Leer libros salva vidas. Es mi caso personal. Por eso, en mi familia no somos acumuladores de ejemplares, sino lectores. Tampoco «furtivos», sino por placer, a elección. Es tan útil y bueno como saber nadar. Les muestro la intimidad de mi bibliotecología/casa, en el Día del Libro.
En mi casa hay libros por todas partes. Es una bibliote/casa. No fue pensado. Se fue dando. Una, porque la biblioteca principal tiene ya dos hileras de libros y no caben más y entonces uno fue acumulando en la mesita de luz, debajo de las mesas ratonas, del televisor, en el baño (en donde siempre ha habido tiempo para echar una leidita), en todos los dormitorios, en el quincho.
Durante mi infancia éramos pobres, pero en la casa había libros y se leían, no eran de adorno. Mi mamá leía bests sellers y era socia (esporádicamente, cuando había con qué pagar) del Círculo de Lectores. A mi papá se le daba más la ciencia ficción y más, el esoterismo y lo misterioso, además de los cómics que estaban radicados en el revistero sel baño. Lobsang Rampa fue tema se discusión en reuniones familiares.
En lo de mis abuelos llegaba La Vanguardia, diario socialista y Selecciones, vocera del capitalismo. Don López, marido de Doña Blanca y vecinos de mi abuela, La Nona, compraba Los Andes todos los días y tipo 11 lo pasaba para que lo leyéramos y al devolverlo, lo hací circular por la cuadra.
Eramos pobres, pero leíamos mucho.
Yo mismo con ahorros de la merienda empecé a comprar libros apenas pude moverme solo fuera de mi casa en El Bermejo: iba a la secundaria al Nogués, en el barrio cívico y me pasaba por la calle San Juan y Garibaldi a ver para qué libro usado me alcanzaba. Compré y leí decenas, de todo tipo, principalmente cuentos, novelas y ensayos, como una colección de historia que aun anda por ahí.
¿Por qué reflexiono al respecto? Porque valoro que la lectura en mi familia nos tendió un puente para salir del pozo y eso también es educación, de la casa, no formal, pero formación al fin. Hoy le doy un valor fundamental y animo a que muchos otros lo intenten.
Hay que leer libros, comprados, prestados o, inclusive, ¡robados! Eso permite vivir varias vidas a la vez, aprender, hablar mejor, relacionarnos y muchas cosas más.
Ahora que me doy cuenta del despelote de libros que tengo y que hé disfrutado muchísimo, pienso en que hay que conseguir donde ponerlos, pero también me pareció simpático compartirlo.
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