiciado la igualdad de género entre hombres y mujeres, quienes gozan de los mismos derechos en la sociedad. ¿Dónde se reflejan estos derechos ante la ley en el ámbito educativo? Prácticamente no existen debido a la predominancia femenina en los primeros ciclos educativos. El objetivo no es discriminar, sino definir claramente el rol igualitario del profesorado de ambos sexos, ya que los niños, adolescentes y jóvenes deben aprender tanto de mujeres como de hombres, dado que ambos géneros poseen ideas, sentimientos, sensaciones, emociones y conocimientos diferentes. ¿Sería esto justo desde una perspectiva pedagógica? ¿Qué opinas?
La OCDE publicó recientemente un interesante estudio sobre los desequilibrios de género en la profesión docente que abarca prácticamente todos los países miembros, excepto Japón.
La feminización de la docencia ha seguido creciendo durante la última década, alcanzando un promedio muy alto en las escuelas de los países estudiados. La presencia femenina oscila entre el 97 % en preescolar y el 43 % en universidades. Solo en la superpotencia asiática se invierten las cifras, un fenómeno que la OCDE explica por el menor acceso de las mujeres al mercado laboral y el estatus social otorgado a los docentes en una cultura rígidamente organizada.
Pongo, a modo de ejemplo, los datos de este fenómeno que es muy pronunciado en Italia. Los datos proporcionados por el Ministerio de Educación, Universidades e Investigación (MIUR) muestran un porcentaje de hombres en los centros preescolares públicos inferior al 1 % (612 docentes varones de un total de casi 90 000). El porcentaje aumenta al 3,6 % en primaria, al 22 % en secundaria y alcanza una proporción de 1 a 3 (34 %) en bachillerato.
Las recientes contrataciones de docentes con plaza fija en Italia muestran una ligera inversión de la tendencia, con porcentajes crecientes entre los docentes más jóvenes: en bachillerato, los últimos datos sobre la presencia de docentes varones se sitúan cerca del 39 %.
Según la OCDE (1), los persistentes desequilibrios de género en la profesión docente plantean una serie de preocupaciones que merecen ser investigadas. El Reino Unido, por ejemplo, está implementando políticas destinadas a fomentar la contratación de maestros varones. De hecho, surge la pregunta de si la magnitud de este fenómeno —que, como se mencionó, no es exclusivo de ninguna nación en particular, sino que está muy extendida en muchos países podría tener algún impacto tanto en la formación como en las perspectivas profesionales. Además, dada la preponderancia de la presencia femenina, existe una Subrepresentación injustificada en puestos directivos: en la mayoría de los países, los directores de escuela suelen ser exprofesores, pero, en promedio, solo el 45 % son mujeres.
Una de las causas que la OCDE atribuye al continuo aumento del número de mujeres en la docencia es la brecha salarial que enfrentan los docentes, tanto hombres como mujeres, en comparación con el sector privado. De hecho, según el nivel educativo que impartan, los hombres ganan entre un 30 % y un 20 % menos que los hombres con las mismas cualificaciones que trabajan en otros sectores. Las mujeres, en cambio, ganan alrededor de un 10 % menos que otras trabajadoras desde la educación infantil, y este porcentaje disminuye aún más a medida que aumenta el nivel educativo. Por lo tanto, resulta evidente que, en general, a diferencia de las mujeres, los hombres se sienten menos atraídos económicamente por la docencia (al menos en aquellos países donde existe una verdadera elección entre trabajar en el sector público o privado).
La mayor presencia de mujeres en la docencia se debe principalmente a factores culturales y estructurales: históricamente, la docencia se ha percibido como una profesión de cuidado, y sus horarios flexibles facilitan la conciliación de la vida laboral y familiar, responsabilidad que a menudo recae todavía en las mujeres. Además, las graduadas en humanidades, predominantemente mujeres, constituyen la principal fuente de contratación.
Algunas de las principales razones por las que la educación es un sector predominantemente femenino son:
Estereotipos de género y roles de cuidado: La docencia, especialmente en primaria y preescolar, se asocia culturalmente con un rol femenino, y se percibe que las mujeres tienen mayor inclinación a cuidar de los niños.
Conciliación laboral y familiar: Los horarios de trabajo, a menudo considerados más flexibles o compatibles con la vida familiar (mañana/tarde), hacen que la profesión resulte atractiva para las madres trabajadoras.
Educación universitaria: Existe un mayor porcentaje de mujeres en las facultades de humanidades y pedagogía, que constituyen la base de la contratación docente.
Salarios y estabilidad: La relativa estabilidad de los empleos en el sector público atrae personal, mientras que los salarios, considerados relativamente bajos en comparación con otros sectores, tienden a desalentar la participación masculina.
Percepción social: El rol del docente ha sufrido una devaluación social, con salarios bajos que no resultan atractivos para los hombres.
Continuando con el ejemplo italiano (que conozco bien) En Italia, según datos, más de ocho de cada diez docentes son mujeres, y la presencia femenina (99%) en la educación infantil se ha convertido prácticamente en un monopolio.
Si no hay maestros hombres en la escuela, tanto niñas como niños aprenderán de forma muy tangible que esta no es una profesión adecuada para los varones. Esto tiene un gran impacto en la imaginación de los niños.
La profesión de educador y maestro les resulta completamente ajena, ya que nunca han visto a un hombre ejerciendo esa profesión. Si no veo a uno, no se me ocurre que yo podría serlo; no creo que sea una profesión adecuada para mí.
No obstante la situación en los últimos diez años, hemos presenciado un cambio progresivo y constante, con una disminución de las profesiones educativas entre los hombres. Sin embargo, en el seno de las familias, ha ocurrido lo contrario: cada vez más padres cuidan de sus hijos e hijas desde los primeros meses y días de vida. Si bien cabe hacer algunas aclaraciones: los llamados «nuevos padres» se involucran más con sus hijos, especialmente en juegos y actividades lúdicas, pero participan menos en actividades menos estimulantes, como el cuidado de su higiene o llevarlos al colegio. El cambio siempre trae consigo contradicciones y vínculos con el pasado.
- (La OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) es una organización internacional con sede en París que agrupa a 38 países industrializados para promover políticas que mejoren el bienestar económico y social. Su principal objetivo es estimular el crecimiento, el empleo y el comercio mundial, sirviendo como foro para el debate y el análisis.)
