En 100 palabras. Vuelve la tarea de contar un tema, analizarlo o simplemente, provocar, utilizando tan solo cien palabras, un ejercicio que hace más de 15 años empezó Gabriel Conte en los medios en que trabajó.
Antes de que supiéramos sobre algoritmos y sesgos de confirmación, ese aislamiento ya existía.
Fue mediante el uso obsesivo de siglas para designar programas o áreas que las personas le hablaron únicamente a su círculo cerrado. Se diferenciaron del resto, se metieron en una cómoda burbuja de tribu o crearon su pequeña élite.
El «siglismo», ese abuso de acrónimos en la conversación diaria, los ubicó por encima de quienes no tienen la menor idea de qué significan tales términos, volviéndolos raros.
¿Se creyeron superiores por hablar en clave? No cabe usar el pretérito; la práctica continúa hoy activa y sutilmente excluyente.
