lunes, abril 27, 2026

#LaPicada/ Momento inmejorable para los chantas de siempre

Perlitas políticas del país. Un momento difícil pero que pocos quieren cambiar: solo se imponen los que intentan manejarlo todo, aunque nadie garantiza que lo vayan a hacer mejor.

Los que nunca quisieron que nada cambie (las anclas del status quo) ahora quien que todo cambie rápidamente. ¿Sospechoso, no?

Sucede que hay una combinación de hechos que apuran a los que nunca se apuraron y que condiciona a los que siempre buscaron que la Argentina buscara caminos diferentes a los que venía recorriendo, siempre en el barro, siempre estancada en las mismas esquinas con los mismos ganadores y tratando de los que los perdedores siempre fueran más y ademas, manipulables.

En síntesis, el Experimento Milei, llamémoslo así, se pasó de condimentos y es el gobierno el que se suele meter en los bretes, sin que nadie lo empuje. En la exageración de sus modales, en la permisividad ante inexpertos del poder que se avivan y quieren manotear todo lo que nunca antes tuvieron, radica la debilidad de un proceso que nunca terminó de divulgarse correctamente para consolidar alianzas fuertes en la sociedad.

Ahora, los de siempre, una verdadera casta de grandes empresarios a quienes la inflación y la humillación de la política les ha venido por décadas como anillo al dedo, quieren que todo termine pronto para que el futuro sea para el pasado que tanto añoran.

Los mismos empresarios que apadrinaron a unos y otros para que se fueran alternando en el poder sin que la cuestión de fondo política, económica y social fuera alterada, son los que provocaron el caos del 2001 y también los que lo sobrevivieron y siguieron manejando las riendas.

A nivel global y genérico, nada cambia en el país sin una crisis profunda y cuando no la hay, la generan. Como el cambio de reglas del juego en materia económica que impulsó Javier Milei empezaba a tirar al suelo los velos que tapaban la mentira de una economía sostenida desde la política por personajes manipulados desde grandes sponsors del poder. Empezaron a quedar desudas «empresas» que no eran tales, sino máquinas de bicicletear la plata que se imprimía a costa de la inflación para el resto de los mortales; a «emprendedores» que solo eran oportunistas, triunfadores de ocasión al servicio de alguien más; a «exportadores» e «importadores» que jugaban al Monopoly con funcionarios y le llamaban «negocios» a las coimas para poder estar en el sistema.

El momento ha hecho que poca gente se haya sumado en serio a la defensa de un nuevo modelo, en donde se blanqueen las realidades y se busque salir del pozo eterno, porque la inoperancia e inexperiencia de los protagonistas del gobierno los ha llevado a librar batallitas imaginarias de otra índole, al estilo de, a modo de ejemplo, «venganzas contra quienes les hacían bullying en la secundaria, en lugar de cambiar el sistema educativo», que era lo hacía falta para tener un nuevo comienzo.

Afuera del gobierno no hay ninguna alternativa, ni siquiera las que empiezan a construir a imagen y semejanza de Javier Milei, como el pastor/no pastor Dante Gebel.

Ninguna alternativa, repito. ¿Alguien ve alguna? ¡Que lo exprese!

Entonces se trata de una combinación de impericias, negligencia, amateurismo con ausencia de modelos alternativos, melancolía de los peores momentos alimentada por los que se quedaron fuera de las decisiones y ausencia de liderazgos reales, sólidos, con proyectos reales.

Todo esto se vio con claridad la semana anterior de las elecciones de medio término, cuando las élites empresarias empezaron a buscarle un reemplazo a Milei, como ya lo hicieron antes en la historia con tantos otros, rompiendo la democracia en nombre de la democracia que dicen defender. Y -como lo escribiera Fernando Gentile desde Madrid en un artículo esclarecedor, «Cuando las urnas despejan el cielo»– la gente en su individualidad ante las urnas ordenó al país, le otorgó una nueva mayoría al que querían echar y también le confió al mileismo la nueva oportunidad para sacudirse de sus errores e ineptitudes y recomenzar.

Como recientemente en Hungría, en que poder individual y urnas se unieron para desplazar al autócrata Viktor Orbán, auí, semanas antes, le pusieron límites a los monjes negros del poder y le dieron chances al mileísmo y sus aliados.

¿Lo supo capitalizar el gobierno?

Esa es la pregunta que todos deben responder.

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