Con delicadeza y profesionalismo, sin tabúes, Alejandrina Roman de Giro rompió límites autoimpuestos por la pacatería mendocina, en beneficio de la salud. Murió el pasado 19 de abril.
La vimos por la tele, capacitando a docentes o médicos, en las universidades levantando velos oscuros que impedían conocer la sexualidad en forma íntegra y cabal y, por lo tanto, ejercerla libre pero responsablemente y, fundamentalmente, con salud. Hablamos de Alejandrina Roman de Giro, pionera de la difusión de la sexología, una verdadera divulgadora científica. ¿»La Rampolla mendocina»?, se me ocurrió que podía titularse este homenaje, pero no fue necesario recurrir a otros nombres propios cuando el suyo ya tiene la potencia suficiente para que la reconozcan, con la sola mención, no solo los «expertos», sino la gente que la vio, siguió, escucho y tomó sus consejos.
Los periodistas la llamábamos cada vez que necesitábamos su punto de vista, y siempre estuvo lista para atender a esas demandas. Sin embargo, su partida ha ocurrido en puntas de pie, con mucho silencio y es por ello que hace falta hacer ruido para agradecerle y recordarla, aunque, centralmente, el objetivo es que su memoria genere una línea sucesoria, un legado en muchas otras personas.
Alejandrina Román no solo era sexóloga sino también psicóloga, fue fundadora de CEPAS Mendoza y delegada de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana.
Algunos de sus últimos análisis abren puertas para debates inconclusos o reprimidos. Y es por ello que rescatamos algunas de sus frases:
- “El abuso sexual infantil es un tema tabú en nuestra sociedad. Ponerle palabras es una forma reparadora de concientizar a la comunidad, a las personas, de que es necesario proteger a la infancia. Tenemos que cambiar la mirada de lo asistencial y tratar de brindar conductas protectoras en educación primaria”-
- “Nuestra sociedad está cada vez más erotizada y más violenta por los medios de comunicación que no incluyen solo a la televisión, sino también a las redes sociales. La propaganda de alto impacto busca sobre todo este medio para llegar a sus objetivos».
- “Desgraciadamente los niños millennials nacen con la tecnología –son nativos digitales- y tienen acceso a este tipo de información que ‘adultiza’ al infante, lo está erotizando muy precozmente desde la música, la imagen o la ropa. Lisa y llanamente, esto hace que le robe la infancia y vulnere sus derechos. En un sociedad violenta y erotizada, las víctimas más fáciles del abuso son los infantes”.
- “Los hombres están muy preocupados por el placer de sus parejas y, por suerte, han comprendido que ser ‘machos’ no siempre significa ser hombres y que hablar de lo que les pasa y mostrarse sensibles no afecta su masculinidad. De este modo, las consultas más frecuentes de los hombres se refieren a cómo hacer que sus parejas extremen el placer a nivel sexual. Vienen preocupados y preguntan por técnicas para relajar a la mujer y saber qué les gusta, cómo hacerlo, pero desde un punto de vista de los cuidados. Están entendiendo que el sexo es un juego donde los dos deben ganar; si la mujer disfruta, el placer del hombre es mayor”.
- “Las mujeres no están viendo este profundo cambio, y por ello quizás pierden mucho margen a la hora de disfrutar. La mujer tiene que entender que tiene derecho a la sexualidad, a pedir, a manejar la situación y a ser tenida en cuenta a la hora de concretar una relación”.
- “Es primordial que las parejas comprendan que no hay buen sexo sin respeto y que exploren lo que nosotros llamamos el mapa del amor del otro, es decir, sus gustos, sus orientaciones, que se animen a liberarse y confiar el uno en el otro, confesándose y llevando a cabo fantasías compartidas, por ejemplo, yo siempre les aconsejo a las parejas grandes que se animen a salir de la cama y probar otros lugares, saliendo de la rutina y aportándole adrenalina a la aventura del amor y el sexo”.
En definitiva, se ha ido una mendocina que dejó su huella y que con su fuerza multiplicadora consiguió, sin dudas, dar una vuelta de página en las costumbres provincianas para que así podamos vivir mejor.
