domingo, abril 5, 2026

¿Quién se hace cargo del patrimonio histórico y cultural?

COLUMNISTAS INVITADOS. Escribe José Jorge Chade. El estado del Mausoleo de Merceditas en la Basílica de San Francisco reabre un debate necesario: cómo Mendoza cuida —o descuida— su patrimonio histórico y qué responsabilidad tienen la comunidad y el Estado en preservar la memoria colectiva.

En una ciudad atravesada por la historia y los símbolos de la independencia, hay silencios que interpelan más que cualquier discurso. El Mausoleo de Merceditas —hija del General San Martín—, ubicado en la Basílica de San Francisco, es uno de ellos.

Allí, entre la devoción de fieles y la curiosidad de turistas, el deterioro y la falta de puesta en valor revelan una deuda persistente con el patrimonio cultural mendocino.

A partir de una experiencia personal durante su recorrida de Viernes Santo, el profesor José Jorge Chade propone una reflexión que trasciende lo anecdótico: ¿qué lugar ocupa la memoria histórica en la agenda pública y en la conciencia social?

Su artículo invita a repensar el sentido de la conservación, no como un gesto pasivo, sino como una acción colectiva que vincula identidad, educación y futuro.

Leé la columna completa de José Jorge Chade


Tutela del patrimonio cultural: Mausoleo de Merceditas en Mendoza

En mi tradicional recorrida de las iglesias del Viernes Santo, me detuve en la Basílica de San Francisco y, entrando, lo primero que aparece es el Mausoleo de Merceditas y su esposo Mariano Balcarce junto a una de sus hijas. Noté como muchos de los visitantes, mendocinos y turistas miraban el estado de deterioro y de poca relevancia que posee este NUESTRO patrimonio histórico.

Recuerdo cuando estuve en Brunoy, cerca de París (Brunoy es una población y comuna francesa, ubicada en la región de Isla de Francia, departamento de Essonne, en el distrito de Évry), residencia de los Balcarce y de los Gutierrez Estrada, visité también el mausoleo de Joséfa Balcarce y Estrada, la segunda hija de Merceditas y la segunda nieta de nuestro prócer. Porqué recordé esto? Porque el patrimonio histórico de Madame Pepá, como cariñosamente llaman los franceses a Josefa no solo está custodiado materialmente sino también es considerado un patrimonio inmaterial de la República Francesa y donde una calle principal lleva su nombre. Porque Doña Pepa recibió por su accionar la Legión de Honor de ese país y por ello Francia negó el traslado de sus restos a Argentina.

Que pasa entonces con nosotros, con los responsables de darle el valor que corresponde a esto que nos pertenece? Desconozco si se ha pensado en algo o tal vez no, pero el cuidado del patrimonio histórico es esencial para preservar la identidad cultural, la memoria colectiva y los valores de un pueblo, transmitiéndolos a las generaciones futuras. Actúa como un ancla en un mundo globalizado, apoya el desarrollo económico (turismo), estimula el crecimiento intelectual y fortalece el sentido de pertenencia y la unidad social.

Proteger el patrimonio no es solo una conservación pasiva, sino una valorización activa que transforma la memoria en un recurso vivo y actual.

¿Qué significa proteger el patrimonio cultural?

La pedagogía estudia el significado del patrimonio cultural. Protegerlo significa no solo preservar los bienes tangibles e intangibles, sino también promover la concienciación sobre su importancia. Esto implica una serie de acciones, entre las que se incluyen:

• Restauración y conservación que abarca todas las intervenciones destinadas a mantener o restaurar un bien cultural a su estado original, o a prevenir daños mayores;

• Educación y sensibilización donde surge que es fundamental implementar programas educativos que informen al público sobre la importancia del patrimonio cultural y cómo preservarlo;

• Un diseño responsable donde arquitectos y urbanistas deben tener en cuenta la importancia de los sitios históricos durante el desarrollo urbano, integrando la conservación con la modernización.

Un enfoque proactivo para la conservación del patrimonio cultural

Con el tiempo, el concepto de conservación del patrimonio cultural ha evolucionado, dando lugar a una visión proactiva de esta actividad. Este enfoque va más allá de simplemente intervenir en el patrimonio cultural cuando ya está en riesgo, sino que también anticipa problemas y trabaja para prevenirlos. Por lo tanto, la conservación proactiva implica integrar prácticas de seguimiento. El mantenimiento preventivo y la planificación a largo plazo garantizan la preservación sostenible del patrimonio cultural.

Debemos tener en cuenta también que enseñar la importancia del patrimonio cultural no se limita a narrar la historia de un monumento, las técnicas pictóricas de una pintura o la arquitectura de un edificio. Significa integrar un programa de educación sobre patrimonio cultural y acercar a los estudiantes a la riqueza de su entorno local, proponiendo acciones directas en el contexto local.

Acompañar a las comunidades a través de la historia, por las calles que recorren o las plazas donde se reúnen, es una forma de estimular su curiosidad para profundizar y aprender sobre los lugares donde viven. 

Existen muchas maneras de acercar a la comunidad y a nuestros turistas a nuestro patrimonio histórico y artístico. Enseñarles sobre la belleza, puede inspirarlos a participar más activamente y a apreciar no solo las singularidades de nuestro país, sino también las de todo el mundo.

Comencemos con tres palabras: dignidad, belleza y cuidado. Pero no las consideremos en forma aislada: las ubicamos dentro de un Círculo Virtuoso, una estructura circular que resalta la estrecha relación que las une, su interacción mutua y el camino potencial para iniciar un proceso de protección y educación sobre el patrimonio cultural. El historiador de arte Tomaso Montanari escribe: «Educar sobre el patrimonio cultural significa posibilitar una liberación: reabrir los ojos, revitalizar nuestros cuerpos, activar nuestras mentes. Recuperar una belleza de la que hemos perdido las llaves, reencontrar una felicidad olvidada». Y nuevamente, oponiéndose enérgicamente a la mercantilización del patrimonio cultural, para Montanari, abrir los ojos significa: «ser ciudadanos y no clientes; visitantes y no consumidores; educadores de nosotros mismos y no recipientes para ser llenados».

A nuestra manera, comunidad y gobierno, intentemos brindar algunas respuestas. Idealmente, respuestas significativas que aborden las motivaciones personales que deberían impulsar a todo aquel que vuelve a presentarse al examen.

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